Entrevista. Miguel Ángel Lafuente Lázaro
«Da igual cangrejo que trucha... los sorianos llevamos la pesca en el ADN desde que nacemos»
Nos acercamos a la orilla del Ucero a hablar del odiado y amado cangrejo. Pero resulta que este veterano pescador no es cangrejero. Y de repente nos vemos metidos en la corriente del río, más bravo después de que le borraran algunas curvas, pescando todo lo que pica. También la trucha, por mucho que el presidente de la Asociación de Pescadores del Ucero se empeñe en que la devolvamos al río.

Miguel Ángel Lafuente.
P. Explíqueme, oiga, ¿por qué se come usted el cangrejo y no la trucha?
R. No suelo comer muchos cangrejos. Y la trucha no me la como tampoco; a ver, la trucha no me la como por principios. Porque no hay muchas y la verdad es que me gusta soltarlas. Son malos tiempos y hay pocas truchas, así que hay intentar que cada día tengamos más. El cangrejo no me lo suelo comer porque es una especie que limpia fondos. Hay gente a la que le gusta porque es una cosa más tradicional. No te puedo decir nada más.
P. Está la cesta de la compra para practicar la pesca sin muerte...
R. La verdad es que sí, pero si te pones a analizar todos los gastos que hay, entre comillas, estúpidos... Aquí cada loco con su tema, porque si te fijas en lo que vale una bicicleta mountain bike, una de carretera, o ir a ver un partido de fútbol al Bernabéu o al Nou Camp, ¿no? No es tan cara la pesca.
P. ¿Por qué hay tanta afición?
R. Da igual cangrejo, trucha... yo pienso que los sorianos llevamos la pesca en el ADN desde que nacemos. Desde pequeños o, por lo menos, a los que ya tenemos cierta edad, nos han enseñado a pescar, sobre todo a los de los pueblos, y creo que en Soria capital también, que es una ciudad no muy grande.
Desde pequeños hemos ido con padres, amigos, conocidos a pescar. El que ha tenido suerte ha ido también a cazar y a buscar setas, porque lo tenemos todo a mano. La naturaleza, que es lo que sobra aquí en Soria, es lo que más amamos.
P. ¿Habla de pescar cangrejo o cualquier tipo de pez?
R. La pesca es un mundo para el que la conoce y para quien no lo conoce más todavía. Puedes pescar trucha, ciprínidos... Dentro de los ciprínidos tienes la carpa, el barbo, la boga, la tenca, incluso el gobio, el cacho. O sea, es un mundo. Luego hay especies alóctonas o invasoras, con siluros, lucios, black bass. La pesca es un mundo.
P. ¿A qué se parece esa paz que siente en el Ucero, vestido de pescador, en silencio y a la espera?
R. ¡Buah! Es una sensación que no sé a qué se parece. La sensación que tengo de estar; de no escuchar nada; algunos días, pájaros; solo el río... No lo puedo definir. A mí me encanta y muchísima gente no lo entiende. Me gusta ir solo. Esa sensación es indescriptible.
P. ¿Cuánto tiempo ha llegado a estar caña en mano esperando un pez?
R. Mucho, la verdad. Confieso que como pescador no soy de los que les gusta hacer guardia. Soy más de pesca a rececho. Si una trucha falla varias veces, luego vuelvo a por ella, voy a por otra y luego vuelvo. No me gusta esperar.
P. Pescar es engañar al contrario.
R. Sí, sí, sí. Es engañar al pez. Y algunas veces a nosotros mismos. Muchas veces la pesca te lleva a tus números, que decimos algunos. El que tiene un poquito de amor propio y se toma la pesca en serio, le gusta hacer sus números y compararlos con los demás, nunca de manera competición. Pero siempre hay un pequeño pique con otros pescadores, a ver si sacas más, más grandes, pero siempre un pique sano.
P. Dígame una buena costumbre del pescador de Soria.
R. Tenemos tantos tipos de pescadores... A ver, te puedo decir más malas costumbres que tenemos los pescadores sorianos, aunque también las hay muy buenas. La gente poco a poco se va concienciando de la pesca de captura y suelta, sobre todo del salmónido. Eso es una costumbre de los sorianos, poco a poco, sobre todo la gente más joven. En las cosas malas todavía queda, por ejemplo, el tema de los cangrejeros, de los que van dejando los árboles decorados con los restos de la comida o los restos del pescado o del plástico. La gente que deja los hilos en los árboles, cuando eso es nocivo para los pájaros. Es más reseñable la gente que no se porta bien que la que se porta bien. Afortunadamente, la mayoría nos portamos muy bien, aunque tenemos fama de ser un poco furtivos, eso sí que es verdad.
