El Burgo de Osma sale a la calle para exigir una enfermera escolar para una niña de 3 años con una cardiopatía
Familias, docentes y sindicatos piden a la Consejería de Educación que rectifique la denegación de la solicitud para el CEIP Manuel Ruiz Zorrilla, donde estudia Zoe, la niña enferma

Participantes en la manifestación en El Burgo.
Familias de alumnos, docentes y exdocentes, representantes sindicales y municipales de El Burgo de Osma se concentraron este martes a las puertas del CEIP Manuel Ruiz Zorrilla para reclamar una enfermera escolar para Zoe, una niña de tres años con una cardiopatía congénita.
Decenas de personas respondieron a la convocatoria de Miriam Pintado, la madre de la menor, quien reconoció que “no me esperaba tanto apoyo”.
Miriam aseguró que la situación la tiene «al límite», pero que no piensa rendirse. «Si tengo que hacer cinco manifestaciones más, hago cinco más», afirmó. El lunes presentó escritos ante Sanidad, Atención al Paciente, la subdelegación de Educación en Soria y la Consejería, en Valladolid, aunque admite que ya no sabe qué más puede hacer. Zoe, mientras tanto, vive todo con inocencia.
Según su madre, cuando ve los carteles por el pueblo dice «mira mamá, soy yo». Miriam quiso además ampliar el alcance de la petición. A su juicio, una enfermera en un colegio de más de 400 alumnos y con siete rutas escolares, beneficiaría a toda la comunidad educativa y «va a ser un bien para todos», sostuvo.
Los sindicatos explicaron su postura desde ángulos distintos. Cristina Calahorra, delegada sindical y profesora del centro, contó que ahora atienden a la niña profesores y ayudantes técnicos educativos (ATE) del colegio, y que, en un caso así, la situación se les escapa de las manos.
«Todos los profesores velamos siempre por la salud y el bienestar de los niños», dijo, pero en este caso, añadió, «a los profesores esto se nos escapa». Subrayó además que no están «cualificados para atenderla si esta niña tiene un problema».
Juan Carlos García Hernández, responsable de personal laboral de CCOO Enseñanza en Soria, afirmó que en el sindicato están «sorprendidos e indignados» y criticó a la consejera de Educación, María Pardo, de quien dijo que habla «muchísimo» de excelencia educativa, pero «siempre se deja a las minorías a un lado».
Defendió que «la parte educativa no puede suplir la parte asistencial» y aseguró que, según lo que les han trasladado, al profesorado solo se le ha informado y no se le ha formado.
En representación del sindicato de enfermería SATSES en Soria, Martín Vinuesa consideró «imprescindible» la figura de la enfermera escolar y «más aún» en el caso de Zoe. Explicó que el síndrome de Wolff-Parkinson-White provoca taquicardias que en la niña no dan síntomas, de modo que «puede estar sufriendo esa arritmia y nadie darse cuenta», con riesgo de secuelas irreversibles e «incluso la propia muerte».
Admitió que los docentes actúan «con toda su buena voluntad», pero recordó que «no son enfermeros» y que hay situaciones en las que un sanitario sabe actuar en mejores circunstancias.

Protesta en la plaza Mayor de El Burgo de Osma
Los representantes del sindicato de enfermería, CCOO y la madre de Zoe sitúan la decisión fuera de la Dirección Provincial de Soria. SATSES explicó que la Dirección Provincial elevó la solicitud a la Consejería de Educación, que la denegó.
Miriam Pintado, por su parte, atribuye la decisión a un acuerdo entre Sanidad y Educación en Valladolid. García Hernández aseguró que no es una cuestión de la Dirección Provincial y que ha imperado «la voluntad política» sobre el sentido común. Recordó que ya cuentan con enfermería escolar colegios de Almazán, Langa de Duero y de la capital (Virgen del Espino, Infantes de Lara, Numancia y Doce Linajes), y afirmó que este año ha habido cinco contrataciones en la provincia. Por eso, dijo, «no se entiende» el rechazo y «tendrá que ser la consejera de Educación quien explique por qué lo rechaza».
El portavoz del PSOE en El Burgo de Osma, Héctor Ventosa, anunció que su grupo presentará una moción urgente en el pleno municipal del 27 de octubre, a la que espera que se sumen otros grupos. Afirmó que no es solo el problema de una niña en concreto, «sino que es un problema de toda la sociedad», y dijo que le preocupa que no hubiera concejales del PP en la concentración, mientras que sí vio a Vox.
La niña tiene una anomalía de Ebstein, una cardiopatía congénita, y el síndrome de Wolff-Parkinson-White, una alteración del sistema eléctrico del corazón. Su madre lo describe como «cablecitos eléctricos extra en el corazón» que, cuando chocan, provocan taquicardias de 200 pulsaciones o más.
Precisa que las crisis se deben a ese síndrome y no a la cardiopatía en sí, y que son totalmente asintomáticas, ya que la niña «no muestra nada». Según el informe de su pediatra, una taquicardia grave o detectada tarde puede ser potencialmente mortal, sobre todo cuando existe una cardiopatía congénita.
Según la familia, los trámites arrancaron en marzo, con el informe psicopedagógico que acompaña a la matrícula, y la solicitud se tramitó de forma oficial antes del inicio de curso. Miriam cuenta que las clases comenzaron sin noticias de la enfermera. Mientras tanto, la directora se ofreció a controlar las pulsaciones de la niña con un pulsioxímetro y la pediatra acudió al colegio para explicar al profesorado cómo actuar, gestos que, según la madre, se hicieron a «título personal, como un favor hacia la menor».
A finales de septiembre la familia recibió la denegación, con el argumento, según le trasladaron, de que se consideraba suficiente la atención que ya se prestaba. La semana pasada Miriam recibió el escrito en una reunión con la inspectora de Educación, que le dijo que la apoyaba. Afirma que el documento no detalla el motivo y que, a su juicio, «simplemente ellos han decidido que no es necesario como prioridad».
Para Miriam, el control actual a cargo de la directora «no es una solución». La familia sostiene que haría falta tomarle las pulsaciones dos o tres veces al día y pidió además un dispositivo para hacerle un electrocardiograma ante cualquier sospecha, que según explicó tendría que colocarle una enfermera. Con ese electro, relató, se distinguiría una aceleración normal, como la que se produce al correr, de una taquicardia supraventricular que obligaría a acudir al hospital.