Heraldo-Diario de Soria

Soria vive su momento clave para la micología que urge al menos 50 litros de agua

Las temperaturas suaves favorecen la fructificación, pero es requisito que haya fenómenos tormentosos durante al menos tres o cuatro días de manera ininterrumpida

Recolectando setas en un monte de la provincia de Soria.

Recolectando setas en un monte de la provincia de Soria.MARIO TEJEDOR

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Arrancan dos semanas cruciales para la temporada micológica de otoño, la más importante para los recolectores ya que fructifican las especies comerciales y culinarias más conocidas. Y es que las condiciones meteorológicas de estos quince días son claves para que haya una producción óptima de setas en la provincia o se quede la campaña sin resultados. En estos momentos el suelo arrastra una sequía importante, dado que apenas se han registrado precipitaciones en todo el verano, a excepción de zonas muy puntuales, a lo que se suman las continuas olas de calor en Soria, con mínimas muy por encima de la media para este territorio.

Porque según constata el científico del INIA-CSIC y director del EMI, Fernando Martínez Peña, «el verano ha sido en general muy seco y muy caluroso con temperaturas de más de 4,5 grados de lo normal en gran parte de la provincia y con precipitaciones que no llegaron al 25% de lo normal». Circunstancias que han reducido drásticamente las reservas de agua de los suelos forestales durante gran parte del verano agostando pastos y afectando a las condiciones fisiológicas de muchas especies forestales.

No obstante, las temperaturas suaves de estos días, unido a las lluvias que han caído en buena parte de la provincia, son un punto a favor de la fructificación de las especies, si bien son todavía muy escasas, de modo que haría falta mucha más agua para conseguir el despegue micológico. Especialmente se han producido en la zona noreste de Soria, pero que «en ningún caso es generalizable a toda la provincia ni a las principales zonas de producción».

Los expertos apuntan a que la situación puede dar un giro de 180 grados si los termómetros se mantienen como en la actualidad, con máximas que no superen los 25 grados y mínimas alrededor de los 10, condicionada a que al menos caigan entre 60 y 80 litros por metro cuadrado. E incluso en algunas zonas más secas harían falta hasta 120 litros por metro cuadrado.

El técnico del área de micología y truficultura de la Fundación del Centro de Servicios y Promoción Forestal y de su Industria de Castilla y León (Cesefor), José Miguel Altelarrea, constata que la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre son claves para la fructificación, que es cuando debe llover, dado que hasta ahora se han registrado muy pocas tormentas y apenas se ha acumulado precipitación en el suelo de los montes, salvo en zonas muy puntuales. Sí que reconoce que las temperaturas de estos días son muy favorables, pero es imprescindible la lluvia. «Todo depende de las condiciones meteorológicas: si vienen precipitaciones vendrá mejor campaña».

Con la mirada puesta en la temporada pasada, Altelarrea cree probable que venga mejor porque fue "terrible”. De hecho, los resultados fueron los peores de los últimos 30 años, con lo que a poco que llueva remontará los datos del año pasado. Eso sí, tiene que haber fenómenos tormentosos y con temporal al menos durante tres o cuatro días seguidos.

En cuanto a los litros de agua necesarios, el técnico de Cesefor sostiene que hay un margen muy amplio que depende de cada zona: «En algunos sitios con 60 u 80 litros será suficiente para que despierte la producción, pero en otros se necesitarán 120 litros. Depende de lo que aguante la humedad en el suelo y de lo que retenga cuando llueva».

Y es que las continuas olas de calor durante los meses de junio, julio y agosto no han dado tregua al monte, y han contribuido a secar todo en exceso.

Así con todo, toca esperar, ya que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) predice para esta próxima semana temperaturas máximas que superarán los 30 grados y mínimas entre los 12 y los 13 grados, pero sin precipitaciones a la vista.

Martínez Peña cree que en aquellas zonas donde las precipitaciones hayan sido más abundantes, y sumado a la bajada de temperaturas, “podría activarse la formación de primordios de especies termófilas como Amanita caesarea o Boletus grupo edulis, pero con mucha incertidumbre pues la previsión de Aemet para los próximos días no vislumbra más lluvias y las temperaturas tenderán a subir progresivamente». No obstante, señala que la activación temprana de primordios tiene un riesgo si no viene acompañada de más lluvias y temperaturas suaves, ya que pueden deshidratarse dichos primordios y malograrse lo que dificulta mucho la aparición de nuevas fructificaciones.

«Recordamos que los hongos necesitan al menos dos semanas desde la llegada de las precipitaciones para iniciar la fructificación de primordios y desarrollarse a un tamaño razonable para la recolección». Por tanto, considera que “entrar el monte a recolectar antes de tiempo no es recomendable, genera pérdidas de producción por pisoteo de ejemplares en formación”, por lo que pide que seamos «pacientes».

"La campaña ideal según nuestros datos sería aquella que registrase un fuerte contraste hidrotérmico a finales de agosto/principios de septiembre, para activar las fructificaciones de primordios, es decir, precipitaciones abundantes superiores a 50 litros y bajada de temperaturas. Posteriormente, sería ideal un régimen de temperaturas suaves y precipitaciones en octubre y noviembre que mantengan los suelos con buenos niveles de humedad pero sin llegar a saturarlos". Aún así, siempre hay un 40% de la variabilidad de la producción micológica que no depende de las condiciones meteorológicas sino de otros factores bióticos (interacciones con microorganismos del suelo, parásitos, insectos micetófagos, fisiología de los árboles y reservas de carbohidratos de la red fúngica….).

Los que no tienen buenas expectativas son los productores de trufa negra en la provincia. «A la trufa los excesivos calores y las mínimas por encima de 20 grados le han venido fatal», indica Altelarrea. Porque necesita que haya diferencia térmica entre el día y la noche y precipitaciones, que han brillado por su ausencia, de modo que las explotaciones con riego se verán menos perjudicadas, aunque las mínimas tan elevadas les van a afectar de manera similar. «Hay que esperar también para ver cómo evoluciona durante el otoño, pero los productores a día de hoy no están contentos». 

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