P. La pesca del cangrejo, ¿tiene más de pulso, de batalla?
R. La pesca del cangrejo, como todo, tiene su truquillo. Pero yo siempre he defendido que es la más democrática de todas. La puede hacer cualquiera y basta con conocer un poquito. El cangrejo es una especie muy sencilla. Tampoco es un animal huidizo, ¿vale? Solo tienes que conocer más o menos los hábitos del cangrejo. Pienso que cualquier hora es buena. Unos dicen que el calor, otros que la noche, que el río con barro, otros que el río claro. Yo siempre la defino como la pesca más democrática.
P. Sí, muy democrática, pero un pescador no desvela nunca lugares.
R. Cierto. Nunca los desvelamos. A mí me cuesta mucho soltar los sitios buenos y en general a todos los pescadores. Siempre hay gente que tiene el ego un poco alto, le gusta quedar siempre por encima de los demás y repartir sus sitios. Tengo una o dos personas a las que les cuento mis sitios, porque luego favor con favor se paga. Tú mandas a otro pescador a un sitio y él otro día te manda a otro que no conocías. Yo tengo la suerte de que conozco bastante bien todos los ríos de la zona: Ucero, Abión, el Caracena, el Duero, el Arandilla, el Riaza. Y bueno, procuro guardar bastante mis secretos. La gente que va a buscar setas, todo aquel que es muy campero en general es así.
P. ¿Qué puede contarme de un cangrejo que no sepa?
R. Para algunos es odiado y para otros amado. Así de claro. Hay gente que lo considera como una especie invasora, que hace muchísimo daño en los ríos, puede ser que sí. Quienes lo aman son personas mayores, los que sostienen la pesca tradicional. Me quedo en el término medio. Ni amado, ni odiado, porque es necesario. Al final el cangrejo es una especie que se ha introducido en el ecosistema y del que dependen otros animales, por ejemplo, la nutria. ¿Qué sería de la nutria ahora mismo si le elimináramos el cangrejo, que es lo que pretenden algunas personas?
P. ¿Es más agresivo el cangrejo y sus pinzas o el retel del pescador?
R. Es más agresivo el retel que las pinzas. El cangrejo, el pobre hombre solo hace su trabajo. Al final, el peor ser que hay es el hombre. Los cangrejos, pobrecillos. Un día decidió la Junta de Castilla y León o el que fuera o alguna persona de un pueblo, que era bueno que se expandiera el cangrejo. Y el pobre animal lo único que ha hecho ha sido lo que hacemos todos, reproducirse y vivir. Es peor la mano del pescador y el retel.
P. ¿Dónde le transporta la pesca de la trucha?
R. A mi niñez, al periodo de mi vida más feliz, sin duda. A no tener ni puñetera idea de ir a pescar a un río, aunque lo tuviéramos al lado de casa, que fuera el Ucero o el Duero, y no saber lo que iba a pasar. Cuando era niño cualquier día que fueras a pescar era una aventura.
P. ¿Quién le enseñó a pescar?
R. En mi pueblo, La Rasa, había bastantes pescadores, y entre todos un poquito, entre los mayores, todos me enseñaron. De uno fui aprendiendo una cosa; de otro aprendías otra. De uno fui aprendiendo lo que tenía que hacer y de otro fui aprendiendo lo que nunca debía hacer. Entre todos ellos aprendí. De cuatro o cinco pescadores, algunos de los cuales ya no pesca. Y la verdad es que les estoy super agradecido.
P. ¿Qué es lo que mejor hace a su juicio una gentil trucha que reside en el Ucero?
R. Sobrevivir, pobrecita. Según tenemos hoy en día las condiciones de cambios climáticos, aguas contaminadas y especies invasoras, lo que mejor hace la trucha del Ucero es sobrevivir.
P. Cuénteme cómo es su auténtica relación con ese oscuro objeto de deseo llamado cangrejo.
R. Sinceramente al cangrejo le tengo mucho aprecio, porque también lleva a mi niñez, a los años del boom del cangrejo. Tengo 48 años y siempre he convivido con el cangrejo. Me lleva a mi niñez, a cuando íbamos a furtivear, así de claro, a vender cuatro cangrejos, que no se podía, a echar unas nasas por la noche... Eran otros tiempos. Como la trucha, que también me lleva a mi niñez. Me traen unos recuerdos buenísimos. La niñez es ese momento de tu vida en que eres tan ignorante que eres feliz con cualquier cosa. Con coger un día en un retel 20 cangrejos éramos más que felices. Eso era felicidad pura.
