Los olmos que sobrevivieron a la enfermedad que diezmó la especie en España pueden ayudar ahora a recuperarla desde Soria

La empresa soriana Föra coordina un proyecto que estudia cómo devolver al olmo ibérico un lugar en los bosques y en la economía rural

Los alumnos de la Arboleda plantaron olmos en el CastilloMARIO TEJEDOR

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Los olmos que quedaron en pie cuando la grafiosis hizo desaparecer buena parte de los grandes ejemplares españoles guardaban algo más que el recuerdo de un paisaje perdido. Algunos conservaban características que les permitían resistir la enfermedad. Décadas de investigación han convertido esa supervivencia en una oportunidad: seleccionar árboles tolerantes, reproducirlos y estudiar cómo pueden volver a ocupar un lugar en el territorio.

Soria participa ahora en ese camino a través de Föra, la empresa que asume la coordinación técnica de GO OLMOS. El proyecto parte de los avances obtenidos con el olmo ibérico, Ulmus minor, y busca recuperar su aprovechamiento como productor de madera de calidad. Su trabajo se centra en inventariar plantaciones y ensayos existentes, evaluar su comportamiento y ofrecer herramientas para orientar futuras plantaciones.

La enfermedad que cambió el paisaje de los olmos

La grafiosis está causada por hongos que colonizan los vasos conductores del árbol y dificultan su abastecimiento de agua. Su expansión, favorecida por pequeños escarabajos, provocó una pérdida de olmos que transformó bosques, riberas y plazas. La segunda gran epidemia, asociada a Ophiostoma novo-ulmi, fue especialmente destructiva para los ejemplares adultos en España.

En Soria, aquella pérdida tiene un nombre reconocible: el antiguo Árbol de la Música. El olmo que durante más de tres siglos ocupó ese espacio de la Alameda de Cervantes desapareció a causa de la grafiosis. Su historia recuerda que la enfermedad afectó también a árboles que formaban parte de la vida cotidiana y de la identidad de las ciudades.

La respuesta científica española comenzó mucho antes de este nuevo proyecto. En 1986, el ICONA y la Escuela de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid impulsaron un programa de conservación. La dificultad para controlar eficazmente el hongo y su transmisión llevó a concentrar los esfuerzos en los árboles que habían sobrevivido y en las razones de su resistencia.

Cómo se comprueba la resistencia de los olmos

Encontrar un olmo sano en una zona afectada constituye una pista, pero todavía hay que comprobar qué explica su supervivencia. El ambiente, la edad y las características del propio árbol pueden influir. Por eso, la selección requiere reproducir los candidatos y observar su respuesta cuando se les inocula el patógeno en condiciones experimentales.

La reproducción vegetativa permite obtener nuevos árboles a partir de un ejemplar seleccionado conservando su identidad genética. En los trabajos de investigación también se ha utilizado la micropropagación. Una vez establecidos los clones en parcelas de ensayo, se evalúan los daños que causa el hongo, entre ellos el marchitamiento de la copa, y se compara su comportamiento.

Ese proceso ha permitido obtener materiales destinados a la recuperación del olmo. En 2014 se incorporaron siete clones de Ulmus minor tolerantes a la grafiosis al Catálogo Nacional de Materiales de Base. Fue un paso decisivo para que pudieran utilizarse como material forestal de reproducción, después de años de selección y pruebas.

Los olmos de Soria y el siguiente paso del proyecto

La recuperación ya tiene ejemplos visibles en la capital soriana. En marzo de 2025, escolares de La Arboleda participaron en la plantación de cuarenta olmos resistentes a la grafiosis en las laderas del Castillo, dentro del programa BRERA. La actividad permitió acercar a los niños tanto la plantación y el cuidado de los árboles como una enfermedad que había marcado el arbolado de la ciudad.

GO OLMOS aborda ahora otra escala de trabajo. Sus modelos incorporarán información sobre el suelo, el clima y el crecimiento para recomendar materiales adecuados a distintas condiciones. También prevé emplear herramientas digitales para evaluar los árboles y analizar las propiedades de su madera. El objetivo es que propietarios y gestores dispongan de criterios para decidir dónde y cómo plantarlos.

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Föra comparte esta tarea con FAFCYLE, Madera Plus, Bosques Naturales y Sorbus, con la participación de las universidades de Valladolid, Politécnica de Madrid y Vigo. La iniciativa conecta la conservación con un posible aprovechamiento económico. Los árboles tolerantes son el punto de partida; comprobar su adaptación, su productividad y la calidad de su madera será lo que permita valorar su futuro forestal.