José Miguel Olano

Las flores del mal

«Londres o Berlín han apostado por la vegetación espontánea»

Flores espontáneas en algunas zonas de Soria.MONTESEGUROFOTO

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Las obras de las travesías de Soria nos han traumatizado estos dos últimos años. Mi barrio ha quedado aislado permanentemente, salir o entrar en coche, implica realizar 200 metros, una rotonda y dos semáforos, en lo que antes era un semáforo y 10 metros. Hace un año, intentando salir del barrio, una asfaltadora atacó a mi coche conmigo dentro. Mientras, yo estaba detrás de ella, donde me habían arrinconado unos amables operarios, arrambló con mi coche y conmigo a pesar de mis pitidos, me sentí un poco como Han Solo en la trituradora de la Estrella de la muerte. Hay que decir que la empresa constructora se portó mejor que Darth Vader, y me pagó sin rechistar todos los arreglos del coche.

Por si esto fuera poco, he visto como se talaban álamos, chopos y cedros espectaculares para hacer sitio al futuro. Y esto me duele especialmente, porque me gustan mucho las plantas. Entre otras cosas porque me dan de comer, soy botánico. Sirva toda esta explicación que no soy muy fan de las obras, aunque admito que no se puede hacer tortilla sin romper huevos. Y que quizá en unos años, los árboles necesitan su tiempo, el aspecto de las travesías cambie y nos hagan olvidar los que se perdió.

Sin embargo, esta primavera la naturaleza nos ha dado un regalo inesperado. En unas pocas semanas las nuevas jardineras se han llenado de flores: el rojo y negro de las amapolas, el violeta de las malvas, el amarillo de los jaramagos, el blanco y amarillo de las margaritas, incluso han aparecido azulejos, fumarias y linarias. Es difícil sustraerse a tanta belleza, cuando se camina por Eduardo Saavedra.

Pero, claro, todo depende del cristal con el que se mira. Bastantes voces han clamado contra el desaliño de la ciudad que se ha visto conquistada por las «malas hierbas». Incluso parece que hay declaraciones del Ayuntamiento indicando que se va a realizar una limpieza. Me he quedado atónito. Por lo visto, lo correcto es que tengamos un césped verde y bien cortado tan soso y aburrido como una tarde de domingo. Lo que se salga de eso es un desaliño, cuando no un peligro. Basta recordar el pánico con el estramonio de las rotondas.

El de malas hierbas es un concepto utilitarista del mundo agrícola. Se les considera malas porque compiten con los cultivos, pero no creo que nadie quiera cultivar cebada o girasol en las jardineras. En realidad, esas malas hierbas son unas plantas formidables que merecen nuestro respeto. Son pioneras, adaptadas a vivir en los lugares más inhóspitos, contribuyen a cicatrizar las heridas de la tierra. Y son capaces de viajar en el tiempo. Producen una cantidad enorme de semillas que persiste enterrada en el suelo, esperando hasta el momento adecuado para germinar, sea este la siguiente primavera, años o incluso décadas. Aguardan enterradas, para ser la primera línea de defensa de la naturaleza cuando el suelo quede desnudo. Y además hacen esa tarea tan necesaria con la sonrisa de un millar de flores.

Deberíamos tener menos complejos. Esto no hace que la ciudad parezca sucia y abandonada. Esto es lo mismo que hacen las ciudades más importantes de Europa. Londres o Berlín han apostado hace tiempo por la vegetación espontánea como un elemento más a integrar en sus espacios verdes. Las plantas anuales aportan gran diversidad a muy poco coste, sirviendo además de soporte para diferentes grupos de polinizadores. Además, reducen el uso de agua y de fitosanitarios. Evidentemente, deben manejarse. Cuando las plantas cierran el ciclo y producen sus semillas, hay que desbrozar y eliminar el material seco. Eso permitirá el regalo de otra nueva floración la próxima primavera. La correcta gestión de estos ambientes mantiene su diversidad e impide que algún grupo llegue a dominar. Es mucho más barato que la gestión normal de un césped, pero requiere un aprendizaje por parte de los servicios de jardinería del

Ayuntamiento, ya que su manejo no es el sota, caballo y rey al que están ya habituados en los céspedes urbanos.

A través del proyecto Brera, la Ciudad de Soria está invirtiendo la nada desdeñable cantidad de 4.4 millones de euros para reconectar la ciudad con el medio natural. La naturaleza, en un proceso colaborativo de los que tanto gustan al ayuntamiento, ha manifestado inequívocamente su opinión. El Ayuntamiento debería escucharla, porque su propuesta, como las cosas de la naturaleza, es buena, bonita y barata. Y por si esto no fuera suficiente, está en línea con los enfoques más modernos de la jardinería europea.

La floración primaveral en la ciudad de Soria tiene una sucesión espectacular, empieza tiñéndose de rosa pálido de las alineaciones florales de los ciruelos, y va poco a poco sumando más voces, del amarillo de las forsitias, los magnolios de la Avenida Constitución, la espectacularidad de las pirámides blancas de los castaños de Indias, y las delicadas y a veces desapercibidas flores amarillo verdosas de los tulíperos de Virginia. Creo que sumar la voz de las malas hierbas a esta sinfonía hará que la primavera en Soria sea aún más hermosa.

Entiendo que hay opiniones para todos los gustos, pero sinceramente, me resulta difícil creer que alguien pueda pensar que algo tan inocuo y lindo como una amapola pueda ser malo para la Ciudad de Soria.

José Miguel Olano es profesor de Botánica en el Campus de Soria