Soria, ejemplo para Europa por la red de autocuidados vecinales
Los usuarios se convierten en «agentes de salud» en este proyecto de Yolanda Lapeña que además revitaliza los pueblos y que presentará en el Congreso Mundial de Enfermería que se celebrará en Sao Paulo en octubre

Participantes en la red de autocuidados de Yolanda Lapeña en Deza.
La pandemia evidenció más aún las necesidades del medio rural, con población envejecida, soledad, polimedicación, aislamiento, baja conectividad y escasa cobertura de servicios sociales y sanitarios, lo que llevó a la enfermera-doctora Yolanda Lapeña a poner en marcha una red de autocuidados vecinales en Deza, donde entonces se encontraba trabajando, y con unos “resultados casi inmediatos”.
Una iniciativa en la que los vecinos se convirtieron en protagonistas como “agentes de salud”, al hacerse cargo ellos mismos de sus cuidados cotidianos, no profesionales, siempre guiados por la enfermera comunitaria, que actúa como guía y facilitadora. Un proyecto que el año pasado obtuvo el premio a la Mejor Comunicación de la Gerencia de Sanidad en Soria, y que se ha convertido en ejemplo a seguir en Europa para replicarse en los territorios rurales. Y en octubre participará como ponente invitada en el Congreso Mundial de Enfermería 2026, que se celebrará en Sao Paulo.
Yolanda Lapeña empezó con un grupo de vecinos y la implicación se fue extendiendo hasta contar con una red formada por medio centenar de personas tras realizar entrevistas individuales y grupos de discusión. “En cuanto se corrió la voz todos querían participar”, recuerda esta enfermera orgullosa.
“Diseñamos un plan formativo para llevar a cabo con el objetivo de que fuera algo dinámico, en función de la disponibilidad de cada uno”. Así, se establecieron reuniones participativas y talleres prácticos una vez a la semana donde se iban planteando las necesidades que iban surgiendo. “A través de la red la gente confía en su enfermera, porque se crea un vínculo especial entre el ciudadano y el profesional. Es una forma de mostrar el liderazgo de la comunidad a través de la enfermera. Lo mejor es la satisfacción de los vecinos, que se sienten bien porque son capaces de resolver muchos aspectos y de ayudarse entre ellos, lo que les empodera como agentes de salud”.
La importancia de este proyecto radica en que se trata de una estrategia real que se puede aplicar en cualquier otro pueblo o territorio no sólo de la provincia, sino del resto de la Comunidad e incluso por otras zonas despobladas del país y de Europa, donde “no existe nada parecido porque es una forma de cambiar la atención en el medio rural”, asegura Lapeña.
A partir de un diagnóstico previo, que materializó en un artículo publicado el pasado mes de septiembre en la revista ‘Enfermería Comunitaria’ bajo el título ‘Necesidades de Autocuidados en el mundo rural: un estudio cualitativo’, planteó una intervención con la comunidad como protagonista y la enfermera, una guía.
Asegura Lapeña que “los resultados de la puesta en marcha de la Red fueron tan significativos como transformadores”, primero por la aceptación de la iniciativa y el entusiasmo que pusieron los participantes, expresando orgullo, ilusión y la sensación de “revivir” gracias al proyecto. “La Red se convirtió en un espacio de pertenencia, motivación y ruptura de rutinas”.
Además del empoderamiento para el autocuidado, ya que tras las sesiones formativas, los miembros se sintieron más capaces de gestionar sus problemas de salud, mejorar su adherencia terapéutica y ayudar a otros vecinos, “se convirtieron en agentes de salud locales, reforzando la visión de autocuidado promovida por la Organización Mundial de la Salud”.
Empezaron a mantener unas relaciones vecinales más empáticas. “La Red fortaleció la cohesión social y por ejemplo personas que apenas se relacionaban empezaron a compartir paseos, juegos, tareas y acompañamientos. Los participantes describieron sentirse más unidos, más vivos y más conectados con su pueblo”.
Uno de los hallazgos más potentes fue que las personas sentían mayor satisfacción al ayudar que al ser ayudadas. “Ayudar se relacionaba con salud, vitalidad y propósito. También, recibir ayuda dejó de percibirse como signo de debilidad para convertirse en parte del cuidado compartido”.
El proyecto trascendió el grupo y fue reconocido por autoridades, medios y el resto del pueblo. Incluso se creó un logo propio y se presentaron públicamente las actividades, reforzando la identidad de la Red. Y se demostró además un impacto real en la salud. Se observó una reducción en las visitas a la consulta médica por demandas sentidas. Los vecinos vulnerables recibieron acompañamientos y apoyos directos, y hubo una participación relevante en todas las actividades planificadas por la Red.
