Entrevista. Abilio Martínez Varea. Administrador diocesano y obispo electo de Ciudad Real

«La Diócesis de Osma-Soria impulsará un museo en la Concatedral de San Pedro que ya tiene proyecto»

El hasta ahora jefe de la Iglesia en Soria cree fundamental mantener consolidados los templos en uso, dado el ingente patrimonio de la provincia. «No salimos de urgencias», apostilla 

Abilio Martínez VareaP.P.S.

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Soria

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Después de dos legislaturas como obispo de Osma-Soria, Abilio Martínez Varea (Autol, La Rioja, 1964) se marcha de jefe diocesano a Ciudad. Real, donde tomará posesión en septiembre. Varea habla del que cree «el mayor desafío» de la Iglesia en Soria y de la complejidad de una provincia dispersa y de edad avanzada. También de San Saturio y la Concatedral de San Pedro, donde «hay que ofrecer una visita que se pueda cobrar», dice.

Pregunta. Radiografíe, por favor, a la 'plantilla' de Osma-Soria y su trabajo en una provincia complicada por la despoblación y la alta edad media de los sacerdotes.

R. La radiografía es que se sigue acompañando a las comunidades de estas parroquias y pueblos tan pequeños gracias a la entrega sacrificada de todos los sacerdotes de la diócesis y sobre todo de que los mayores continúan hasta que pueden. Algunos pueden pedir la jubilación a los 80 años y, si lo hacen, no significa que se vayan del todo, sino que continúan ayudando en puestos con menos responsabilidad. Gracias a eso, el presbiterio de la diócesis Osma-Soria sigue haciendo una atención bastante positiva e importante en una diócesis con tantísimas parroquias y tan despobladas.

Ahora he hecho la visita pastoral a Tierras Altas, a dos tercios de Tierras Altas, Almarza y El Valle, del Campillo a Almajano. Son zonas muy despobladas, donde los sacerdotes con los que he hecho la visita se entregan día a día y sin límites. Son generosos en el acompañamiento de esas comunidades parroquiales y en el mantenimiento de los templos. Hay pequeñas experiencias donde los laicos se están implicando muchísimo, no solamente en las celebraciones de la palabra, sino también en la apertura de los templos, en tener siempre contacto con el párroco, informando de las cosas que ocurren y las necesidades que hay. Y gracias a eso diríamos que hay un acompañamiento muy cercano. La radiografía es que hay un acompañamiento muy cercano y próximo. Tiene la misma importancia una parroquia de dos que de 2.000 personas, de 30 que de 30.000. Las personas valemos no por el número, sino por nuestra dignidad personal.

P. El mayor desafío de la Iglesia en Soria en estos momentos.

R. El mayor desafío de la Iglesia en Soria hoy, a mi modo de ver, es infundir esperanza en las personas. La impresión que tengo, cuando he ido a algunos sitios, es como «¡ay!, esto se está terminando, nos hacemos mayores, no viene nadie detrás de nosotros». El mayor desafío es infundir esperanza de que nuestra Iglesia no se termina, de que está viva, a pesar de que seamos pocos y de nuestra edad. No somos el cielo, que ya vendrá en la eternidad y tenemos que seguir con mucha esperanza.

P. ¿Usted cree que irá al cielo?

R. ¿Al cielo? Siempre he dicho que la Iglesia lo que nos asegura es que hay gente en el cielo, con los santos. Nunca nos ha asegurado que haya gente en el infierno, aunque hable de su existencia. Con lo cual, espero que el Señor nos lleve al cielo, sí. Es un proyecto de salvación, nunca de condenación. Espero que vayamos al cielo, sí.

P. Pisemos mientras suelo. En Soria hablar del patrimonio son palabras mayores. De todas las necesidades que hay ¿cuál ve la más urgente?

