Entrevista
Silvia López, la podóloga que conoce el secreto de tus pies: «Cuando ves un pie, ves la vida, la historia y hasta el pueblo de esa persona»
Hay historias que no tienen ni pies ni cabeza y luego están aquéllas que, como es el caso, se trazan con paso firme y cabeza amueblada. Porque está historia va de pies -la parte del cuerpo que más relegamos- y también de decisión, la de esta joven de Almazán, podóloga desde los 22 años.

Silvia López Bartolomé, podologa.
P. Step by step. ¿A dónde le llevan los pies, joven?
R. Camino hacia forjar mi futuro aquí en mi casa, en mi pueblo, Almazán, donde he nacido y me he criado y crecido.
P. A caballo del riesgo, el emprendimiento, la decisión y los quebraderos de cabeza, entiendo...
R. Es un popurrí entre todo ello, sí.
P. Para valor, el de los autónomos, según se escucha.
R. Sí, la verdad. Nos exigen muchas cosas y, jolín, estamos creando actividad y dando un servicio que muchas veces no se reconoce. Los impuestos van en aumento.
P. A la podóloga al frente de Clínica podológica Silvia López Bartolomé, de Almazán, ¿por qué le damos tan poca importancia a los pies?
R. Los pies son la parte del cuerpo que no se ve, como muchas otras, sí, pero los pies están muy infravalorados. Ha habido muy poca cultura con relación a la salud de los pies. Hay gente que cree que es una parte del cuerpo que puede haber estética, y se esconde y ya. Cuanto menos se vea mejor.
P. ¿Por qué hay que tenerlos en consideración a sus ojos?
R. Hay que cuidar los pies. Al final son una parte de nuestro cuerpo que nos sostiene toda la vida, que nos ayuda a andar y a movernos. Le damos poca importancia porque hasta cierta edad no suelen doler. Entonces nada, me pongo el zapato que quiera, sin ningún cuidado. El tema del cuidado diario, el corte de uñas principalmente, es algo que puede hacer la persona sin ningún impedimento físico. Pero muchas veces erramos por querer hacer más de lo que podemos. Te duele una muela, puede que esperes a la hora de ir al dentista, pero no decides tú el tratamiento, al margen del colutorio. En el tema de los pies, sí. La gente se auto trata en casa y se compra productos en vez de decidir pedir cita a un profesional para que la dolencia o lo que tengas se cure cuanto antes. Acudes después de haber probado equis productos porque te ha dicho la vecina que va bien o en la farmacia te han vendido un callicida en vez de aconsejarte que vayas al podólogo o te comente cómo puedes evitar que te vuelva a salir el callo. Poco a poco hay una mayor cultura, pero muy poco a poco.
P. Cuénteme cómo es ese quehacer suyo para arreglar, curar y sanar los pies ajenos.
R. No conocía a ninguna persona, ni familiar ni amigo, que fuera podólogo. Al decidir carrera, con 18 años, aposté por ello, aunque la gente me dice que siempre decía que quería ser podóloga. No sé por qué. Llegado el momento, me fui a Madrid a estudiar Podología y luego ha sido todo muy seguido. Luego al terminar contactaron conmigo de podología rural y las asociaciones de jubilados. Eso sí fue tirarse a la piscina: recién salida de estudiar, con 22 años, te tienes que hacer autónoma, tienes que tener un registro sanitario para que Sanidad te pueda dar el okey para poder ejercer; la limpieza de material y esterilización requieren condiciones... Hice todos los trámites y poco a poco fui cogiendo varios pueblos, residencias... Y hace algo más de dos años me monté la clínica y ahí seguimos. Es muy satisfactorio poder curar y poder guiar a la gente y educarle para la salud de sus pies. No es cuestión de que una persona venga todos los meses, sino de darle ciertos tics o recomendaciones para tarde en volver tres meses.
