Donde las dan, las toman
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“—…Hemos conocido unos hechos más que graves…”; “—…creíamos que íbamos a librarnos de la corrupción una vez pasada la Perla Negra…”; “—…todavía no hemos comenzado esta legislatura y ya precisamente empiezan a atisbarse, con detenciones incluidas, de responsables, insisto, de designación directa por parte del Partido Popular …”; “—…sabíamos que la sanidad era un negocio, vamos a ver hasta qué punto es un negocio para algunos y es para otros…”; “—…la Guardia Civil ha entrado al propio hospital, se los han llevado detenidos, vamos a ver, están todavía en dependencias policiales, supongo que tomándoles declaración…”; “—…pero los hechos son de una GRAVEDAD TOTAL Y ABSOLUTA…”; “—…algo tendrá que decir la consejería de Sanidad, algo tendrá que decir el señor Fernández Mañueco, algo tendrá que decir el Partido Popular de Castilla y León en este nuevo enredo…” (Sic) ¿Les suenan todas estas frases? No son mías, se lo aseguro. Las pronunció, compungido, serio, taciturno y con cara de quien no ha roto un plato en su vida —como solo él sabe hacer—, el exalcalde de Soria, Carlos Martínez Mínguez. Y las hizo, tras las pasadas elecciones regionales de marzo, ya como secretario general de los socialistas castellanoleoneses, y como jefe, de facto, de la oposición en las Cortes de Castilla y León tras la actuación judicial llevada a cabo en el Hospital Universitario de Santa Bárbara unas horas antes. Ese día, como recordarán, hubo un operativo policial casi televisado al minuto por unas filtraciones más que cuestionables. Les prometo que no me gusta nada hablar de asuntos relacionados con presuntas corruptelas. Vengan del partido que vengan, son el cáncer de nuestra democracia y no hacen sino arrebatarle al ciudadano la confianza que en sus representantes y en sus instituciones debería de permanecer indeleble por salubridad democrática y moral. Pero miren, cuando oyes a algunos tratando de erigirse como los salvadores de la patria; como los chamanes de la lucha contra la corrupción; o como los portadores de la decencia atreviéndose con chulería y socarronería a ir dando lecciones de superioridad a los demás, no puedes dejar de soltar aquello de que, donde las dan, las toman. Desconozco el alcance que tendrá lo sucedido en el hospital de Soria, como así también, el alcance que podrá tener lo sucedido el pasado martes en el ayuntamiento de mi ciudad. Pero una cosa les digo: los agentes uniformados de la Benemérita que se presentaron en el hospital, y cuya actuación utilizó de forma teatral y con muy mala leche el exalcalde soriano en su rueda de prensa para tratar de sacar el rédito político y atacar al adversario, fueron los mismos que también entraron a su antiguo despacho el otro día. Menudo inicio de fiestas tuvo el nuevo alcalde de la ciudad. Y no se lo merecía, la verdad. Pero los sorianos, tampoco.