La negligencia criminal de Ávila tiene culpables y están libres

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Cuanto más estamos sabiendo del origen devastador incendio de Ávila, el más grande de la historia de España, más evidencias hay de que hace más daño al medio ambiente la imprudencia engreída y la chulería que el cambio climático. Porque las más de 55.000 hectáreas que se ha llevado por delante no hubieran ardido, con fanatismo climático y otras monsergas negacionistas incluidas, si la asociación ganadera de Burgohondo no hubiera decidido jugar con fuego en plena ola de calor. Decidió jugar con fuego cuando encargó el desbroce de un camino para animales en riesgo extremo de incendios a una empresa, la de El Perejil, el único detenido hasta ahora por la atrocidad que ha sufrido la provincia de Ávila. Y El Perejil, pese a la prohibición expresa de usar maquinaria en estos fenómenos, se puso a desbrozar y picar piedra con una enorme pala. ¿Qué podía salir mal? Y además lo hicieron sin permisos ni autorizaciones de la Junta en un monte de utilidad pública. Seguro que la asociación esa ganadera de Burgohondo no ha tenido tiempo en todo el año para encargar el trabajo. El mejor momento es en verano, en plena ola de calor y con riesgo extremo de incendios. Pues ya no tendrán que preocuparse por el paso para el ganado porque su majadería ha arruinado todo el entorno, incluidas las vidas de miles de personas.
Y esta es la realidad de los incendios, además de la teórica del abandono del mundo rural, que viene produciéndose desde hace 60 años y otras monsergas. El mayor incendio de nuestra historia es obra de unos, como los que hay en muchos pueblos, que hace lo que les da la gana porque consideran que no están bajo el amparo de las normas por el mero hecho de vivir en el entorno. Y ese es el motivo de que luego se burocratice en exceso y se sobre legisle la recogida de leña. Para intentar que nadie campe a sus anchas y acabe montando un incendio criminal de 55.000 hectáreas de desolación. Y aún así acaban montándolo. Ya saben los habitantes de la zona dónde tienen que ir a protestar ahora, delante de la casa de los autores de semejante negligencia criminal. Porque el brutal incendio jamás hubiera ocurrido si el de la empresa de desbroces y la asociación ganadera no hubieran decidido jugar a la ruleta rusa de los incendios en el peor momento. La Junta está obligada a personarse en la causa, tal y como ha prometido, y las organizaciones agrarias a condenar sin contemplaciones para zanjar la estigmatización de quienes no tienen la culpa y evitar generalizaciones injustas. Lo que es inexplicable es que los autores de la fechoría no estén ya entre rejas. La Justicia también debería actuar con celeridad para sembrar ejemplo.