Renacentista, BIC y con una espectacular galería porticada mirando al Duero: así es el Palacio de Almazán que ha sufrido un derrumbe
El edificio fue levantado por una familia de nobles, los Hurtado de Mendoza, y dio alojamiento a los Reyes Católicos

Derrumbe Palacio de los Hurtado de Mendoza en Almazán.
El señorial Palacio de los Hurtado de Mendoza o del Conde de Altamira de Almazán, fue levantado en el siglo XV por la familia de nobles que le dio nombre y que mantuvo una estrecha relación con la corte de los Reyes Católicos. Sus estancias sirvieron de alojamiento a los monarcas entre abril y junio de 1496.
Está ubicado en la plaza Mayor, junto a la iglesia románica de San Miguel y la Casa Consistorial, y es una de las joyas del patrimonio de la localidad soriana.
Un reciente derrumbe que afecta a una galería gótica amenaza su conservación, cuya propiedad está en manos privadas, aunque el Ayuntamiento ha tratado de comprarlo infructuosamente para intervenir en él.

Palacio con la galería antes del derrumbe.
El edificio, declarado Bien de Interés Cultural en 1991, se desarrolla alrededor de un imponente patio central y consta de planta baja, cuatro alturas y un torreón.
El solar conforma una única manzana de 2.000 metros cuadrados y la superficie total construida asciende a 5.384 metros cuadrados. En la planta baja se ubican las dependencias que en su día fueron almacén, carboneras y cuadras.
La entreplanta y la planta noble está dividida en la actualidad en viviendas y cuenta con otras estancias en las que destaca una galería con artesonado y el edificio está coronado por un torreón con una superficie de 70 metros cuadrados, al que se suma un jardín de 375 metros cuadrados.
La parte más antigua es la zona norte, donde está la galería gótica, que se ha derribado ahora parcialmente, que mira al río Duero. En 1565 Francisco Hurtado de Mendoza emprendió la ampliación del edificio y planteó el cuerpo de la fachada principal de estilo renacentista con ordenada distribución de vanos y muros, portada resaltada y torres enchapiteladas que no llegaron a finalizarse. Según los escritos, el autor fue Bartolomé Carlone, este arquitecto también fue contratista en las obras de El Escorial.
Esta circunstancia explicaría el aire italiano de la fachada, y a la vez su sobriedad. El elemento que más destaca de la fachada principal corresponde al escudo de armas de la familia Mendoza.
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