Heraldo-Diario de Soria

SORIANOS POR EL MUNDO

Aprender alemán y crecer como persona

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CARLOS C. UNGRÍA / Soria
Soria

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La joven de 23 años Elena Grande (Soria, 1989) reside en un pueblo de Basilea (Suiza) que se llama Arlesheim. Allí está desde agosto de 2012, cuando se marchó para trabajar como ‘au pair’: vive en la casa de una familia suiza y se encarga de cuidar de sus hijos. Labor que compagina con el aprendizaje del idioma alemán y que le permite vivir una enriquecedora experiencia en el extranjero. 

 

Un día normal en la vida de Elena Grande arranca a las 06.00 horas, cuando se despierta para preparar el desayuno a los niños que cuida. Por la mañana, la mayor, de seis años, se marcha a la guardería. Mientras, esta joven licenciada en Psicología se encarga de cuidar al más pequeño, hacer otras tareas como la compra o pasear con él por el pueblo en el que reside. 

La comida es a las 12.30. «Cuesta bastante adaptarse», reconoce. Por las tardes, realiza actividades con los niños o algún recado. No sólo el almuerzo es pronto. La cena también lo es, ya que tiene lugar a las 19.00. Después tiene tiempo para «relajarse» ya que el padre ya está en casa -la madre trabaja y reside entre semana en otra ciudad-. Al margen de su trabajo de ‘au pair’, dos días a la semana tiene un curso de alemán que le costea la familia con la que vive en Suiza. 

Habla de su estancia allí y apunta que  cuando llegó lo que más le sorprendió es el transporte público. «Monté en un tranvía y para mi sorpresa no había ningún tipo de control en cuanto a billetes. Le pregunté al padre de ‘mi familia’ suiza y me dijo que no hacía falta, que la gente compraba el billete. Mi primer pensamiento, conociendo lo que pasa en España, fue: ¿Por qué? Si no hay nadie que vigile ¿por qué pagas un billete? Y la respuesta del padre fue que para viajar necesitas uno». 

Esta joven soriana confiesa que el pensamiento de allí, su mentalidad en cuanto al cumplimiento de las leyes, fue una «revelación» para ella. «Aquí  hay conciencia cívica. La gente  cumple las normas porque sabe que haciendo un pequeño sacrificio en un futuro tendrá un beneficio mayor. Y no hay más discusión. Esto es lo mejor de este país, porque te da sensación de tranquilidad. Por supuesto no es perfecto y obviamente hay gente que se cuela en el transporte o gente que tira papeles al suelo. Pero en general la gente es respetuosa por su educación».

Otra de las cosas que le sorprende de Suiza es «el silencio».  «Me di cuenta también en el transporte publico: tú vas en el tren o en el metro de Madrid, y oyes a gente hablar, cantar, gritar… aquí, en general, no se oye absolutamente nada. Aunque a veces la gente habla más y se montan follones». Acostumbrarse a la comida no ha sido complicado. «He tenido mucha suerte con la familia que me ha tocado. El padre es muy buen cocinero, es su hobby. Además yo cocino comida española porque quiere aprender platos nuevos».

Aunque no es partidaria de generalizar, cree que los suizos son personas «rígidas», «muy cuadradas que expresan lo justo». «Me cuesta adaptarme a su rigidez. Su mentalidad es o blanco o negro. No hay intermedios. Su mentalidad es trabajar, trabajar y trabajar para vivir en un buen sitio o tener un buen coche. Pero luego no les da tiempo a disfrutar de ese dinero que ganan porque tienen que trabajar. Esa rigidez conmigo no va. Viviendo aquí se echa de menos esa vidilla que tenemos los españoles más relajada, esa cañita después de trabajar o tirarte horas comiendo».

Piensa en su experiencia en Suiza y reconoce que está siendo muy positiva. «No me arrepiento de haber tomado la decisión de irme al extranjero para aprender otro idioma», confiesa. Y es que la estancia fuera de España, lejos de su familia y sus amigos, le está permitiendo conocerse mejor a si misma, saber sus «potenciales», sus «déficits» y «madurar» más. «Creo que cuando vuelva a España, si vuelvo, voy a mirar y a afrontar las cosas desde otra perspectiva más madura y realista. Sobre todo, voy a afrontar las cosas no desde el victimismo y el vencimiento. Cuando tenga algún obstáculo difícil de abordar recordaré esta experiencia. El comienzo, que fue muy duro y difícil. Y recordaré que lo superé y logré sacar el mayor partido posible de esta experiencia». 

«Son muy estrictos; sólo viven para trabajar»

Elena Grande echa de menos en Suiza el carácter de los españoles. «Aquí viven sólo para trabajar. Son muy estrictos y es difícil acceder a ellos. Todo eso se nota en el ambiente de las ciudades: no es muy común verles tomándose algo tranquilamente, o quedando para comer y que se junte con la cena», relata. «Esto se ve sobre todo en los sitios pequeños. En la capital o en ciudades grandes como Ginebra o Zurich la vida quizás se parezca más a la española». Los suizos, según dice, tienen una visión de España ligada a «la fiesta, el fútbol, los toros, la comida y el alcohol». «Es muy triste pero es lo que se ve aquí. Como parte positiva, piensan que somos  personas flexibles, expresivas, espontáneas y abiertas». Respecto a su futuro, quiere aprovechar este año para aprender alemán y cuando termine su estancia buscar un empleo ligado a la Psicología enEspaña o Suiza.

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