ECONOMÍA
Una pasión de un siglo por el comercio textil
Antonio Martínez Sánchez, dueño del emblemático Tricomar, cumple hoy 100 años
Antonio Martínez y Martina Tutor, el día de su boda.-CEDIDA
Una vida tejida a base de trabajo y empeño, cosida hora tras hora y etiquetada a mano. Así ha llegado a centenario Antonio Martínez Sánchez, rostro conocido en la sociedad soriana al haber estado al frente de un emblemático comercio en la capital, Tricomar, donde se jubiló no hace muchos años. «Y porque acabó el contrato de arrendamiento del local; si no, todavía seguiría al pie del cañón», cuenta su hijo Juan Ignacio.
Metódico, ordenado, muy trabajador y hospitalario son algunos de los calificativos con que, quienes mejor le conocen, se refieren a este hombre, un gran lector con dos pasiones: «Su familia y la fábrica». Antonio Martínez cumple hoy sábado cien años y su historia es la de un empresario del sector textil con un marcado afán emprendedor que hereda de sus padres, Emiliano Martínez y Concha Sánchez.
El patriarca abrió la Fábrica de medias Emiliano Martínez, «un poco más abajo del Colegio Sagrado Corazón» -recuerda Marta Gómez Martínez, nieta del centenario- y mientras él se dedicaba a vender y a comprar materia prima, su esposa se hacía cargo de la fábrica. Concha compaginaba esta tarea con la crianza de los cuatro hijos que tuvo el matrimonio, entre ellos Antonio.
La muerte prematura del cabeza de familia deja a la madre embarazada de su quinto hijo (que fallecería a los siete meses de vida) y con una potente fábrica de medias en pleno crecimiento. Lejos de amilanarse, Concha Sánchez continuó con la empresa. «Al conocer que se vendían máquinas de medias en Salamanca, las compró y las instaló en su fábrica, cuando ésta se trasladó a un edificio al lado de los Franciscanos». Posteriormente, se instalaría definitivamente en un edificio de la calle Aduana Vieja, 19. En el terreno del patio edificó la fábrica e hizo un segundo piso.
Pero la suerte en los negocios no era la misma en el terreno familiar: la madre también fallece joven y Antonio ha de hacerse cargo de la fábrica, la cual pasa a denominarse ‘Hijo de Emiliano Martínez, calcetines y medias La Soriana’.
Antonio se casó con Martina Tutor, con quien tuvo siete hijos: María Concepción, María Consuelo,María Jesús, Antonio, María del Carmen, María José y Juan Ignacio, éste último el único que reside en Soria. Martina (que terminó la carrera de Exactas embarazada de su sexto hijo) abrió una tienda en la calle Marqués de Vadillo, Tricomar.Un comercio coqueto decorado por José Moliner Artal, de Zaragoza, y las dependientas ‘Chonita’ y Mari Velilla, que habían trabajado en la fábrica, y Amalia, en los arreglos.
Corría el año 1956 y eran buenos tiempos para una pareja emprendedora y con iniciativa. Jerseys, chaquetas, abrigos, verdugos, faldas plisadas... Las prendas se hacían en la fábrica y luego se vendían en la tienda y en otras ciudades con la marca Jerseys Horus de Creaciones Tutor. Años más tarde, la fábrica tuvo que cerrar «porque las medias y calcetines eran de algodón y la maquinaria no se pudo adaptar a las de nylon o espuma», cuenta Marta, la nieta mayor, que ha desempolvado los recuerdos de su madre, Conchita, y de sus tíos Toño, Chus y María José, a quienes cita. Antonio quedó viudo en 1982, cuando se queda solo al frente del negocio. El comerciante tiene 18 nietos y nueve biznietos.
Boutique Tricomar permaneció abierta en Marqués de Vadillo hasta 1999, año en que se traslada a la calle Instituto ya que se acabó el contrato del local. El comercio todavía continuaría en marcha otros diez años, hasta que cierra definitivamente porque se acabó el contrato de arrendamiento de nuevo.
Antonio reside desde hace décadas en un chalé que su madre construyó en el Alto de la Dehesa, desde donde hasta hace un par de años bajaba hasta el centro de la ciudad. Recuerdos, vivencias y pequeños tesoros se acumulan en la vivienda. Entre ellos un libro de cuentas que parece recién salido de imprenta, si no fuera porque se adivina que es de máquina de escribir eléctrica. «Detallista al máximo. Un hombre entrañable», resume Humi, persona cercana a la familia que conoce a Antonio desde hace décadas. Su tiempo hoy superará el siglo.