Heraldo-Diario de Soria

La calle más cercana a un Papa que homenajea a un jesuita nacido en un pueblo de Soria, muerto en Roma y enterrado en Madrid

El religioso ocupó el generalato de la Compañía de Jesús, fue muy estimado por la Curia pontificia y se dice de él que fue el soriano que más cerca ha estado de ser Papa

Calle Diego Laínez en Soria, que parte de Nicolás Rabal.

Calle Diego Laínez en Soria, que parte de Nicolás Rabal.MARIO TEJEDOR

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En el callejero de Soria no hay ningún Papa. La ciudad sí homenajea a personajes históricos relacionados con la Iglesia, religiosos o curas, pero ningún Sumo Pontífice entre sus paseos, avenidas o callejuelas. No obstante, sí hay un nombre entre todos ellos, alguien cercano a la Curia romana, nacido en la provincia, de quien se dice que fue el soriano que más cerca ha estado de ser Papa.

Vivió en el siglo XVI y fue jesuita, como el recién fallecido Papa Francisco. Era sin duda otro tiempo en el que la designación de jefe de la Iglesia seguía otros designios, tales que el papable podía rechazar serlo. Y éste fue el caso de nuestro protagonista, Diego Láinez, que renunció a ello.

"En alguna ocasión fue convocado para que aceptara ocupar la silla pontificia y renunció a ello, porque no se consideraba digno de honor semejante". La cita aparece recogida en el libro Todas las calles de Soria, en el que su autor, Miguel Moreno, habla sobre la calle en cuestión, una vía muy frecuentada por adolescentes y gente joven en algunas horas del día.

La calle Diego Láinez va desde Nicolás Rabal, en su tramo superior, hasta Alonso Velázquez y Santa Teresa de Jesús, confluyendo también en su inicio el paseo de San Francisco. Su rotulación, tal y como suscribe el que fuera cronista de Soria, "viene a ser un testimonio de paisanaje y consideración al eminente soriano de la villa de Almazán, el padre Diego Láinez" una de las figuras más relevantes del siglo XVII.

Láinez perteneció a la recién nacida Compañía de Jesús, con Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Francisco de Borja, y, a la muerte del fundador y primer general de la orden -Ignacio de Loyola-, el adnamantino ocupó el generalato, tal y como recoge la citada publicación. Peregrinó por Tierra Santa y se instaló en Venecia, donde se extiende su fama de catequista y orador, así como en otras ciudades como Roma y Florencia.

Cercano a la curia pontificia, el jesuita soriano fue muy estimado por ella y entre los obispos italianos y españoles, así como por los padres conciliares, según Moreno, quienes pusieron tanta confianza en él "que acordaron suspender las sesiones del Concilio si el padre Laínez no podía asistir a ellas", suscribe Todas las calles de Soria. Valoraban, así, tanto la claridad de su inteligencia como "la misma santidad de su vida". Los papas Paulo III, Paulo IV y Marcelo II "lo tuvieron por consejero de probada sabiduría y virtud".

La calle Diego Laínez de la capital, según se sube desde Nicolás Rabal, apenas tiene números de viviendas en su mano izquierda, donde encontramos el instituto Virgen del Espino. A manos derecha se encuentran bloques de pisos de reciente construcción. La vía va a dar al instituto Castilla.

Además de la calle de la que hablamos, la ciudad de Soria reconoce la importancia histórica de Láinez con una de las ocho estatuas que jalonan la entrada del Palacio Provincial, a las puertas de la Diputación.

Su pueblo, Almazán, le honra también con una estatua y el nombre de un colegio. Fallecido en Roma el 19 de enero de 1556, está enterrado en Madrid, concretamente en la catedral de San Isidro, adonde fueron trasladados en 1667.

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