PERSONAJES DE SAN JUAN | VIERNES DE TOROS

«En San Juan vivo en la plaza de toros»

Alfredo Rodríguez Tejedor es el veterinario más veterano de los cinco que ‘vigilan’ los festejos taurinos

Alfredo Rodríguez, en la plaza de toros.-ÁLVARO MARTÍNEZ

Soria

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He aquí un protagonista de las fiestas de San Juan en la trastienda. Lleva siéndolo la friolera de 34 años y como él otras cuatro personas, aunque él es con creces el más veterano. Se llama Alfredo Rodríguez Tejedor y es el veterinario ‘jefe’ de la ‘quinta del toro’. Esto es, los cinco veterinarios encargados de los festejos taurinos que se hacen en Soria. Se dividen en dos equipos que integran además Pilar Almajano García, Vicente Hernández Ruiz, José Ángel Gómez Millán y María Jesús Melendo Rodríguez. Es una tarea a la que puede optarse y que «va por puntuación», explican fuentes del Colegio de Veterinarios de Soria.

De los dos equipos veterinarios, uno se encarga del Desencajonamiento, Lavalenguas, Compra y Saca (dos cada día), además de las corridas del Miércoles el Pregón y las del fin de semana (un veterinario más). El otro equipo (dos) está en las vaquillas de la Saca, el Viernes de Toros y en San Saturio.

«Yo en San Juan vivo en la plaza de toros; menos mal que me gustan los toros que si no...», añade Alfredo (Soria, 1951), de los colegiados más veteranos que resume su tarea con una afirmación que sabe a poco: «Procuramos defender al espectador dentro de nuestras posibilidades». ¿Cómo? Garantizando el cumplimiento de un exhaustivo reglamento taurino. La faena del veterinario no es baladí. Es uno de los tres miembros sentados en la Presidencia de una corrida de toros -presidente, veterinario y asesor taurino-. Y hacia ellos pueden apuntar ovaciones pero también pitos e improperios. Bien que lo sabe Alfredo Rodríguez, que tuvo el año de su estreno «la experiencia más negativa» de su trayectoria, cuando «se suspendió la corrida por invasión del público en la plaza».

Fuera de aquel suceso, no se recuerda ningún incidente. «Nos fijamos en la movilidad del toro y en su presencia, en el trapío...», explica Alfredo, refiriéndose a las características externas, que los pitones no estén escobillados, la cabeza no sea estrecha de sienes, la buena visión del animal («para ver si responde o no a los movimientos»), si hay defecto de aplomo... Todo se recoge en el acta». Se ocupan del antes (también el pesaje), del durante, y del después (si no hay desolladero, el toro se sangra y se traslada en vehículo adecuado al matadero o sala habilitada).

En su faceta de aficionado, Alfredo reconoce que le gustan los toros, pero los ve «de forma diferente» por su profesión. No va a dehesas ni a fincas, ni es amigo de ganaderos. La imparcialidad preside la tarea veterinaria en la plaza. Si algo no sale bien «la culpa no se echa al torero, ni al ganadero, va a la presidencia», asume. Alfredo tendría que remontarse décadas para encontrar unas fiestas que viviera a tope. «A partir de segundo (hizo Veterinaria en Zaragoza), terminaba los exámenes después de San Juan», cuenta.

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De entre todos los días, elige el Lunes de Bailas «por la relajación» que supone haber dejado atrás cinco días intensos, y el ‘Adiós, adiós, San Juan’, que vive en directo. Pese a ver los toros con otros ojos, el veterinario es un fiel defensor del toro de lidia que «no existiría si no hubiera espectáculos taurinos. Los cuatro años que viven en libertad en las dehesas, no los vive ningún otro toro».