Dos biólogos australianos cambian su vida en un pueblo de Soria: "Tenemos un gran ventanal en la casa desde el que se ve el río Tera. Ese es nuestro televisor"
Ya jubilados, abandonaron Sidney para rehabilitar una vivienda del siglo XVIII disfrutando de la vida rural española entre viajes intercontinentales

Robert y Erna disfrutan de la naturaleza desde su propia casa.
Vivían a miles de kilómetros pero su corazón se ha quedado en una antigua casa rehabilitada en un pueblo de Soria. Erna Walraben, de 73 años, y Robert Dickson, de 72 son un matrimonio de biólogos australianos que en julio de 2019 se animó a comprar una casa en ruinas en Almarza. Tras haber visitado varios enclaves, la localidad les enamoró.
Estuvieron hasta enero de 2020 en Almarza regresando a las antípodas ya que, «por temas de visado sólo podemos permanecer en España 90 días, luego debemos regresar a Australia para poder volver 180 días después por otro período de 90 días», explica Erna quien añade: «El covid nos pilló ya en Australia que cerró las fronteras y no pudimos regresar a Soria hasta principios de 2022. Hicimos la reforma de la casa hablando por Whatsapp con el constructor que contratamos, apelando a la confianza». Pero todo salió bien.
Erna, holandesa de nacimiento pero con la nacionalidad australiana tras vivir 45 años en Australia, y Robert se conocieron en El Campello (Alicante) en 1977. Ella vivió en España una temporada «ya que mi hermana vive en Alicante y, desde entonces, siempre he llevado a España en el corazón». Robert llegó a El Campello de visita «viajando de mochilero tras terminar los estudios en la Universidad». Erna ha trabajado 32 años «en el jardín zoológico de Sidney como cuidadora de animales» mientras Robert «ha trabajado más de 30 años en los parques nacionales australianos».
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No tienen hijos y se definen como «unos aventureros» así que durante varias épocas de su vida «hemos solicitado una especie de excedencia en nuestros trabajos para poder viajar por todo el mundo. Hemos estado siete meses en África, cuatro meses en Sudamérica, medio año en Asia...». Y, a pesar de haber conocido tantos lugares y gentes diferentes, han decidido elegir Soria, y Almarza en concreto, para vivir parte de su jubilación. «Soria nos impresiona mucho. La conexión que tiene la gente con su tierra, con su historia, con su cultura... El sentimiento de comunidad. Los valores. Las fiestas. Los restaurantes. La naturaleza...», indica Erna.
Pero, ¿cómo conocieron Soria? Erna explica que su sobrino trabaja en Airpull y «ha estado cinco años en el aeródromo de Garray. Ahora está en Requena». Fue por ello que en sus estancias en España conocieron Soria «y un día, tomando un café en un bar de Almazán, donde teníamos una casa alquilada, escuchamos una conversación de varias personas mayores hablando de la España Vaciada decidimos que este era el sitio. Nos hacía ilusión rescatar una casa abandonada. En un mapa de la provincia hicimos un círculo y fuimos visitando en diferentes pueblos casas en venta. Y esta casa de Almarza, a pesar de que estaba en ruina y con un gran agujero en el techo que estaba caído, nos enamoró».

La pareja, en el salón de su vivienda que han reconstruido, mirando por un enorme ventanal las aves de su jardín.
La casa llevaba abandonada 11 años. «Mi marido se encargó del diseño, de los planos y, poco a poco, la hemos hecho habitable», explica Erna que apunta, «compramos la casa, construida en 1776, con todo el contenido y hemos intentado respetar, siempre que hemos podido, las almas y los muebles ya que son muchas las vidas que han pasado por aquí». A pesar de ello, «hemos cambiado cosas, el tejado, las puertas, las ventanas, el suelo radiante, los colchones... Pero tenemos un reto, si hay algo que podemos aprovechar, no lo compramos nuevo».
En la casa, no hay televisión. Sin embargo, «tenemos un gran ventanal en la casa desde el que se ve el río Tera. Ese es nuestro televisor. Ahí nos sentamos para ver los animales de ribera con los prismáticos. Hemos catalogado más de 60 especies de aves», apunta Erna, que ha escrito, además, varios libros e imparte charlas y conferencias. También es consultora de vida silvestre y zoológicos «en las que realizo asesoramiento experto sobre planificación y gestión de poblaciones animales sostenibles bajo cuidado humano».
Y es que, destaca, «he pasado más de tres décadas trabajando en zoológicos, observando el comportamiento animal bajo cuidado humano y en libertad. Observar animales salvajes durante muchos años me ha despertado un profundo interés en nuestra historia evolutiva compartida y en las lecciones que los humanos podemos aprender de ese pasado compartido», explica. ‘Hear me roar’, ‘Wild fathers’, ‘Wild leadership’, ‘Care of australian wildlife’ son algunos de los títulos en inglés. A ellos se une ‘Sunset in Spain’ en la que habla, a modo autobiográfico «de una pareja que tras despedirse del trabajo y de Sydney, decide perseguir su sueño de vivir en el norte de España. Se enamoran de un pequeño pueblo castellano y se dedican a restaurar una villa abandonada y en ruinas que pronto será su nuevo hogar. Abandonando sus viejas costumbres, se dejan llevar por los coloridos acontecimientos de sus vecinos españoles y los desafíos de vivir una nueva vida en un nuevo continente, todo mientras se convierten en pequeñas celebridades entre los desconcertados lugareños que no pueden entender por qué alguien querría cruzar el mundo para vivir en su modesto pueblo». Esta es su historia de amor por Soria y por Almarza.