Impulso a los bares de pueblo, un acierto de la política útil de la Junta

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No sólo de consultorios, escuelas con pocos niños y transporte a la demanda viven los habitantes de la inmensidad y diversidad que es el mundo rural de Castilla y León. Hay servicios esenciales que dan sentido y pulso a la vida cotidiana de pequeñas poblaciones, donde a falta de niños hay personas mayores, que tienen en los bares y colmados un lugar imprescindible para, entre otras cosas, la tan necesaria sociabilidad con la que combatir la soledad no deseada. Un bar en una ciudad es un lugar de recreo, de diversión, de tapeo y de esparcimiento. Un bar en un pueblecito de Castilla y León es el centro de casi toda la vida social si descontamos la iglesia. Esa es la realidad del mundo rural. Por eso, la apuesta de la Consejería de la Presidencia por reforzar las ayudas a este tipo de establecimientos no deja de ser pura política útil. La política que resuelve problemas y mejora la vida de las personas. Seguramente quien viva en una ciudad y apenas pise un pueblo no le dará trascendencia a esta acción ni importancia a que el único bar de la localidad baje la persiana. Fundamentalmente porque esa persiana nunca más vuelve a subirse en el 95% de los casos.
Los bares y colmados, o establecimientos que aúnan ambos establecimientos, como ocurría antiguamente, prestan un servicio impagable en los pueblecitos. Son el lugar de esparcimiento, pero también el centro de la vida social. Sin ellos, los pueblos, especialmente en invierno, se convertirían en territorios casi desérticos en los que la conexión y relación entre vecinos sería poco menos que inexistente. Así lo ha comprendido el titular del departamento, Luis Miguel González Gago, cuando puso en marcha estas ayudas que ahora refuerza con más dinero y con más flexibilidad.
Pero es que además los bares en los pueblos son un elemento dinamizador incluso para los visitantes o los turistas recurrentes que acuden a pasar fines de semana o temporadas veraniegas. Un pueblo con bar tiene más vitalidad. Y no deja de ser un aliciente para que, al menos en determinadas temporadas, los visitantes arrinconen por un tiempo esa lacra imparable que es la despoblación.
Los bares y colmados son servicios esenciales, casi a la altura del consultorio médico, que en la mayor parte de los casos y del tiempo ejercen más que de centro sanitario, de lugar terapéutico en el que ahogar ese mal creciente llamado soledad no deseada. Un acierto de la Junta, tomando ejemplo de lo que hicieron antes diputaciones como la de Valladolid o Palencia.