P. ¿Por qué una Asociación de Pescadores del Ucero?
R. Ahora soy el presidente, pero me la encontré. Tuvimos un problema de vertidos en el río y se decidió volver a impulsarla, porque se había quedado aletargada. Aquí se decidió en su día que era buen momento hacer una sociedad de pescadores para defendernos quizás de posibles agresiones, entre todos ayudarnos un poquito para organizar y hacer cosas, como el concurso de pesca de cangrejos o ir de viaje con otras asociaciones.
P. ¿Podría vivir sin truchas, ni cangrejos, ni bogas... sin pescar, quiero decir?
R. Eso no, imposible. En mi cerebro no existe la idea de no poder pescar. Si yo algún día no pudiera pescar, pues malo, muy malo. Ahora que todavía me muevo bien por las orillas de los ríos, pues, además es que, a ver, yo pienso que los ríos los tenemos que defender, los tenemos que dejar como mínimo como nos los encontramos. No me imagino la vida sin poder pescar, es que ni me lo imagino. ¡Buah! sería eso terrible para mí, desde luego.
P. Veinte segundos para que saque pecho de las aguas del Ucero.
R. Cada uno barre para casa, pero en mi opinión es de los ríos más agredidos, porque se le ha hecho de todo. Se le ha dragado, se le ha envenenado, represado, se le ha desviado... y es un río que sigue teniendo un potencial impresionante. En los años 80 se le catalogó como el segundo río más productivo de Europa, y sigue siendo un río emblemático a nivel de Castilla y León. Sus acotados son siempre los primeros que se agotan. Es un río afamado, de calidad, de una trucha que en poco tiempo se te hace gordísima porque tiene un montón de comida. Es que me quedo sin palabras.
P. ¿Contra qué ha sido su mejor batalla? Recuérdela, ¿contra una trucha, un siluro, un cangrejo?
R. Yo me dedico exclusivamente a la trucha y mi mejor batalla ha sido contra la trucha. El Duero te da peces grandes. El Ucero antes sí, ahora nos da menos peces, pero sí he tenido alguna pelea con algún pez importante.
P. Comparta una anécdota.
R. De capturar una trucha con una mosca y sacar otra. Eso me ha pasado este año. Con una trucha, capturar la mosca y venir otra trucha más grande a devorar a la primera, la pequeña, y sacar las dos truchas. Eso me ha pasado dos veces. Y esa misma trucha que saqué, gracias a la captura y suelta, la tengo grabada. Bueno, no estoy seguro al cien por cien si era ella, pero yo diría que sí. Una semana después la saqué pescando con perdigón.
La trucha es muy salvaje; no tiene la voracidad ni la genética de crecer como un lucio o como un siluro, pero son muy voraces, se devoran unas a otras. Pasa muchas veces clavar una trucha, venir otra grande y llevársela. De esas anécdotas, muchísimas.
P. ¿Por qué un criadero de truchas, de cangrejos o de lucios tendría, o no, futuro en la provincia?
R. La verdad es que no lo sé. El cangrejo no sé qué regulación tiene. Del señal no sé si existe en la comunidad ahora mismo algún criadero. Lo desconozco. De siluros, por desgracia, y esto es por desgracia, ya tenemos un criadero importante en el Duero, porque de aquí a poco vamos a sacar siluros enormes, y es una pena, porque eso va a acabar con todo.
De truchas es un negocio como otro cualquiera. Siempre que la trucha arcoíris no acabe en el río, me parece muy bien. En un sitio que no pueda causar mucho impacto medioambiental, vamos a decirlo así, creo que también es un motor para generar riqueza dentro de los pueblos y nos hace falta. Todo en su justa medida todo.
P. No podemos despedirnos sin pedirle una receta.
R. ¡Buah! a ver qué receta te puedo hacer yo. Te voy a hacer una receta de una mosca, no es mía. Una saltarina sarnosa, te lo voy a decir. Saltarina sarnosa de doble ala. ¿Lo apuntas, no? (No, que grabo). El culo, un verde clarito. El abdomen es un marrón, ¿vale? Y las alas aconchado o corzuno, mezclado con indio acendrado. Eso es. En un anzuelo de 14. Por supuesto, siempre sin muerte.
P. Le tengo que decir que me refería a una receta de cocina, pero ésta ha sido estupenda.
R. Muchas gracias.