Entrevista. Cristina García Pascual

"Mi patria son los pinos, las piñas, el aire puro de Pinares y la montaña"

Dice Cristina que con un trozo de madera de Pinares se pueden hacer muchas cosas y que trabajar en el monte da la misma sensación de poder que cuando se asciende una montaña. Pese a lo duro y lo imprevisible. Soriana, de Pinares, de Duruelo -no acotamos más -, está ligada al territorio desde la asociación que más lo conoce, Asopiva, como técnica de proyectos y orientadora. ¿Qué revolución necesita el monte?, inquirimos. "La de las ideas", replica. Ahí es nada.

Cristina García.MARIO TEJEDOR

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Soria

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P. Más de Pinares y nace en Duruelo, oiga.

R. (Ríe). No se puede ser más de Pinares, eso es. Más arriba ya no hay.

P. Trabajo forestal de monte y de oficina. ¿Cómo es eso?

R. El trabajo forestal propiamente dicho no hacemos. En Asopiva hacemos trabajo de campo, que no es lo mismo. Sí buscamos las soluciones, analizamos dónde está la problemática del mundo forestal, pero desde la oficina... Suena como los de Madrid, que nos quieren arreglar las cosas aquí en los pueblos, pero no es lo mismo. Nosotros hacemos trabajo de campo y trabajamos muy mano a mano con la gente que sí trabaja en el mundo forestal.

P. Un problema invisible.

R. Un problema real, desde nuestro trabajo de campo, es que no llegamos a todos. Ni abarcas siquiera la problemática en un 50%. La problemática de nuestros montes, por mucho que intentamos hacer trabajo de oficina para recaudar dinero suficiente para poner soluciones a lo que detectamos o lo que la gente nos dice, o ideas que se nos pueden ocurrir para dinamizar el sector forestal o la vida de nuestros pueblos..., no llegamos ni a un 25% de esta problemática real de nuestro territorio y de los pequeños problemas que tiene la gente que sí vive todos los días.

P. Diga uno.

R. Ahora tenemos el relevo generacional de los negocios forestales, como son los aserraderos, que son lo único que nos queda prácticamente, las fábricas de palés. Y en cuatro o seis años que se termine de jubilar el último que queda no va a haber relevo generacional. No hemos sabido aprovechar nuestros recursos forestales y ser capaces de tener esa sensación de que si luchamos por lo nuestro vamos a seguir teniéndolo. Hubo un momento, en la crisis de 2008, que fue brutal para el sector maderero. ¿Problemática? Que nunca nos hemos creído lo que tenemos. Es cierto que hubo una serie de cabezas pensantes en su día, en aquellos años en que se montaron las cooperativas, que se hicieron unos cursos de emprendimiento y la gente, con la necesidad, se vino arriba y crearon lo que crearon: una serie de industrias cooperativas que fueron modelo a seguir, en Europa y en el resto del mundo. Poco a poco eso se fue perdiendo. Hemos crecido en un entorno como que 'tirar de tablón' parecía que no era algo muy digno... Y al final eso ha hecho que las generaciones futuras no hayamos apostado por emprender en nuestra zona rural de Pinares, en la que se puede seguir sacado del sector forestal mucho potencial.

P. Del que Soria presume, pero quizá con los ojos solo puestos en el turismo.

R. Claro, porque es una zona preciosa. El aprovechamiento está resultando escaso para una economía que no se base solo en el turismo, porque tenemos otro recurso. Si no lo hubiera... Lo que nos hace falta es la mentalidad emprendedora, que no ha existido. Desde nuestra oficina de Asopiva sí intentamos motivar a la gente, para ver qué tipo de empresas se pueden montar y cuáles serían viables, pero cuesta muchísimo.

P. Cuénteme cómo poner de moda el monte.

R. Hay que seguir fomentando, tanto a nivel cultural como tradicional, todo lo que tenemos. Se puede hacer de muchas maneras, desde fomentando las fiestas y haciendo que la gente participe, con concursos, a una línea que quería haber hecho, y no me ha dado tiempo, para meter el emprendimiento en nuestros coles. Se han perdido las Fps que teníamos porque ya no teníamos gente que estudiara en nuestros institutos. Primero potenciaría el espíritu emprendedor y, sobre todo, el conocimiento de nuestros montes en colegios, y luego metería algo de formación. Nos hace falta formación y emprendimiento, que la gente vea que es posible quedarse aquí. Tuvimos una fuga de cerebros hace años y es verdad que ese talento se ha quedado fuera.

P. No me diga que se lo pregunte al presidente. ¿Asopiva es más Pinares o más El Valle?

R. Es más Pinares, y no debería decir esto. Pero de algún modo es verdad que El Valle tiene menos importancia económica a nivel de recursos. Sí de turismo, pero el turismo funciona de otra manera. Es más sencillo de gestionar. Para dar ideas de emprendimiento o desarrollo de negocios. El turismo es turismo y es más fácil de desarrollar; está estudiado a nivel internacional cómo desarrollarlo. Pero el motor económico es en Pinares.

P. Si la patria del marinero es el mar, el agua, ¿cuál es la suya?

R. Mi patria son las piñas, los pinos, las pichachas, el aire puro, la montaña... El pino está claro. Nosotros vivimos del pinar y tenemos un pinar que nos da la vida. Nuestro mar de pinos es la madera.

