Heraldo-Diario de Soria

Silvestre y Segundo, dos sorianos mártires de la fratricida Guerra Civil española

Nacidos en Villar del Campo y Mezquetillas, pertenecieron a la Orden de Hospitalarios de San Juan de Dios y fueron asesinados en 1936

Silvestre Pérez y Segundo Pastor.

Silvestre Pérez y Segundo Pastor.HDS

Publicado por
José V. de Frías Balsa
Soria

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El próximo día 25 debería celebrarse, caso de no haber sido domingo, la fiesta litúrgica de dos beatos sorianos, asesinados en Málaga por milicianos comunistas, junto con otros seis hermanos de la comunidad del Sanatorio Psiquiátrico San José de dicha ciudad, en concreto Silvestre Pérez Laguna (1873-1936) y Segundo Pastor García (1885-1936). También, la misma fiesta de los beatos Jesús Adradas Gonzalo (1878-1936) y Gonzalo Gonzalo Gonzalo (1909-1936), tío y sobrino, naturales, de Conquezuela; si bien estos fueron sacrificados, respectivamente, el 28 de noviembre, en Paracuellos del Jarama, y el 4 de agosto, en la calle madrileña de María de Molina. Y Pedro María Alcalde Negredo (1878-1936)), nacido en Ledesma de Soria, fusilado el mismo día y lugar que Jesús.

Además de los mencionados también fueron martirizados, en aquel año y en 1939, sorianos y sorianas nacidos en Ágreda, Alcubilla de las Peñas, Añavieja, Barahona, El Burgo de Osma, Coscurita, Deza, Esteras de Medinaceli, Jodra de Cardos, La Losilla, La Morcuera, Nódalo, Ólvega, Paones, Pedraja de San Esteban, Recuerda, Sagides, Soria, Valdeprado, Velamazán…

Al estallar la revolución marxista el superior del sanatorio, Gil de San José Lladó, no ocultó a los hermanos la verdad del momento y les invitó a que, cada uno, buscara el refugio en el lugar que creyera más seguro para librarse de la muerte, que esperaban de un momento a otro. Él prometió quedar al cuidado de los enfermos con el personal subalterno del sanatorio. Mas ante la oferta todos contestaron: ‘Padre, mucho agradecemos sus consejos, pero preferimos quedarnos. Ni abandonamos a los enfermos, ni queremos que usted quede solo. Nada tenemos que temer. Si nos matan habremos alcanzado el galardón más hermoso de nuestra Fe: el de morir mártires y la gloria eterna’.

La tarde del 17 de agosto, hacia las 6, llegaron al sanatorio diez coches con más de treinta milicianos, armados con fusiles y pistolas. Irrumpieron en la casa profiriendo insultos, palabras soeces y gritos amenazantes preguntando ‘¿dónde está ‘esa canalla’?’, ‘dónde están los frailes?’. Los hermanos, que en ese momento servían la cena a los enfermos, fueron detenidos y llevados junto a las tapias del Cementerio de San Rafael y, allí, sin trámite alguno, fusilaron a siete beneméritos hijos de San Juan de Dios. A uno le dispararon un tiro a bocajarro en un ojo, a otros lo hicieron primero en las extremidades para, de esta forma, prolongar más el martirio, rematándoles después. Uno de ellos, el más joven, logró huir, pero los asesinos, como si se tratara de la caza de una fiera, le persiguieron y, al darle alcance, acabaron con su vida terrenal. Su cadáver presentaba cuarenta y dos impactos. Los hospitalarios tuvieron una muerta santa siendo sus últimas palabras: ‘¡Viva a Cristo Rey!’.

El mismo día, si bien una hora más tarde, volvieron al psiquiátrico en busca del hermano Segundo al que, tras identificarse, montaron en un coche y se lo llevaron. Momentos después se oyó una detonación y, junto al puente de Los Martiricos, le fue segada la vida si bien consiguió la eterna.

Silvestre Pérez Laguna, el tercero de ocho hermanos, hijo de Doroteo y María, nació en Villar del Campo, el 30 de diciembre de 1873. Entró en la Escuela apostólica de Ciempozuelos en 1886, en 1890 tomó el hábito y el 10 de enero de 1892 hizo la profesión temporal para hacer la solemne en 1899.

Se distinguió por sus dotes intelectuales, su dedicación muy especialmente a los enfermos mentales y prestación de servicios en las farmacias de las comunidades en las que vivió, siendo superior de las de Valencia (1903-1905), Carabanchel Alto (1908), Granada (1911), Ciempozuelos (1914 y 1919), y secretario y consejero provincial (1914 y 1919). En 1922 formó parte de la primera expedición a Chile y ejerció de superior y delegado provincial de América. Volvió a Roma (1931) y se incorporó a la comunidad de Málaga (1934) como vice-superior. Su entereza, bondad, exquisito trato y prudencia se manifestaron durante los vaivenes de la persecución religiosa en España, cuando, en esta última ciudad, ante los malos tratos dados por los piquetes de la FAI al superior, fray Gil de San José Llado, con el fin de librarle de tanta tensión, se ofreció para sustituirle y recayeron sobre su persona todos ellos.

Segundo Pastor García vino a este mundo, el 29 de abril de 1885, en Mezquetillas, donde se le bautizó al día siguiente con el nombre de Pedro. Fue el segundo de dos hermanos del matrimonio formado por Félix y Escolástica. Ingresó en la Escuela apostólica en Ciempozuelos en 1900 de donde pasó a Carabanchel Alto para hacer el noviciado, tomando el nombre de Segundo en 1902. Emitió los votos el 20 de diciembre de 1903 y los solemnes el 3 de julio de 1921. Con fama de buen cocinero prestó su servicio en los hospitales de Ciempozuelos, Sant Boi de Llobregat, Palencia, Santa Águeda de Mondragón y Málaga, a cuyo sanatorio se incorporó en 1928.

Cuando el referido superior ofreció a los religiosos la posibilidad de abandonar el sanatorio y volver con sus familiares, hasta que pasaran esos momentos críticos, Segundo le respondió: ‘me quedo junto a los enfermos, pase lo que pase, y quiero correr la misma suerte…’ Y lo mismo manifestó a su madre, cuando le escribió, que se fuera con ella, ya ‘que con lo que había heredado de su tía y los ahorros que ella tenía, lo podían pasar bien”. Contestó: ‘que él no abandonaba la Comunidad pasara lo que pasara’.

Los restos mortales de Silvestre y Segundo, junto con los de sus compañeros mártires, Baltasar del Charco Horqués, Gumersindo Sanz Sanz, Honorio Ballesteros Rodríguez, Raimundo García Moreno, Jesús Peña Ojea y Salustiano Alonso Antonio, se hallan depositados en la cripta del Santísimo Cristo de la Agonía, en la catedral de Málaga. Allí aguardan la resurrección de los muertos que, según la secuencia del ‘Dies irae’, tendrá como testigos al rey David y a la Sibila:

Dies irae, dies illa,

solvet saeclum in favilla

testes David cum Sibylla.

La fiesta litúrgica de estos hermanos de la Orden Hospitalaria se celebra el día 25 de octubre. Habían sido beatificados, en Tarragona, el 13 de octubre del año de gracia de 2013.

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