CRISIS DE LOS REFUGIADOS
Soria, refugio de casi 50 personas en medio siglo
La mayoría de ellas procedentes de Bosnia en 1992; y tres palestinos 10 años después

Un grupo de personas bosnias llegando a Soria a mediados de 1992.-F. SANTIAGO
La llegada de la mayoría de ellos fue acompañada de ruido mediático y numerosas muestras de apoyo y solidaridad que con el tiempo fueron ciñéndose a la realidad inmediata. Soria ha sido abrigo de casi medio centenar de refugiados en los últimos cincuenta años, en que se ha dado cobijo a personas que huían de la guerra, pero también del desamparo y del hambre. La memoria colectiva guarda recuerdo de la llegada de refugiados bosnios y palestinos, no tanto de un pequeño grupo de subsaharianos que también recalaron en la provincia. En total casi medio centenar de personas que recalaron en la provincia, donde todavía quedan algunos.
Su estatus era diferente en todos los casos al de un inmigrante, ya que en el caso de los refugiados su país de origen no aseguraba su protección y supervivencia. Soria garantizó su protección y hubo casos que incluso el futuro de estas personas. Al margen del apoyo institucional, organizaciones no gubernamentales, numerosos colectivos ciudadanos y también ciudadanos a título particular se volcaron con ellos. En especial con los bosnios.
Los refugiados bosnios llegaron a Soria en 1992 procedentes de Bosnia Herzegovina, donde se vivió una guerra que duró tres años y dejó 100.000 muertos y casi 1,8 millones de desplazados. A Soria llegaron 37. «Recuerdo que hubo unas reuniones de coordinación entre todas las entidades, públicas privadas, ongs, para distribuirnos el trabajo. Ahí la Cruz Roja no hizo nada muy especial... Eran otros años», recuerda la secretaria de la institución en Soria, Carmen Heras. Cruz Roja se hizo cargo de «algunas personas que sí tenía el trato de refugiado político. Les pagábamos una cantidad al mes para que pudieran vivir. Aquello fue algo improvisado en aquellos momentos pero se salió adelante».
En pabellones y recintos deportivos se sucedían encuentros deportivos; en salas y auditorios, actuaciones musicales; y en colegios, explicaciones sobre dónde estaba Bosnia y por qué huían de allí personas.
Omitieron el caso de Sabina, una de las 37 personas que llegaron a Soria, después de haber visto matar a nueve familiares. Su nombre figura en las hemerotecas y su sentir humano cayó por el hueco de la escalera de la tercera planta del Hospital del Mirón.
Diez años después, en 2002, tres refugiados ponían a Soria en el mapa en el contexto internacional. Se llamaban Ibrahim Musa Salem Abayat, Ariz Abayat y Ahmet Hemamreh, los tres refugiados palestinos acogidos por España de un grupo de 13 deportados por Israel fuera del territorio palestino, tras su salida de la basílica de la Natividad en Belén, donde se habían encerrado.
«Fue un tema muy difícil y muy complicado. Los mandaron a Soria porque había un lugar que era Lubia donde teóricamente podían estar. Ellos pensaban que venían a tener una vida, ir a la Universidad, y cuando llegaron a Lubia y se vieron encerrados allí... se crearon muchas tensiones y fue muy complicado», recuerda la secretaria de Cruz Roja, institución que se encargó de las atenciones y un programa de integración que a duras penas se pudo encajar al principio. Al tiempo de su llegada, los palestinos iniciaron una protesta ante la residencia de Lubia, la casa forestal, por lo que consideraban un incumplimiento por parte del Gobierno español de las condiciones en las que fueron acogidos.
«Uno de ellos se quedó y estuvimos atendiéndole durante años, en problemas de vivienda, de familia... Ahmed, tuvo una hija aquí, después tuvo más hijos... Fue como nuestro ahijado. Los otros dos se fueron pronto, a Zaragoza», rememora Heras.
La llegada de los refugiados subsaharianos data de hace unos diez años y su caso es menos conocido. «En un momento dado hubo hacinamiento en Melilla y Ceuta y distribuyeron por sedes de Cruz Roja a varios grupos. A Soria vinieron cinco o seis. Estuvieron en Almazán y alguno todavía reside aquí», cuenta Heras.
El presidente de Cruz Roja, Modesto Fernández recuerda que la atención a refugiados «no empezó ayer», a la vez que ratifica su continuidad «al margen de que hay que diferenciar el estatuto de refugiados con lo que son los inmigrantes». A la vez, a la prudencia «hasta no saber los que van a venir. Personalmente pienso que hay que acogerles en pisos... En cuanto a las familias que se prestan a acogerles, hay que recordar que se debe preservar la intimidad de estas personas... Sobre todo hay que acogerlos. No es un tema puntual, van a ser dos años».
Modesto Fernández confía en que «esa respuesta solidaria no la empeñe la crisis. La Unión Europea va a portar fondos porque el derecho internacional así lo contempla con los refugiados. Es normal que se les acoja y se les trate de dar un futuro. Lo que no quita para que sigamos trabajando con inmigrantes, tanto con o sin papeles, como con la población que lo necesite».