MÁS SE PERDIÓ EN CUBA
Todos a la piscina
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«Todos a la piscina». Les aseguro que sería un muy buen eslogan veraniego para lanzar desde el ayuntamiento de la ciudad e incentivar el uso de nuestras instalaciones los meses estivales. Pero me temo que, a tenor de los acontecimientos, ese potencial eslogan va camino de convertirse más bien en un epitafio para el actual equipo de gobierno de la ciudad. La semana pasada un nutrido grupo de ciudadanos y trabajadores municipales se concentró a las puertas de la piscina de la Juventud y no precisamente para darse un chapuzón. Hay un inmenso cabreo entre trabajadores y usuarios por las decisiones que desde el consistorio y sobre las piscinas de la ciudad se están tomando. A golpe de decretazo -como les digo siempre que suelen hacer-, los socialistas sorianos han aprobado unas nuevas normas sobre estas instalaciones que no convencen y que en palabras de los trabajadores, acarrearán mayores problemas a futuro. Las nuevas prescripciones impuestas desde el consistorio, y que han entrado en vigor desde este mes de septiembre, van a provocar, según el colectivo de socorristas, recortes en las horas de apertura de las piscinas Ángel Tejedor y Fuente del Rey, y el cierre de alguna de ellas los fines de semana en horario de tarde. De nuevo un problema donde antes no lo había. Y la verdad es que no sorprende. Al menos a algunos. Si la campaña de verano comenzaba mal con la icónica piscina del castillo cerrada hasta que casi acabado el verano se decidieran a abrirla, acaba peor aún con manifestaciones de trabajadores y usuarios que andan en pie de guerra. Pero no se engañen, o, mejor dicho, no se dejen engañar; porque lo que subyace a todo esto -y que no es exclusivo de estas refrescantes instalaciones-, es la nefasta gestión por parte de un equipo de gobierno municipal agotado y que, para desgracia de ciudadanos y trabajadores, tiene todos los departamentos bajo su control hechos unos verdaderos zorros. El incomprensible y vergonzoso cierre de la Casa del Guarda en Valonsadero, y que durante décadas era la niña bonita de la ciudad y envidia de nuestros visitantes tanto en los meses de verano como en los de invierno, ha sido otro de esos ejemplos de la infausta gestión de quienes nos gobiernan. Los que siempre se han erigido como los defensores de los trabajadores -por aquello de que llevaban en sus siglas la «o» de obrero-, han dejado más que claro en los últimos años su profundo desprecio al personal de la casa. Y sé de lo que les hablo. El nuevo alcalde de la ciudad ha tenido en estos meses de mandato, tiempo más que suficiente para haber intentado dar alguna pincelada que barruntara un cambio en la dirección. Para quienes de verdad pensaban que Javier Antón y tras la marcha de su antecesor en el trono municipal iba a cambiar las cosas, a estas alturas habrá podido comprobar que, muy al contrario, han ido a peor.