En todas las fases del proyecto la enfermera familiar y comunitaria fue clave porque detectaba necesidades desde la consulta y la visita domiciliaria; lideraba y coordinaba con metodología científica, usando el ciclo de mejora continua y la evidencia disponible; formaba, orientaba y acompañaba al grupo, cuidando que cada participante pueda crecer, aprender y aportar; e impulsaba el empoderamiento, no solo individual, sino colectivo.
Además, innovó en el medio rural, incorporando a una enfermera mentora a distancia para romper el aislamiento profesional. “Esta característica es muy reseñable en nuestro proyecto, pues se llevó a cabo con otra profesional experta en autocuidados y líder en gestión enfermera con el fin de guiar al grupo y trabajar con la comunidad de manera más global usando la teleenfermería para implementar cuidados enfermeros y empoderar a los ciudadanos en la autosuficiencia de sus cronicidades”.
Un rol, que demuestra que las enfermeras comunitarias no solo cuidan a nivel clínico, sino que cuidan desde la comunidad, transforman realidades y son motor de cambio social, especialmente en entornos vulnerables.
A su vez, la comunidad pasó de ser receptora a ser protagonista porque identificó necesidades reales, diseñó soluciones, ayudó de forma voluntaria y organizada, generó un espacio seguro para compartir, aprender y participar, y asumió responsabilidad sobre su propia salud y la de sus vecinos.
“Este modelo ha demostrado que crea redes de apoyo reales, sostenibles y adaptables, que favorecen el envejecimiento en casa, la autonomía y la calidad de vida. Y que la salud también se construye desde la cercanía, la solidaridad y el empoderamiento. Una salud comunitaria en el medio rural que es posible, efectiva y transformadora cuando enfermeras y ciudadanía trabajan juntas”.
Porque la innovación no es sólo tecnología: es red, es vínculo, es participación.
Sostiene Lapeña que este proyecto no solo mejora la salud, sino que revitaliza pueblos, fortalece comunidades y consolida el papel de la enfermera comunitaria como líder en promoción de la salud en el mundo rural.
Actualmente está trabajando en dos líneas principales. Por un lado, en la elaboración de un segundo artículo científico centrado en la creación, puesta en marcha y evaluación de los beneficios de la Red de Autocuidados Vecinales en la comunidad, con el objetivo de publicarlo en una revista de impacto internacional, que ha sido posible gracias a la financiación obtenida tras recibir el primer premio en la convocatoria de proyectos de buenas prácticas en acción comunitaria en salud otorgado por el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca, lo que supone un importante respaldo científico y académico al proyecto.
De forma paralela, trabaja en impulsar la difusión de esta experiencia dentro de la Gerencia Regional de Salud de Castilla y León, con el objetivo de poder implementar este modelo en otros municipios rurales con características similares. “La Red de Autocuidados Deza es un proyecto estructurado, basado en evidencia científica, replicable y adaptable, que responde a necesidades reales del medio rural y se alinea con las estrategias actuales de envejecimiento activo, atención comunitaria y sostenibilidad del sistema sanitario”.
Y es que está generando una gran expectación en el ámbito sanitario y social como ejemplo “factible y viable”. A raíz de su desarrollo, la impulsora fue invitada por el Ministerio de Sanidad a participar en la jornada del Día Mundial de la Salud para explicar la iniciativa. Además, recientemente ha formado parte de un panel de expertos internacionales sobre envejecimiento rural activo, invitada por la Fundación Diagrama, entidad que trabaja a su vez para el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. En este contexto, intervino en varios webinars y en una reunión con responsables de proyectos de Escocia, Reino Unido, Noruega e Islandia. Y en octubre lo difundirá en el Congreso Mundial de Enfermería, que se celebrará en Sao Paulo.
Todo ello pone de manifiesto que no se trata de una iniciativa aislada, sino de un modelo con un enorme potencial de impacto. “Para que proyectos como este puedan consolidarse y extenderse, es imprescindible el apoyo de gestores y responsables políticos, apostando de forma decidida por la enfermería comunitaria y por modelos de salud que fortalecen a las comunidades, optimizan recursos y contribuyen a revitalizar el medio rural. Invertir en este tipo de proyectos es invertir en salud, cohesión social y futuro para nuestros pueblos”.