R. Bueno, queda mucho por hacer, muchísimo, porque somos una diócesis muy rica en templos, tanto parroquiales como ermitas. Pero hemos hecho mucho. ¿Cuál es para mí el reto que me planteé desde que llegué? En un primer recorrido que hice por la diócesis, saqué 20 templos que veía en peligro, en los tejados o las torres. Estuve con los vicarios, con el delegado de Patrimonio: «Hay que ir a por estos como podamos, con nuestro dinero propio, con el que nos puedan dar las administraciones autonómicas y provinciales». ¿Qué ocurre? Que después hacía otra ruta, cuando tenía arreglados esos 20, y me salían otros 20. Y volvía con esos 20 y otras 20 urgencias. No salimos de urgencias. Aunque hablemos de piedras, el patrimonio está vivo, como nosotros, y envejece. Uno arregla una torre y esa torre de aquí a unas décadas va a necesitar otro arreglo. Un tejado, un retablo... Para mí es fundamental ir cada año a aquello que veo que está mal, para que el patrimonio que tenemos no llegue a caerse. Ese es el objetivo, que no se produzcan más derrumbamientos de los que alguno hemos tenido de lugares abandonados. El objetivo es que no se produzca ninguno. Esa es mi prioridad: mantener los templos consolidados, a pesar de que haya dos personas o cuatro o seis, los que actualmente se utilizan, y que ninguno de ellos sufra un deterioro irreversible.

P. Eso cuesta mucho dinero.

R. Efectivamente, eso cuesta mucho dinero. Entre lo que invierten las parroquias, que se esfuerzan mucho; lo que invierten los ayuntamientos -algunos son muy colaboradores-; lo que invierte la propia diócesis (cada año tenemos un dinero para eso); lo que invierte la Diputación; y lo que invierte la autonomía, la Junta, conseguimos que los que tenemos actualmente abiertos (no me refiero a los despoblados), los tejados y las torres, sean consolidados.

P. ¿Se implica el soriano de a pie en ese fin?

R. Es como todo, algunos que sí. He de decir que he encontrado ejemplos preciosos de feligreses, de ayuntamientos y de asociaciones que se han implicado muy bien en algunos sitios. Incluso asociaciones civiles que ponen dinero para mantener un templo. Y otros que dicen, «pues si es del obispo que lo arregle el obispo», que no es mío. Yo ahora me voy a otra diócesis y no me llevo nada.

El patrimonio es de la Iglesia que peregrina en Osma-Soria y lo disfrutan tanto los fieles como aquellos que quieren verlo sin necesidad de ser creyentes. El patrimonio está abierto a todo el mundo; para unos es el templo y para otros es una obra magnífica, maravillosa, una joya. Se puede ver desde dos puntos de vista. El soriano que se ha implicado muy bien -feligreses, asociaciones, ayuntamientos que lo han dado todo- y otros que no.

P. ¿Qué hacemos con las pequeñas ermitas rurales que están en un pueblo sin vecinos?

R. Mientras tengan un culto, seguimos ayudando también. De hecho, la diócesis cada año abre un canal de ayudas a ermitas, que no es grande, unos 50.000 euros al año. Lo tenemos abierto en los presupuestos. En el último hemos ayudado a dos ermitas para que se mantengan.

P. Deja la ermita de San Saturio lucida, pero aún sin cobrar entrada.

R. Ciertamente es un San Saturio ya distinto. Tenemos un convenio firmado por la Junta, que hizo todas las pinturas. La diócesis hizo la cúpula y algunas cosas así, y el Ayuntamiento se implicará en la iluminación externa. Una vez esté todo eso concluido, que falta poco, es cuando hay que plantearse lo del cobrar, creo que a los turistas, no al soriano. A los turistas sigo insistiendo en que tenemos que cobrar. Ahí habrá que llegar a un acuerdo entre Cabildo, Ayuntamiento y demás, porque son los patronos de San Saturio. Las cosas van bien, aunque vayan despacio. Uno va fuera de la diócesis de Osma-Soria y ve cosas -no quiero meterme con nadie- menos interesantes, tú pagas y nadie se lo plantea. Pagas y lo ves. A San Saturio le tiene que llegar el momento en que cobremos porque es una joya, que merece la pena ver.

