Heraldo-Diario de Soria

MÁS SE PERDIÓ EN CUBA

Ignacio Soria Aldavero

La maldición de Valcorba

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Cuenta la leyenda, que cuando el arqueólogo británico Howard Carter descubrió en 1922 la tumba de Tutankamón en Egipto, una maldición se cernió sobre todo aquel que osó perturbar la paz del faraón muerto y enterrado entre tesoros 3000 años antes. Hasta 13 muertes de personas implicadas en tan importante hallazgo dieron pie a la conocida como maldición del faraón. ¿Realidad o mito? Vaya usted a saber. En el mundo ocurren cada día cosas que no se siempre se pueden explicar. Algo parecido a la maldición de Tutankamón ha debido de caer sobre el polígono de Valcorba en nuestra ciudad. O eso al menos piensan desde el consistorio tras comprobar cómo su polígono no levanta cabeza. Yo no sé si es maldición o no, pero sí les aseguro que ese polígono está gafado. Vive Dios que lo está. No soy amigo de dar credibilidad a supercherías ni misticismos de ningún tipo. Pero sí les voy a hablar con claridad y nitidez sobre el polígono de Valcorba. Y es que cuando algo nace desde su concepción corrompido, porque precisamente en su gestación hubo un cúmulo de irregularidades indecentes y consentidas tanto por la derecha primero, y por la izquierda después, no hace falta achacar a maldición alguna que el resultado sea un absoluto fiasco.

El ansia de cuatro sinvergüenzas -y cuya única ambición fue llenarse los bolsillos con la connivencia de quien miró para otro lado alegando que el interés general debía de primar sobre el particular-, hizo que se expropiara de malas formas y por cuatro duros a muchos de los propietarios legítimos que no quisieron pasar por el aro y que, en esos oscuros días, créanme, se dejaron años de salud y de vida mientras veían cómo además de expropiarles, les robaban impunemente miles de metros cuadrados con un entramado depravado que no hubo manera de revertir. Algunos, de hecho y hoy en día, aún no han cobrado lo suyo. Y cuando el azar y los gastos por la dureza del terreno casi arruinan a quienes pergeñaron tal infamia, llegó papá Estado -tras la llamada del alcalde de turno y que nunca se investigó lo suficiente-, para salvar de forma sorprendentemente extraña, una iniciativa privada con dinero público. El riego de miles de euros a los promotores de un polígono privado fue la guinda a un pastel que ahora a algunos se les atraganta. El alcalde de la ciudad decía hace algunos días, poco menos que es la Junta de Castilla y León y su polígono industrial del PEMA en Garray quien está saboteando al de Valcorba. Que diversas empresas estén decidiendo establecerse en las parcelas industriales cercanas al estoico poblado numantino en lugar de al polígono “maldito” no es tan difícil de entender. La pregunta que algunos sí deberían hacerse, en lugar de alentar conspiraciones, es por qué a Valcorba no quieren ir. La maldición de Valcorba. Qué buen título para un bestseller. Se lo digo yo.

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