Heraldo-Diario de Soria

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Sin duda, y por muchos aspectos, el gran vencedor del 15-M es Alfonso Fernández Mañueco. El hombre prudente, el político sosegado, el estratega silencioso. Es el que, desde la tranquilidad de las nueces, más ruido ha hecho no sólo en Castilla y León, sino en el ciclo electoral que estrenó la imprudente María Guardiola en Extremadura. Mañueco es un tenista de fondo de pista. Sin la espectacularidad de Djokovic. Sin el histrionismo supersónico de McEnroe. Sin el dinamismo de Federer. Pero con la eficacia y la solvencia de Lendl, otro mito del tenis. No sólo ha ganado con claridad y creciendo. Sobreponiéndose a las adversidades de dos gobiernos en coalición, compartidos con una minoría. No sólo ha frenado el auge de VOX, que venía como un vendaval de Aragón y Extremadura. No sólo ha reforzado la marca del PP y la ha recompuesto en Castilla y León. Es que, además, ha dado alivio a su partido y a un Feijóo que empezaba a estar arrinconado por los reveses de Extremadura y Aragón a manos de VOX. Mañueco ha puesto techo a VOX y ese es el mejor aliciente y la mejor baza para que Feijóo pueda plantarle cara a VOX sin complejos, al mismo tiempo que empieza a poner la lápida y su día al Sanchismo. Mañueco, el político soso, se ha destapado como el animal político que es sin necesidad de gesticular, alborotar o generar cualquier tipo de algaradas.

VOX ha caído en el error que antes cometiera el PSOE. Minusvalorarlo o incluso despreciarlo. El mismo que ha perpetrado tantas veces el PP contra Sánchez. Esta victoria sin paliativos en el momento más delicado del PP y Feijóo en este ciclo político servirá para poner las cosas en su sitio y reconocer que Mañueco conquistó un gobierno tras cosechar la primera derrota para el PP en 36 años. Lidió con la coalición forzada e imposible de sus socios de Cs, más dedicados a la traición contra él que a la gestión de su parte del ejecutivo. Se sobrepuso a los poco halagüeños pronósticos demoscópicos de la campaña de 2022 y dejó en la lona al único vencedor del PSOE en 39 años, Tudanca. Soportó la intensidad de ser el primer casero de VOX en las instituciones y en los gobiernos. Dominó con inteligencia y mesura medio mandato con un gobierno en solitario y en minoría tras la espantada táctica de los de Abascal. Se recompuso del contratiempo de la tragedia de los incendios del pasado verano. Hasta el punto que el PP ha crecido en León, zona cero del drama, y ha estado a nada de vencer al PSOE. Y finalmente le ha proporcionado a Feijóo en marzo una victoria contra VOX que el gallego necesitaba como agua de mayo.

Ese es Mañueco, más allá de los estereotipos de sus adversarios y odiadores. El tenista de fondo de pista, que en plena madurez deja claro que está en su mejor momento, alzándose con su cuarto grande (un gobierno sin victoria, una moción de censura, un adelanto electoral y unos comicios envenenados). Y así lleva, al menos, siete años, para disgusto de sus contrincantes electorales, que viven frustrados ante su implacable paralelo de derecha.

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