P. Un desatino, obispo, con los angelotes de la ermita del Mirón.

R. Ya hemos hecho una propuesta al Ayuntamiento con la Junta, que no es vinculante el dictamen de la Junta, pero queremos ir todos de la mano. La Junta ha hecho ahora unas observaciones y, en cuanto lleguemos a un acuerdo, haremos los angelotes del Mirón. Nos está costando, porque ponerse de acuerdo en el arte no es fácil. ¿Qué es lo original de ahí? Porque como estaban pintados tampoco era el original. O sea, uno va haciendo catas y se da cuenta de que, como decía antes, el arte no está muerto, el arte está vivo. Y ha habido muchas muchas intervenciones en la ermita del Mirón. Por eso pedimos a la directora del taller diocesano de restauración, a Francisca Diestro, que nos dijera desde el punto de vista artístico la intervención más acertada. Nos hizo un informe, que hemos elevado al Ayuntamiento que tiene la competencia, porque es un bien protegido, y es el Consistorio el que tiene que velar por él. Ahora con las observaciones que nos han dicho, lo haremos de la forma estética y artística mejor, para que nadie nos diga nada.

P. Recientemente se intervino en esta Casa Diocesana en la que estamos.

R. Hemos hecho una obra muy potente poniendo el famoso sate. Es un producto como un aislante pero perfeccionado, para conseguir eficiencia energética. La cruz que teníamos en la fachada se estaba deteriorando muchísimo. Hemos intentado buscar la eficiencia energética y que quede la cosa bien. En los pisos cuarto y quinto y el hostal no se ha intervenido, pero se hará en otro momento. Vamos despacio porque los dineros son limitados.

R. ¿Saca rentabilidad la diócesis de este servicio hostelero o del alquiler de viviendas que tiene?

R. Viviendas alquiladas no tenemos. No digo que en algún pueblo, alguna cosa sí haya, pero apenas. El hostal sí. El hostal es un servicio que damos a la ciudad y en tiempos de pandemia sufrió mucho, como todos, pero en general no produce pérdidas.

P. Avances en la obra de la Catedral.

R. La obra de la torre de la Catedral de El Burgo de Osma, que la está arreglando el Instituto de Patrimonio Cultural de España, va bastante bien. Tenemos previsto que termine para septiembre y, según el responsable del Cabildo de estas obras, que es el delegado de Patrimonio, José Sala, probablemente ya terminarán. Ha sido una obra muy importante porque se desprendían las cornisas y era peligroso. Al ser tramitada por urgencia, hemos conseguido que intervinieran cuanto antes. Si no, se lo toman con más tranquilidad.

P. En la Concatedral de San Pedro, donde también se interviene, quedan algunos flecos.

R. Con la Concatedral de San Pedro nos pasa como San Saturio, en el sentido de que tenemos que ponerlo de tal manera que se ofrezca una visita que se pueda cobrar. En la Concatedral, donde se ha hecho una obra también muy importante, hay que seguir trabajando. ¿Qué es lo que tenemos ahora en las manos? La musealización. Hay que poner en marcha el museo, al menos una parte del museo. Hemos hecho un proyecto para presentar a la Junta cuando saque unas ayudas para musealización, que todavía no han salido, y suelen convocar por julio y agosto. Si se nos concedieran, iríamos a la musealización con ayuda. En el caso de que no, acometeríamos la musealización con medios propios. Pero vamos a hacerla de cualquier modo, para ofrecer al visitante el claustro y también el museo.

Tuvimos el museo de la Concatedral que yo no he llegado a conocer, porque ese museo se quitó con las exposición de las Edades del Hombre. Pero el otro día fui a ver las obras de arte que hay y son muy buenas. Es decir, tenemos para llenar muchos museos, si fuera necesario.

P. ¿Cómo están las arcas diocesanas?

R. Dependemos muchísimo de lo que nos da el fondo común interdiocesano, es decir, de aquellos contribuyentes que marcan la X en la Iglesia Católica. La Conferencia Episcopal Española hace una distribución a las diócesis. Nosotros en un 75% seguimos dependiendo de esa X, que no es que sea malo, pero es muchísimo.

P. ¿Qué presupuesto manejan?

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R. Manejamos con un presupuesto en el que intentamos equiparar ingresos y gastos, de unos 2 millones y medio al año para toda la diócesis. Ahí entran el patrimonio, los servicios pastorales, las nóminas de los sacerdotes, de los laicos que trabajan en la Administración o en la Casa Diocesana. Tenemos que hacer un criterio de no gastar más de lo que ingresamos. Eso cualquier padre o madre de familia lo sabe muy bien.