Heraldo-Diario de Soria

MES DE LA SALUD 2017

«Una mala dieta acorta de forma significativa la esperanza de vida»

El Premio Nacional de Investigación Salvador Aznar inauguró ayer el Mes de la Salud 2017

El doctor Salvador Aznar recibió el Premio Nacional de Investigación de la FCCR-Valentín Guisande

El doctor Salvador Aznar recibió el Premio Nacional de Investigación de la FCCR-Valentín Guisande

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MILAGROS HERVADA
Soria

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El doctor Salvador Aznar Benitah, que desarrolla su labor en el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, recogió ayer el Premio Nacional de Investigación que le otorgó la Fundación Científica Caja Rural de Soria, dotado con 12.000 euros, y lo hizo ofreciendo casi una clase magistral sobre algo tan cotidiano como la dieta.

«La gente no es consciente todavía del impacto tan profundo que tiene una mala dieta sobre la funcionalidad de los tejidos de regenerarse y cuando la dieta no es buena, de la pérdida de esa capacidad de regenerar», destacó el investigador, quien ofreció la conferencia inaugural sobre Células madre en la salud y en la enfermedad: impacto de nuestra dieta.

Según explicó en un aula magna no demasiado llena para una ocasión como esa, «las células madres son las que se encargan de regenerar nuestros tejidos. Nosotros no lo notamos pero perdemos cientos de miles de células cada día y se tienen que repoblar. Las células madre saben en todo momento cuándo el tejido necesita células, responden a los daños, como en una herida de la piel. Pero a medida que envejecemos van perdiendo su funcionalidad y la capacidad regenerativa, que es gran parte de la causa por la que envejecemos», indicó Aznar, matizando que las investigaciones están viendo «el impacto tan profundo que tiene la dieta, nuestro estilo de vida, y debería ponerse al mismo nivel que el tabaco, el alcohol...».

Además, se da el caso de que las células madre son también el origen de los tumores, porque son las más longevas y «están el suficiente tiempo para acumular las mutaciones para desgraciadamente desarrollar un tumor».

Una dieta equilibrada sin alimentos precocinados ni azúcares, ayuda a prolongar la vida. Al margen del componente genético que siempre existe y la predisposición individual a desarrollar diferentes enfermedades, «un porcentaje de funcionalidad sí depende mucho de una dieta buena», resaltó el investigador: «Si se sigue esta dieta, se alcanzará el máximo potencial de las células, y si no la llevas buena esas células cada vez van a acumular más errores, más inflamación, no tendrán el metabolismo adecuado y eso acorta de forma significativa la esperanza de vida e incrementa la posibilidad de desarrollar bastantes tipos de tumor». Como ejemplo, la obesidad, casi una pandemia en nuestra sociedad, como matizó, «ya sabemos que está relacionada con al menos 13 tipos de tumores muy comunes, como el de mama, colon, carcinomas orales, páncreas uno de los más devastadores, de hígado...». Pero todavía queda por entender cuál es el impacto específico de una dieta buena o mala en el funcionamiento de las células madre.

Según indicó Aznar, el problema está en ingerir unas cantidades «que no son normales», constatando que gran parte de la población, por el estilo de vida actual, «más que comprar en el mercado, compra en supermercados, donde hay productos enlatados, plastificados, en cajas y si uno se fija en lo que contienen, se ve que se está ingiriendo mucha más grasa saturada de la que se piensa». Como ejemplo, una simple galleta o un cotidiano yogur de sabores.

Difícil fijar lo que se ganará de vida, pero los estudios en el laboratorio con ratones a los que se les cambia la dieta muestran que una dieta hipocalórica es capaz de alargarles la vida media en más de un 30%, eso en términos humanos significa que se aumenta la esperanza la vida unos 120 o 130 años. Por el contrario, una dieta «de cafetería» tiene el efecto contrario. Somos mucho más parecidos de lo que parece, se les empieza a caer el pelo, desarrollan diabetes, hígado graso, artritis. La correlación está clara. «El problema es que con una dieta hipocalórica, vas a pasar hambre toda tu vida», reconoció, «los ratones viven mucho, pero están muy estresados y muerden mucho más. Son muy gruñones». El objetivo está en identificar cómo lo entiende la célula para poder controlarlo de forma incluso farmacológica, «engañando a la célula», manteniendo unas condiciones celulares hipocalóricas sin tener que recortar la ingesta de calorías en un 30% o 40%». En su opinión, «si no cambiamos los hábitos de dieta y de ejercicio, la esperanza de vida seguramente comenzará a bajar. Lo vemos tan claro...».

A raíz de sus investigaciones también sobre el ácido palmítico y la capacidad de alimentar la metástasis de varios cánceres, ya muchos productos han cambiado sus ingredientes y se anuncia la ausencia de aceites de palmas, además de los colegios escolares que han cambiado el tipo de comida. «Si vivimos en una sociedad donde se vende tabaco, me resultaría muy extraño que se prohibiesen productos alimenticios que sabemos que no son buenos. Porque además demostrarlo al cien por cien tampoco es posible», lamentó. «Es una cuestión de oferta y demanda, si las personas van al supermercado y compran la galleta sin aceite de palma, al final la empresa lo va a cambiar. Ojalá cada vez haya más concienciación», reconoció, al tiempo que expresó un deseo:«Si yo pudiese enseñar a la gente a nivel molecular y celular el efecto que tiene en un organismo una dieta adecuada versus una no adecuada, se pondría al mismo nivel que un consumo muy alto de alcohol, de fumar mucho, de no hacer ejercicio...».

Actualmente están desarrollando una terapia para humanos, que bloquee la ingesta de grasas de la célula metastática, en colaboración con una empresa británica, y si todo sale bien, «en cinco años podríamos estar en la fase de poder empezar la fase clínica», aunque para ello se necesita dinero, «entre 20 y 40 millones de euros», concretó.

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