SORIA DE AYER Y HOY
Una dependencia multiusos
El almacén municipal es uno de los servicios que ha tenido distintas localizaciones a lo largo de su historia y se hace imprescindible en la gestión del día a día de la ciudad

La fachada del almacén municipal apuntalada después de su traslado a la calle El Viso´.-JCyL. AHPSo. Asociación Amigos del Museo Numantino.
Se podrá estar o no de acuerdo con determinadas actuaciones que está llevando a cabo, como de hecho así ocurre y se viene constatando a diario, pero lo que está meridianamente claro es que nadie podrá discutir la frenética actividad desplegada desde el minuto uno de la legislatura por el equipo de gobierno socialista que está al frente del Ayuntamiento de la ciudad, y más en estos últimos tiempos con los comicios locales a la vuelta de la esquina. Porque, aunque se pretenda negar la evidencia, cualquiera que sea el área que se pretenda abordar conduce de manera irremediable a realizaciones concretas que en su conjunto han cambiado por completo la imagen de una buena parte del centro de la ciudad.
De este conjunto de actuaciones hay una en particular que si bien en su momento fue lo suficientemente aireada la realidad es que el paso del tiempo ha ido diluyéndola por más que raro es el día que el ciudadano no se desayuna con alguna noticia relacionada con la función que tiene encomendada y desarrolla por insignificante que pueda parecer a la luz de los grandes proyectos que se están acometiendo. Nos referimos al Almacén Municipal, uno de los departamentos aparentemente menor en el organigrama de la tarea cotidiana del consistorio al mismo tiempo que imprescindible en la gestión del día a día, que se hace cada vez más complicada y exigente cuando de atender lo público se trata.
El último verano se cumplieron dos años del traslado de las dependencias del Almacén Municipal a su actual ubicación en la nueva calle de los Gremios, en una de las parcelas del polígono de Las Casas, al final de la Barriada de Yagüe, junto a los huertos municipales y la antigua por más que querida fuente del caño en el hoy urbanizado camino de los toros, en una zona –todo hay que decirlo- felizmente aprovechada después de décadas no precisamente en estado de abandono pero sí infrautilizada y desconocida para muchos.
Pues bien, desde finales del verano de 2012 allí viene funcionando el que en un primer momento se dio en llamar Centro de Oficios, denominación, por otra parte, que no ha llegado a cuajar porque pasado el tiempo incluso desde las propias instancias municipales cuando de la instalación se trata la referencia inequívoca es la de Almacén Municipal, término sin duda no tan pomposo pero que la gente de la calle entiende mejor pues no en balde ha sido por este nombre por el que tradicionalmente se ha conocido a esa especie de fontanería -entiéndase en sentido figurado- con que cuentan los servicios municipales que lo mismo sirve para un roto que para un descosido necesaria, eso sí, en cualquier organización.
Es, por resumir, una especie de cajón de sastre o, si se prefiere, “Arca de Noé”, en el que se guarda y cabe todo, desde el más diverso mobiliario urbano imaginable que se retira hasta los más impensables objetos por insignificantes que puedan parecer susceptibles de poder ser reutilizados en un momento dado (la casuística es amplia y no menos curiosa). Por otra parte, un lugar en el que puede encontrarse la solución a cualquier problema logístico de los de andar por casa que pueda plantearse.
Pero como el Almacén Municipal propiamente dicho tiene sus limitaciones, en ocasiones no ha quedado más remedio que habilitar otros espacios para depósito temporal –alguno se ha eternizado- de los más diversos elementos como farolas del alumbrado público, piedras y sillares de supuesto valor, baldosas de aceras o adoquines y, en general, cualquier clase de material que pueda resultar aprovechable. Si en estos momentos se sigue utilizando el solar existente en las traseras del recientemente desocupado Almacén Municipal en el Alto de San Francisco todavía queda fresca en la memoria de los sorianos una cerrada en la parte más alta del actual Campus Universitario que fue desalojada cuando se tomó la decisión de construir allí en la década de los noventa las instalaciones docentes al final del emergente y moderno barrio de Los Pajaritos.
En todo caso, del Almacén Municipal queda la imagen de las recientes instalaciones en la calle El Viso –las últimas- pero sobre sobre las de la calle del Pósito, más conocida como de las escalerillas por la configuración de su último tramo, el que desemboca en la carretera de subida al castillo bordeando la iglesia del Espino. Una calle, la del Pósito, que pese a los desmanes cometidos en su entorno al menos hasta ahora no se ha conseguido terminar con ella, y no porque no haya habido ganas.
Pues bien, en las proximidades de la plaza Mayor, a continuación del edificio de la antigua Audiencia Provincial, Fiscalía y Cárcel, por donde accede ahora al auditorio el personal de servicios y actuantes, estuvieron ubicadas muchos años las dependencias del Almacén Municipal –y el señor Modesto Diago como responsable-, en las que entre otras muchas cosas se guardaban durante el año los populares y esperados gigantes y las máscaras de los cabezudos, tan queridos y al mismo tiempo odiados por los más pequeños, e infinidad de trastos de todo tipo que tradicionalmente lo han convertido en una dependencia en la que cabe todo de lo que no se puede o no se debe prescindir.