P. Es técnica de proyectos en el primer grupo leader que nació en Soria. Yo oigo hablar de proyectos y me echo a temblar. Proyectos sí y movimiento también.

R. Hace falta gente que quiera volver a esta zona y apostar, que cada vez hay más, por cierto. Me sorprende la cantidad de gente joven que está volviendo a sus pueblos y a emprender en sus pueblos, metiéndose en cosas pequeñas, negocios que no tienen que ver con el sector forestal.

P. Sabemos de la importancia de los incentivos para fijar población. Dígame uno original.

R. La suerte de pinos fue el gran incentivo para que la gente primero se asentara, después se quedara y luego se peleara para obtener beneficios. El principal incentivo siempre ha sido la suerte de pinos; a nivel técnico se puede hacer más. Es parte de lo que hacemos. Con un proyecto, por ejemplo, de 'les enseño mi pueblo'... es muy bonito y hay gente que está encantada. Busca su historia, sus raíces... Eso motiva mucho.

P. ¿Hasta qué punto el vecino de Pinares es consciente de la importancia de los Grupos de Acción Local, en este caso de Asopiva?

R. Te puedo hablar por generaciones. En Asopiva no se ha conocido mucho en la zona... El sector maderero siempre ha mandado un poco más económicamente, entonces el apoyo a este sector era más grande. Entonces, la gente que no trabajaba en la madera no sabían muy bien qué era Asopiva. Poco a poco y con mucho trabajo de campo, apoyando también a la gente nueva que está llegando a establecerse, se va conociendo el trabajo que hace un Grupo de Acción Local en el territorio. Sobre todo la gente nueva y, a partir de ahí, se arrastra un poco también al resto del pueblo que no conocía. Hay también mucho acompañamiento.

Este es un trabajo importante, y el de crear redes. Saber que hay una empresa en un punto de tu área geográfica y en el otro hay otra persona con las mismas problemáticas. Y no se conocen. Y no saben cómo tirar hacia delante su negocio o cómo no cerrarlo. Y abres esas conexiones, esa red y les pones en contacto... Y lo que le funciona a uno en un sitio, quizá es la solución para la otra persona. Eso es genial... Crear esa red ha sido el trabajo más importante que he hecho en Asopiva. Y la importancia que tiene el desarrollo en conjunto del territorio.

P. ¿Qué tiene de soberbio el monte?

R. El monte es imprevisible. Es plena naturaleza. Es como quien escala una montaña, la sensación de poder que tienes, que le has podido a la montaña... es increíble. Pues trabajar en el monte es la sensación de estar subiendo continuamente una montaña. Sabes que si estás talando un pino se puede romper una rama y adiós. Porque la naturaleza es así. Es que es así. Es muy duro. Y las condiciones climáticas del pinar en enero son las que son. Si hay que sacar la producción de madera, pues hay que hacerlo. Trabajar en el monte es tener la sensación de naturaleza pura y dura. Es duro, arcaico, pero es así...

P. ¿Qué tiene que aprender un soriano de la capital, o de cualquier capital, de un soriano de Pinares?

R. Mmmmm. Quizá en Soria no haya tanta diferencia, pero sí. La dureza de la persona, la sensación de que a uno de Duruelo, bueno, a uno de Pinares, quiero decir, no se nos pone nada por delante. Y pienso en algunos casos que conozco. Esa dureza que hace seamos más... (lo deja en el aire). Nos hemos acostumbrado a ser duros, a sacar adelante cosas. Y eso pienso que nos diferencia. A la hora de hacer algo no se nos pone nada por delante. Eso es.

P. Como soriana, residente y trabajadora del sector, ¿qué revolución necesita el monte?

R. La revolución de las ideas. Tenemos toda una materia prima para explotar y no hay empresas. No hay ideas emprendedoras o de negocio. De la madera se han sacado muebles y se han tirado de tablón para sacar producción, y para palés... Pero falta la revolución emprendedora, con un trozo de madera de Pinares se pueden hacer muchísimas cosas.

P. Lo más exigente del monte que no se ve a simple vista.

R. El oxígeno que nos da.

P. ¿Qué hace una licenciada en Magisterio y educadora social trabajando en Asopiva?

R. He trabajado toda mi vida como educadora social. Nunca ejercí Magisterio.  

P. ¿Qué piensa el pinar?

P. (Silencio). Si yo fuera monte, pensaría que me dejaran tranquila. Hacemos muchas incursiones en el monte para su explotación y no deja de ser naturaleza.  A veces lo llenamos de cosas. Pero por otra parte, hay que darle vida. Si el monte pudiera decir, nos daría más ideas. 'Todo lo que os doy se puede aprovechar y estáis aprovechando muy poquito'. Eso es lo que nos diría.

P. ¿Qué ensalza en este momento de su vida?

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R. La sensación de realización. Este último año ha sido importante para mí poder realizarme profesionalmente en algo que me encanta y en mi territorio. Hace años me negué a trabajar en mi territorio. Renegaba completamente de trabajar por aquí. Y ahora me pasa lo contrario, me encanta hacer una actividad profesional en mi territorio.