TRIBUNA

Antonio Sitges-Serra

Cirujano y escritor

Paz para el pantano

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Escribo estas líneas desde una cierta ignorancia pues los planes de Iberia Eclipse Festival para organizar una macrofiesta rave en el pantano de Cuerda del Pozo en los aledaños de Vinuesa aún no se encuentran finiquitados a la espera de las autorizaciones necesarias. Según consta en la web de dicha empresa (https://iberiaeclipse.com/es), el Iberia Eclipse Festival propone montar una celebración de «cinco días de música, arte y ceremonia bajo la sombra de la Luna» que calcula congregar entre 5.000 y 10.000 participantes llegados de todos los puntos del planeta con la excusa del eclipse total de sol del 12 de agosto. Hasta donde llega mi conocimiento, ni la Junta de Castilla y León ni el Ayuntamiento de Vinuesa se han pronunciado oficialmente acerca de tamaño despropósito, pero muchos ciudadanos que nos sentimos implicados en este desafuero hemos tomado la iniciativa, a través de la recogida firmas en change.org, de denunciar el abuso y urgir a las autoridades que no permitan una acampada masiva a orillas del pantano. Desde aquí invito a los lectores a que visiten la web y firmen para mostrar su disconformidad con una iniciativa que amenaza la serenidad del paisaje, el frágil ecosistema de las orillas del pantano y las dificultades logísticas de organizar una rave descontrolada en un territorio con poca capacidad para una invasión de este género.

Iberia Festival es una empresa que opera bajo el régimen de sociedad limitada. Tras una crisis financiera en 2017 fue reflotada por un inversor que permanece en el anonimato del que deberíamos sacarlo. Su sede social se encuentra en Benidorm, algo que no extraña dada su finalidad de organizar juergas permanentes, convenientemente aderezadas por el alcohol y sustancia ilegales, hasta que los cuerpos revienten. En el caso del Iberia Eclipse Festival la macrofiesta se extenderá del 10 al 14 de agosto. Inusitadamente, la empresa organizadora tiene ya a la venta entradas para el evento cuyo precio oscila desde los 240 € para las acampadas más básicas y alejadas de los servicios y sin coche, hasta los 2.800 € para una opción «para grupos de 6 eclipse chasers que incluye una tienda de 5 m. con camas de madera, juegos de sábanas, almohadas, sillas, cojines de suelo, fundas de satén (…) y acceso a electricidad». Si acercas tu coche a tu tienda pagas 50 € extra y 20 € si lo aparcas en el parking general. Los organizadores no deben conocer de cerca los espacios de los que hablan, porque no veo donde calculan instalar un parquin para cientos de vehículos. Como se prevé una asistencia fundamentalmente de turistas extranjeros, la organización provee de un shuttle aeropuerto de Barajas-Vinuesa a 55 €.

Quiero pensar que la propuesta de Iberia Eclipse Festival solo se entiende si se da por parte de la empresa una total ignorancia acerca de la desproporción de su iniciativa en relación a las limitadas posibilidades del ecosistema donde ha decidido instalar su campamento y que, cuando recapaciten sus socios, verán que su iniciativa es irrealizable y, por supuesto, inaceptable para los vecinos de Vinuesa y su entorno. Si no es así, si los organizadores, han trazado ya las coordenadas de su desatino con pleno conocimiento de la zona, entonces lo que muestran es un absoluto desprecio por un rincón de la provincia de Soria especialmente querido por los visontinos, por todos los sorianos y por cuantos turistas han visitado este paraje que es, además, puerta de entrada para visitar la Sierra de Urbión y la Laguna Negra, parajes, ambos, que están ya llegando al límite de su capacidad de acogida. En primer lugar, por las inmundicias y desechos generados por la masa de ravers durante cuatro días, muchas de las cuales, me temo, acabarán contaminado el pantano con miles de litros de orina, heces, plásticos, condones y basura orgánica. En segundo lugar, solo hace falta echar una ojeada a la web del festival para ver de qué van los grupos de «música» y los DJs, casi todos ellos extranjeros, que tienen anunciada su participación mayormente en forma de audio. De los 18 DJs listados en la primera columna, 10 son alemanes o producidos en Alemania. Pocos de ellos actuarán directamente y la mayoría lo harán en forma de «música» pregrabada retumbando en bafles con una potencia conjunta que puede llegar hasta 50.000 watios. La música y el arte pretendidos por la organización se reducen a sonidos electrónicos y percutivos que apenas buscan nada más que la catarsis acústica (y química) de ravers nihilistas.

La sección final de la página web de inicio del festival revela su auténtica naturaleza. Se publicita el evento como «Creado por colectivos internacionales enraizados en la cultura underground y en encuentros a gran escala». Dichos colectivos son el Bachstelzen (alemán) y el Burningmountain (Suiza). Ya me dirán ustedes, lo que les preocupa a estos promotores centroeuropeos ocupar de malas maneras un trozo de la España vaciada para promocionar su negocio. Hoy la cultura underground ha dejado ya de ser una cultura contestaria e intelectualmente rica, para convertirse en un amasijo de músicos instagrameros instalados en un nuevo mainstream con proyección comercial; nada que ver con la New Left norteamericana, ni con ensayistas como Kerouac o Goodman, ni por supuesto, con la música independiente de los 60 y 70 de Dylan, Taylor o Joplin. No entiendo, quizás me falta información, que a estas alturas ni la Junta de Castilla y León ni el propio Ayuntamiento de Vinuesa (en el fondo, el gran ignorado y humillado) se hayan manifestado de forma contundente contra un evento que, a todas luces, amenaza con deteriorar uno de los espacios naturales mejor preservados de España en un momento en el que la codicia de las multinacionales y el capitalismo global han declarado la guerra al mundo rural y al ideario ecologista. Sinceramente, creo que Iberia Festival hace bien en seguir promocionando festivales tecno en Benidorm, su sede, y que mejor no irrumpa a cajas destempladas donde nada se le ha perdido y donde puede causar daños irreparables.