El pueblo de Soria que perdió a todos sus vecinos pero conserva una historia única

Uno de los grandes símbolos de la despoblación de las Tierras Altas de Soria. Sus ruinas guardan un pasado ligado al agua, los olivos y la vida rural

El municipio de Villarijo se ubica en un valle junto al río LinaresHeraldo de Soria

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Villarijo es uno de esos lugares de la provincia de Soria donde el silencio cuenta una historia. Esta localidad despoblada del municipio de San Pedro Manrique, en la comarca de Tierras Altas, quedó sin vecinos tras décadas de abandono rural, pero sus calles vacías todavía conservan las huellas de una comunidad que durante siglos vivió adaptada a un territorio duro y singular. 

Entre sus elementos más destacados aparecen su antiguo trujal, sus cultivos de olivos y una relación muy especial con las aguas del río Linares.

Un pueblo soriano marcado por la agricultura, la ganadería y el aislamiento

La historia de Villarijo está vinculada a la forma de vida tradicional de las Tierras Altas de Soria, una zona donde pequeños núcleos rurales sobrevivieron durante generaciones gracias a la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento de los recursos naturales. Su ubicación, en un valle junto al río Linares y cerca del límite con La Rioja, le permitió contar con unas condiciones diferentes a otros pueblos serranos de la provincia.

Uno de los aspectos más curiosos de Villarijo fue su producción de aceite. Aunque pueda sorprender por encontrarse en una provincia asociada al frío y a los paisajes de montaña, la localidad disfrutó de un clima más suave debido a su baja altitud. De hecho, junto con Cigudosa, es uno de los puntos situados a menor altura de la geografía soriana, circunstancia que favoreció la presencia de olivos.

Ese pasado agrícola dejó una pieza patrimonial excepcional: el antiguo trujal de Villarijo, considerado el único molino de aceite tradicional de la provincia de Soria. Hoy permanece como recuerdo de una actividad económica que tuvo importancia para los habitantes del pueblo y que desapareció cuando la población comenzó a marcharse.

Durante el siglo XVIII, Villarijo era una comunidad activa. Los documentos históricos reflejan una población dedicada principalmente al campo y al ganado, con vecinos que poseían rebaños, animales de trabajo y colmenas. También contaba con servicios propios de un pequeño núcleo rural, como una taberna, panadería y mesón.

El éxodo rural que convirtió a Villarijo en un pueblo abandonado

La desaparición de habitantes de Villarijo no fue consecuencia de un único motivo, sino de la suma de varios factores. La falta de buenas comunicaciones, la dureza de la vida rural y el declive de actividades tradicionales como la ganadería trashumante fueron debilitando poco a poco la población.

A mediados del siglo XX llegó uno de los cambios más importantes para la zona. La adquisición de terrenos por parte del Estado, a través de organismos forestales, para realizar repoblaciones de pinos transformó el paisaje y redujo algunas de las posibilidades económicas tradicionales de sus habitantes.

El descenso demográfico fue progresivo. Los vecinos fueron marchándose hacia ciudades y municipios con más oportunidades laborales y servicios, hasta que Villarijo quedó finalmente despoblado. Antes de ese proceso, el pueblo había tenido una presencia mucho mayor: en el siglo XIX llegó a contar con más de un centenar de habitantes y durante el siglo XX todavía mantenía una comunidad estable.

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Hoy, recorrer Villarijo supone acercarse a una parte de la memoria rural de Soria. Las antiguas viviendas, la iglesia de San Lorenzo y el viejo trujal recuerdan cómo era la vida en un pueblo que no desapareció por falta de historia, sino por los profundos cambios sociales y económicos que transformaron muchas zonas rurales de España.