Heraldo-Diario de Soria
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Comienza el baile. Porque la cosa va de eso, de bailes, de reuniones de unos y otros, de otros con unos y de nadie con nadie, al menos de momento. Acabada la larga, para algunos, campaña electoral y dictado el veredicto por parte de los castellanos y leoneses en las urnas, el pasado 15 de marzo, llega el turno de verse aquellos a quienes los votos acaban de elegirles para sentarse en ese mausoleo de la avenida Salamanca de Valladolid llamado Cortes de Castilla y León.

Y ahí, precisamente, en el mausoleo es donde les convoca el ganador de las elecciones, Alfonso Fernández Mañueco, a unos y a otros. Y no por orden de preferencia porque, si de preferencia se tratara, al candidato del PP lo que le gustaría es no tener que bailar con nadie. Vamos, lo que viene siendo gobernar en solitario, como hace desde que VOX decidiera dar la espantada y abandonar el Gobierno de Castilla y León, por la supuesta llegada masiva, casi una invasión, según los de la derecha extrema, de menores migrantes no acompañados a la Comunidad.

Y así pasaban estos dos últimos días, con paseos por los pasillos del mausoleo de los equipos de unos y otros de camino hacia esa sala de reuniones, con el único objetivo de salir bien en las fotos, nada más.

Y es que no se engañen, lo del miércoles entre el PP y VOX y lo de ayer de los ‘populares’ con Soria Ya, Por Ávila, UPL y el PSOE del de las tierras altas, ya saben Carlos Martínez, que maldita las ganas que tiene y la gracia que le hace dejar la Alcaldía de Soria, más que una ronda de contactos para dirimir asuntos importantes y de trascendencia para la Comunidad, no pasa de ser una rondalla, donde cada uno va a tocar su música, por más que sus acordes vayan a ir ninguna parte, en la mayoría de los casos.

Rondalla, con mejor o peor afinación, que a buen seguro dejarán de tocar hasta después de Semana Santa. Tampoco es plan de ponerse a trabajar cuando todo el mundo está de fiesta y de procesiones, sean religiosas o paganas, que de todo hay, y si no que se pasen por León la noche del Jueves Santo y verán cómo se venera al gran Genarín.

Y así transcurrirán los días y las semanas antes de llegar al primer desenlace, el de la constitución del nuevo Parlamento autonómico, que el PP, esta vez sí, no tiene intención alguna de dejar su Presidencia en manos de nadie que no sea de los suyos. Y no por capricho, ni por fastidiar, sino porque entiende que las urnas le dan la legitimidad para reclamar para sí el sillón más alto de ese mausoleo de la larga avenida Salamanca vallisoletana. Aquí sí, el PP tiene la música de su rondalla bien afinada, mientras el PSOE enreda ofreciendo a la UPL algo que los leonesistas no quieren ni a tiros, uno de los asientos de esa mesa de BMWs. Pero no se engañen, por muchas rondallas que suenen, la música final será la de un pacto PP-VOX. Lo que queda es afinarla para tratar de que suene bien. A eso se dedicarán las siguientes rondallas.

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