El PSOE, envuelto en un torbellino de escándalos, tiene que levantarse del sofá

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El PSOE vive inmerso en un tsunami de sobresaltos, escándalos bochornos. Un tsunami de esos que cuando crees que ya ha pasado lo peor del oleaje y el vendaval, todavía sin tiempo para incorporarte, llega una ola más grande que te envuelve y te arrastra hasta desorientarte completamente. Pero eso no es óbice para que en los territorios, ajenos a los torbellinos de M-30 hacia adentro, como en Castilla y León, los socialistas no traten de enmendar el rumbo con trabajo, rigor, dedicación y acierto. Nada más lejos. El jefe de la oposición ha pisado cuatro veces las Cortes, de las que cobra más de cien mil euros al año, una buena parte de ellos limpios de polvo, paja y tributos. La última, ayer. Podía habérselo ahorrado a costa de seguir en el bochorno de no aparecer por el puesto de trabajo.
Es lo que tiene vivir a salto de mata y ocurrencia aceptando todo tipo de efectismo que te ofrece lo que parece un equipo escaso de solvencia y claridad en el ejercicio de la oposición. Que después de 73 días no haya gobierno, por el mero tacticismo de VOX, que mira a Andalucía cuando tiene que definir sobre Castilla y León y la inverosímil complacencia del PP, clama al cielo. Pero el motivo de esto es que en Castilla y León, a diferencia de otras comunidades, como Extremadura, carece de calendario de investidura una vez constituidas las Cortes. Es potestad del presidente del parlamento. Y lo es así desde el principio de los tiempos autonómicos no se sabe si por acción o por desidia, a partes iguales, de PP y PSOE. Por eso, que ahora Carlos Martínez venga a rasgarse las vestiduras porque supuestamente está dolido porque la política autonómica se ha instalado en el día de la marmota es un puro ejercicio de cinismo. En los últimos 40 años no se preocuparon de enderezar el rumbo. Mismamente él, que fue procurador en su etapa anterior a la alcaldía, allá por 2003-2007 y no consta que ni él ni sus compañeros ofrecieran queja o alternativa al asunto. Especialmente él, que ha agotado y jugado con los tiempos de su sucesión en el consistorio soriano hasta el último aliento. Dicho lo cual, no es sólo acudir a diario al puesto de trabajo, que está en las Cortes, junto a la vallisoletana avenida de Salamanca, por si no se acuerda. Es acudir a hacer algo de provecho. No a presentar iniciativas estériles con las que justificar su casi nula presencia en el parlamento por el que ha sido elegido y del que cobra un jugoso salario. Cuatro veces en más de mes y medio. Una de ellas para certificar el acta y la nómina. De seguir así va a convertir a Tudanca, que sólo aparecía dos medias jornadas cuando había pleno, es un esforzado de la política. Ya es hora de levantarse del sofá tras 73 días.