Heraldo-Diario de Soria
Imagen de archivo de la Casa del Guarda.

Imagen de archivo de la Casa del Guarda.MARIO TEJEDOR

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Hablar de la Casa del Guarda en Valonsadero es volver a la niñez. Al menos para mí lo es. De niño pasé muchos ratos trasteando en esa casa; en especial en su cocina. Recuerdos inolvidables a finales de los 80 y principios de los 90. En aquella primigenia casa se respiraba el olor a hogar; ese olor cálido a lo tradicional con el sonido de la madera ardiendo en el invierno. Lo que puede embobar una lumbre. Al fondo de la vieja casa, en la cocina, la mujer de Hermógenes —el guarda de Valonsadero—, preparaba los huevos fritos con chorizo. Fue ella, Manoli, quien instauró tan suculento menú que después y durante décadas ha acompañado a los sorianos y forasteros como seña de identidad. Ella fue la precursora. Las hogazas de pan no faltaban nunca en su cocina. Y les aseguro que pan como ese ya no se hace. Los mayores acompañaban su comida con el característico porrón de cerveza con gaseosa. Me atrevo a asegurar que no hubo niño que no le diera un traguito al porrón, alentado por su padre, hasta que la fulminante mirada de la madre zanjaba tal diablura. La Casa del Guarda en nuestro monte Valonsadero ha sido hasta hace unos meses un icono hostelero ininterrumpido. Un pozo de recuerdos. Pero la mala gestión de los socialistas en el ayuntamiento de Soria ha provocado que esa joya y orgullo de la ciudad esté a día de hoy cerrada a cal y canto. La situación de este enclave no es un hecho aislado, pero sí la punta del iceberg a un fin de ciclo con muchos cadáveres en la cuneta. Demasiados ya. El hotel de Valonsadero es otro ejemplo de esa desidia de quien nos gobierna y al que el patrimonio municipal se la trae al pairo. No solo asistieron impertérritos a su cierre permitiendo después que lo desmantelaran impunemente a los ojos de todos; es que no han sido capaces de darle una salida más allá de promesas vacuas para mantener entretenida a la población mientras todo se venía abajo. Y todo, porque en el fondo, hubo a quien Valonsadero solo le importaba para que lo mantearan como a un trapo el día de La Saca olvidándose después de todo aquello. La semana pasada, y en un giro rocambolesco de esos que gustan usar los socialistas, sacaron a pasear para justificar el cierre de la Casa del Guarda el comodín de la Junta de Castilla y León. Estén atentos, queridos lectores, y no descarten que al final, y fruto de una conspiración ‘judeomasónica’ como decía el Generalísimo desde el balcón en la plaza de Oriente, la culpa de que este establecimiento esté cerrado la tenga el señor Fernández Mañueco. Lo que me extraña, de verdad, y conociéndolos como los conozco, es que los socialistas sorianos no hayan visto ya la mano inmisericorde de Donald Trump detrás de todos los males que se ciernen sobre la ya podrida gestión socialista en nuestra ciudad. No sé, igual habría que preguntarle al presidente de la región de Ceuta por todo esto. «Eso a Vivas», ya saben.

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