Heraldo-Diario de Soria

El pueblo de Soria donde todavía se conservan cinco palomares del siglo XIX

Se han convertido en una de las imágenes más reconocibles de este pequeño municipio soriano próximo a Medinaceli

Una de las calles de la localidad de Yelo.-V.G.

Una de las calles de la localidad de Yelo.-V.G.

Patricia de la Torre
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Hay pueblos que se reconocen por una iglesia, un castillo o una plaza. Yelo se reconoce por cinco palomares. Quien llega a esta pequeña localidad del sur de Soria desde el entorno de Miño de Medinaceli se encuentra con una escena difícil de confundir: cinco construcciones cuadradas se elevan sobre un cortado rocoso, alineadas sobre el paisaje como si llevaran siglos vigilando el camino. No son una recreación turística ni un decorado levantado para atraer visitantes. Son arquitectura rural y una de las huellas más singulares de una forma de vida que prácticamente ha desaparecido.

La posición es buena parte del secreto. Los palomares no se esconden entre las calles ni aparecen dispersos por el término municipal, sino que se encuentran encaramados sobre un risco a la entrada de Yelo, formando una secuencia arquitectónica que domina visualmente el entorno.

Son cinco y son cuadrados, una característica que también los distingue de la imagen redonda que habitualmente se asocia a muchos palomares tradicionales castellanos.

Yelo conserva una arquitectura rural hecha con piedra y barro

Los palomares de Yelo están construidos principalmente con piedra y barro y las fuentes turísticas provinciales sitúan su construcción en el siglo XIX. Su función era eminentemente práctica: albergar palomas y permitir el aprovechamiento de los recursos vinculados a su cría, una actividad que durante siglos tuvo sentido dentro de las economías agrícolas tradicionales.

El palomar era mucho más que una caseta para aves. Los pichones podían incorporarse a la alimentación y la palomina, el excremento acumulado por las aves, tenía valor como fertilizante agrícola. Ese aprovechamiento explica que estas construcciones aparezcan repetidamente en territorios castellanos donde agricultura y ganadería estructuraban la economía doméstica.

Con el tiempo, esa función desapareció. Los palomares de Yelo dejaron de utilizarse durante el siglo XX y hoy ya no albergan las colonias de palomas para las que fueron concebidos.

Su interés, sin embargo, no ha desaparecido con el uso. Ha ocurrido prácticamente lo contrario: al perder su función productiva, su dimensión arquitectónica, etnográfica y paisajística se ha vuelto todavía más evidente.

Desde la carretera, los cinco edificios parecen casi idénticos. Al aproximarse empiezan a aparecer las diferencias.

Las fuentes consultadas describen anchuras distintas entre las construcciones y detalles ornamentales propios en algunos remates. Guía Repsol señala además una particularidad especialmente llamativa: algunos conservan inscripciones religiosas, entre ellas una dedicada a Jesús y María, y apunta a su antigua relación con la Iglesia.

Ese detalle ayuda a entender por qué visitar Yelo no consiste únicamente en fotografiar cinco siluetas desde la distancia. La gracia está en observar cómo una construcción estrictamente funcional podía incorporar también símbolos, acabados y pequeñas decisiones estéticas que terminaban identificándola.

La piedra contribuye además a fundir los palomares con el propio terreno. Desde determinados puntos, parecen una prolongación vertical del cortado sobre el que se asientan. El paisaje y la arquitectura dejan de entenderse por separado.

Yelo pertenece a la comarca de Arcos de Jalón y se encuentra relativamente cerca de Medinaceli, uno de los grandes polos patrimoniales del sur de Soria. Esa proximidad permite incorporar la localidad a una escapada por una zona donde se concentran vestigios romanos, arquitectura medieval y paisajes de la meseta soriana.

Aparecen elevados sobre la roca, separados del caserío y lo suficientemente próximos entre sí como para funcionar visualmente como un único conjunto. Desde lejos parecen casi una pequeña muralla; desde cerca recuperan su identidad individual.

En una provincia llena de románico, castillos, despoblados y paisajes que parecen detenidos en otra época, Yelo conserva uno de esos patrimonios que resulta fácil pasar por alto hasta que aparece delante de los ojos.

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