Heraldo-Diario de Soria

El pueblo medieval de Soria que esconde una de las experiencias termales más insólitas de España: bañarse bajo los arcos de una ermita del siglo XI

En El Burgo de Osma, uno de los pueblos más bellos de Soria, una recreación termal de la Ermita de San Baudelio permite bañarse bajo arcos mozárabes inspirados en un templo del siglo XI, uniendo patrimonio y bienestar como nunca antes

La recreación termal de la ermita de San Baudelio en El Burgo de Osma permite sumergirse entre columnas mozárabes y bóvedas inspiradas en el siglo XI.

La recreación termal de la ermita de San Baudelio en El Burgo de Osma permite sumergirse entre columnas mozárabes y bóvedas inspiradas en el siglo XI.@beabarrio_

Patricia de la Torre
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Entrar en El Burgo de Osma siempre tiene algo de escena medieval: calles de piedra, la silueta de la Catedral recortando el cielo y ese ritmo sereno con el que laten los pueblos que han sobrevivido a todo. Pero lo que nadie espera al cruzar sus soportales renacentistas es que, a escasos metros, se esconde una de las experiencias termales más insólitas del país: bañarse bajo la recreación arquitectónica de una ermita mozárabe del siglo XI, la legendaria San Baudelio de Casillas de Berlanga. Lo ha enseñado en redes Bea Barrio Rodríguez (arquitecta y divulgadora cultural) y, desde que lo hizo, las reacciones no han dejado de multiplicarse.

La experiencia termal de San Baudelio: donde el siglo XI y el agua caliente se encuentran

En el balneario Castilla Termal Burgo de Osma, instalado en el edificio histórico de la Universidad de Santa Catalina (1550), la recreación de la Ermita de San Baudelio no es un simple homenaje visual, sino un espacio inmersivo donde toda la iconografía del templo original se reinterpreta en clave sensorial. La ermita auténtica (en Casillas de Berlanga) es un prodigio del arte mozárabe: una palmera arquitectónica central de la que nacen ocho nervios, un ábside mínimo y una atmósfera tan misteriosa que parece suspendida fuera del tiempo. Allí, en su interior, aún resuenan los ecos de las pinturas murales que hoy se reparten entre el Museo del Prado y el Metropolitan de Nueva York.

La versión termal, sin embargo, propone otra forma de acercarse a ese universo: una poza de agua caliente en el espacio que reinterpretaría la nave y una poza de agua fría donde se encontraría el ábside, ambas bajo un juego de luces y volúmenes que replica el gesto de la palmera mozárabe. Bea Barrio lo resumió mejor que nadie: "Flotar boca arriba mirando unas bóvedas inspiradas en el siglo XI ha sido de lo más emocionante que he vivido últimamente." 

Los comentarios en sus vídeos lo confirman: desde "qué pasada, no sabía que existía esto" hasta quien afirma haber estado en la ermita original y sentirse "maravillado" al ver que alguien había logrado llevar esa estética a un espacio de agua caliente. También hay voces que preguntan si esta reinterpretación resta autenticidad al patrimonio, o si su coste elevado la vuelve inaccesible. 

Lo singular no es solo la ambientación, sino el diálogo que se establece con la ermita original. En Casillas de Berlanga, el visitante se enfrenta a la piedra desnuda, al silencio absoluto y a una arquitectura casi secreta. En El Burgo de Osma, en cambio, se siente el eco emocional de esa forma, pero a través del cuerpo: agua a 38 °C envolviendo la palmera, vapor ascendiendo hacia la bóveda recreada y un silencio que recuerda al recogimiento de los monasterios. No sustituye a la original ni pretende hacerlo, pero la complementa con una lectura contemporánea que invita a mirar el patrimonio desde otro ángulo.

El Burgo de Osma: el escenario perfecto para esta inmersión medieval

Hablar de esta experiencia exige hablar del pueblo que la acoge. Bea Barrio siempre subraya que El Burgo de Osma es "uno de esos lugares que te dejan sin prisa", y quienes comentan sus vídeos coinciden: hay quien vuelve solo para pasear por el claustro gótico de la Catedral, quien recuerda con nostalgia haber llegado con un viaje organizado y quien se queda con ganas de más porque "se vio todo demasiado rápido". La villa tiene ese encanto discreto que solo tienen los pueblos que han sabido preservar su elegancia medieval sin convertirla en escenografía.

Un plan perfecto (como sugiere ella misma) mezcla patrimonio, gastronomía y la escapada termal. Así, propone desayunar entre soportales, recorrer el claustro renacentista del balneario, asomarse al puente sobre el río Ucero, visitar la Catedral con calma y después, al caer la tarde, reservar la experiencia de San Baudelio. Y si el viaje busca completarse, la opción natural es conducir hasta Casillas de Berlanga para entrar en la ermita verdadera. 

Aunque Castilla Termal ha desarrollado otros circuitos inspirados en patrimonio (como recreaciones en Olmedo o Valbuena), ninguno ha generado tanto impacto como el dedicado a San Baudelio.

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