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Pese al título de esta colaboración quincenal no vamos a hablar del incendio del Parlamento británico, 16 de octubre de 1.834 , que en realidad era el antiguo Palacio de Westminster y que quedó destruido en parte. Por cierto, este resultó ser el mayor incendio londinense desde el acontecido en 1-666, quedando totalmente calcinada la capilla de San Esteban, lugar de reunión de los miembros del parlamento británico.

Es verdad que en esta temporada del año deberíamos estar escribiendo sobre el plan invernal y no sobre incendios, cuyos textos corresponderían por sentido común a diciembre. Pero la realidad nos lleva a comentar un acontecimiento que invade el territorio nacional, también en otros puntos de la tierra.

El pasado año, 2025, España sufrió el fuego en, prácticamente, toda la «piel de toro» y en los meses que llevamos del actual, las llamas ya están haciendo de las suyas. Véase la tragedia de los Gallardos

Los incendios forestales son, sin duda, uno de los mayores problemas y amenazas a las que años tras años se enfrentan los montes de nuestra Península Ibérica y ello conlleva además del peligro a las personas y sus bienes, unas importantes repercusiones económicas y medio ambientales de los ecosistemas.

Es evidente que todas las administraciones (locales, provinciales, autonómicas, nacionales e incluso europeas) son conscientes de esta realidad y que, para evitar los grandes incendios, dentro de lo posible, hay que establecer protocolos de actuación en tres ámbitos: prevención, emergencia y restauración. Por ello todos debemos ser conscientes de que no hay que tener miedo a programar.

La realidad nos dice, y ya no solo en los meses de verano, que tanto el cambio climático como el uso actual del suelo, circunstancias cada vez más patentes en el Mediterráneo, deben llevarnos a dispositivos permanentes e intensos.

Recordamos como en la primavera del año 1.999 en una conversación con el Presidente de la Xunta de Galicia le preguntamos: «¿cómo Galicia siendo uno de los territorios con más conatos de incendios, es uno de los que menos incendios tiene?» La respuesta fue: «Tenemos los montes perfectamente limpios, el acceso a ellos es totalmente practicable y hay un sistema de aviso que nos permite actuar con rapidez».

Debemos asumir, la Unión Europea parece tenerlo claro, que hay que convivir con el fuego. De ahí que se tengan que establecer unas normativas claras en donde se programen y se ejecuten las estrategias necesarias para una gestión forestal adecuada y sostenible en prevención y ello, lógicamente, conlleva el correspondiente proceso de elaboración política, tal y como manifestó la Dra. Carmen Hernando Lara, directora del Centro de Investigación Forestal en el 6º Congreso Forestal Español.

Un análisis científico de lo que se viene haciendo muestra como desde las diferentes administraciones, fundamentalmente desde las Comunidades Autónomas, se están financiando proyectos de investigación en materia de incendios, sin olvidar el Plan Nacional.

Pero es evidente que aún es largo el camino que queda por recorrer y tan largo como urgente es actuar y ahí, estimamos, que deben intervenir nuestros parlamentarios tanto en el Congreso de Diputados como en los Parlamentos Autonómicos.

Es hora de que estos representantes del pueblo, en las diferentes cámaras legislativas, se pongan a realizar el trabajo que demandan los ciudadanos y este es uno de ellos. Ya vale de los debates inútiles en donde se faltan el respeto, se insulta y en donde la frase más constante es: «Y tú más».

Señores parlamentarios, señores representantes del pueblo español legislen Planes de Actuación, aprueben presupuestos tanto para investigar como para actuar, dejen de usar el fuego como arma política.

Por cierto, no se olviden de modificar la normativa judicial al respecto, pues parece ser muy barato incendiar y luego aprovecharse de ello.

Finalizamos con un ánimo optimista y para ello que mejor que acudir al poeta que mejor cantó los Campos de Castilla y que expresó claramente el error y los riesgos de la desertificación en su obra «Por Tierras de España» cuando dijo:

«El hombre de estos campos que incendia los pinares

y su despojo aguarda como botín de guerra,

antaño hubo raído los negros encinares,

talado los robustos robledos de la sierra.

Hoy ve a sus pobre hijos huyendo de sus lares;

la tempestad llevarse los limos de la tierra

por los sagrados ríos hacia los anchos mares;

y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra».