Un nuevo tiempo para recuperar la dignidad y el prestigio de las Cortes
El PP volverá a recuperar la presidencia del legislativo siete años después de que tuviera que cederla en el engranaje de los pactos, primero a Ciudadanos y luego a VOX. VOX ya ha confirmado lo que adelantó este periódico hace una semana, que en base a la palabra de Santiago Abascal no quiere poltronas. Y eso incluye los puestos en la Mesa de las Cortes, incluida la presidencia, remunerados a razón de 105.000 euros al año, más BMW oficial, por hacer poco menos que nada. Pero para disipar dudas, si es que las había, de que tras darse mus con las Cortes VOX la presidencia iba a caer en manos del PP, los de Abascal ayer también certificaron que concederán su apoyo a los ‘populares’ ante el remoto caso de que el PSOE consiguiera convencer a la UPL, además de a Soria Ya o Por Ávila para que les regalase la presidencia del parlamento ante una abstención de VOX. No le ha salido bien a Carlos Martínez lo de invocar tanto a VOX a ver si provocaba su indolencia y dejaba a la intemperie de un acuerdo con Por Ávila a Alfonso Fernández Mañueco.
El PSOE mantendrá sus dos representantes en el Mesa de Cortes, aunque el PP se garantiza la hegemonía con tres o cuatro miembros, a no ser que decida finalmente ceder una de las plazas al procurador de Por Ávila, que formará parte del Grupo Mixto, junto con la UPL y Soria Ya, a la vista de que no parece salirles a cuenta montar grupo propio con una amalgama de tres partidos de corte provincialista.
El PSOE debería ser consciente de que, pese a disponer de dos procuradores más en la cámara, saldrá bastante mermado con el nuevo reparto del órgano de gobierno del legislativo. Entre otras cosas porque se queda sin la única herramienta que tenía para, en connivencia con VOX tras la ruptura del pacto, hacer la pinza al PP y conseguir que sufriera algún escarnio parlamentario sin más consecuencias que el efímero efectismo táctico de escasos resultados prácticos.
Se abre una nueva era en el parlamento que tiene que tener por objetivo principal hacer trabajar a los parlamentarios. Hacerlos trabajar a diario, sin veraneos de dos meses y vacaciones de navidad de tres semanas, como si fueran adolescentes. Hacerlos trabajar en el conocimiento de sus territorios, a los que se deben. Hacerlos trabajar en el control y el acicate del legislativo. En definitiva, hacerlos trabajar. Pero también contribuir a restañar las heridas que ha dejado el descrédito de unas Cortes que se han convertido en un lugar más destinado a las algaradas, los egos y los lujos de sus inquilinos, que a los problemas de los soberanos.