SORIANOS POR EL MUNDO
Una oportunidad en la ciudad del viento
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Trabajar cuando se desea en una ciudad de un país extranjero que se define de «fascinante» es seguramente un sueño personal. En el caso de este soriano de 26 años es una realidad que encaja entre sus deseos. Y es que salir al extranjero era uno de los objetivos que tenía, como reconoce, incluso antes de terminar su carrera universitaria de Económicas.
Iñigo Marqués tenía claro desde su etapa de estudiante cuáles eran sus prioridades para entrar en el campo laboral. «Salir al extranjero pensé que era la mejor opción de adquirir experiencia y afianzar su segundo idioma», reconoce este joven que irradia una tremenda ilusión por protagonizar un capítulo de su historia personal en un otro país que no sea España.
Por eso, cuando terminó sus estudios de Económicas en la Universidad de Navarra se puso manos a la obra para intentar buscar trabajo en el extranjero. Y a tenor de los resultados fue un auténtico privilegiado porque tras su licenciatura encontró empleo en una multinacional y, encima, pudo trasladarse fuera como deseaba para trabajar.
«Todas las expectativas las conseguí desarrollar gracias a una compañía multinacional situada en la ribera de Navarra, TRW», rememora Marqués, quien consiguió entrar en la firma para desarrollar un proyecto en Chicago, una ciudad con 2,6 millones de habitantes en cuya historia está el gran incendio que sufrió el 10 de octubre de 1871 y que destruyó la mayor parte de la zona central de la urbe.
La sede de la compañía TRW en la ciudad de Chicago se encuentra en el área metropolitana en Northlake, donde transcurre la mayoría del tiempo este licenciado en Económicas, fundamentalmente entre semana.
Marqués integra el aparato logístico de la empresa TRW que se dedica a la fabricación de frenos de coche, en el que desarrolla un proyecto de mejora y de organización dentro de la empresa, centrado en Estados Unidos.
Su jornada laboral no difiere mucho de la de cualquier empleado que trabaja en una multinacional en una gran ciudad, aunque eso sí adaptado al modelo americano. Tiene la suerte de tardar 20 minutos en desplazarse a su puesto de trabajo, donde tiene jornada continua.
«No se sale a comer a casa ni se invierte mucho tiempo en ello, se come en la oficina o se sale a tomar algo por sus alrededores pero en un corto espacio de tiempo, una media hora. A comer suelo salir con compañeros y cabe destacar que en América se come mucho antes que en España, en torno a las 12.00 horas», relata Iñigo quien reconoce que la tarde se le hace muy larga. «En torno a las 17.00 horas se tiende a salir de la oficina pero si tienes algo de retraso o carga de trabajo y te tienes que retrasar en la salida, la tarde se hace muy larga. Y la verdad que tiendo a salir algo tarde de la oficina», explica con detalle el joven licenciado en Económicas cuya adaptación a la ciudad fue sencilla según reconoce.
«La adaptación a Chicago no me costó en exceso, tuve la suerte de llegar en verano y pronto pude hacer buenos amigos. El trato con la gente americana es fácil, son gente amable y sencilla y estoy muy contento con el trato recibido. Si bien tienen otra cultura, otras costumbres, creencias y forma de vivir diferente a la nuestra, la verdad es que la adaptación no me costó en exceso». A este joven la ciudad le encanta y lo remarca. «Chicago es fascinante tiene muchísimo que ofrecer y es una ciudad muy cosmopolita, pero por supuesto es conocida por su riqueza arquitectónica, si bien es una urbe con dos caras claramente diferenciables. Tiene unos inviernos extremadamente fríos y esto condiciona mucho la vida durante esta temporada. Pero hay que quedarse siempre con lo bueno, por eso me quedo con Chicago en verano, una gran ciudad a orillas del lago Michigan, es como si en esos cinco meses la ciudad se transformara».