P. Más importante de lo que parece, entiendo.
R. Es algo importante para todo el mundo. Todos tenemos pies y los usamos. El deportista hace un uso del pie para su actividad, lo lleva a un extremo como hace con otras partes del cuerpo, como ciertos músculos. Pero el resto del mundo también. Las uñas, por ejemplo, que es una parte que va a crecer toda la vida dan a veces problemas: los pies se deforman, usamos cierto calzado... Al final el pie crece y se desarrolla e influye mucho el calzado que nos pongamos. Ahora con los bebes, por ejemplo, hay más conciencia, con el calzado respetuoso con el desarrollo del pie del bebé y demás. En una mediana edad, entre los 30 y 50, como te vale cualquier zapato, en ocasiones no pensamos lo que nos ponemos y en un futuro pasa factura y puedes encontrar el perjuicio de ese zapato.
Y hay gente que te lo dice... 'Es que desde que me puse tal zapato...'. Luego hay ciertas época del año, de calor, que también influyen.
P. A veces hablan las manos. Seguro que a usted le hablan los pies. ¿Qué le dicen?
R. Sí, sí, sí me hablan los pies. Se descalza un paciente y hay ciertas cosas que ves en el pie que te dan pistas y te hablan de esa persona. De su higiene, el uso de los zapatos que lleva. Claro que hablan.
P. Qué poco tiempo les dedicamos.
R. Poco, muy poco se les dedica. El hecho de darse crema. '¿Usas?'. 'Es que me da pereza y llego hasta los tobillos'. Es así.
P. No sé qué diría Freud de esta fijación suya por los pies.
R. ¡Buf! No sé qué contestarte.
P. ¿Cómo pisamos en Soria, ladeados, rectos, garrosos?
R. Creo que vamos bastante rectos.
P. Dígame el mayor problema de los pies del soriano.
R. Los callos por el uso del zapato de campo. (¿Más el hombre o la mujer?). Las mujeres tienen muchísima deformidad a nivel digital, muchísima. Con respecto a los hombres, tienen los dedos más deformados. Es algo que se ve bastante. Hay hombres que igual te viene con los dedos un poco 'amontonados', por decirlo de forma coloquial, pero las mujeres... el primer dedo, juanete; el segundo busca espacio supraductus; el quinto debajo del cuarto; el cuarto debajo del tercero. (¿A qué se debe?). Al desarrollo que ha tenido el pie con cierto zapato.
P. Convénzame en medio minuto de que mis pies son más importantes de lo pensaba, más allá de pintarme las uñas.
R. Eso no deja de ser estética. Mira, los pies te van a llevar donde tu quieras durante toda la vida, así que hay que cuidarlos. Como tengas una dolencia, ya sea uña encarnada o callo -lo tengas donde lo tengas, en la planta, entre los dedos- siempre vas a notar algo, como un pinchazo, una piedra o un alfiler que no te puedes quitar. Y hasta que no acudas a un profesional para que te trate y te cure, vas a tener esa dolencia.
P. Pienso yo que los pies en el medio rural de Soria tienen que guardar tantos secretos.
R. Cuando ves un pie, al margen del pie de esa persona, ves su vida, su historia y hasta su pueblo. (¿Todo eso en un pie?). Es que además de ver el pie, escuchas lo que te cuenta la gente, que ve a un pequeño confesor que está ahí, tratándole 15 ó 20 minutos y a lo mejor le ves cada dos o tres meses. El pie habla y la persona, también.
P. '¿Y tú qué eres?'. 'Soy podóloga, podóloga rural'. Eso es un plus.
R. Sí, sí. La gente te pregunta qué haces, dónde vas. Es un servicio en el que la gente es agradecida y suele responder. Hacemos lo básico, pero a la persona le das una comodidad durante un tiempo o bien lo solucionas de raíz.
P. El mayor problema de su profesión.
R. En ocasiones la falta de consideración de algunas personas hacia la profesión. Lo que te comentaba antes: te duele el ojo y vas al oculista y si duele el pie hay que ir al podólogo. Hacemos muchas más cosas al margen de arreglar una uña. Si tienes una patología en la piel, te podemos recetar una pomada; operar una uña encarnada para quitar ese dolor para siempre, de forma que quitemos ese sufrimiento con el que a veces da miedo hasta calzarse. Hay gente que lo dice.
P. ¿Por qué si o no puedo seguir andando descalza en mi casa?
R. A ver, sí porque es terreno conocido, no andas por un asfalto que no conoces; es tu casa y su suelo; ayudas a la musculatura del pie y lo liberas del zapato. ¿Por qué no? Como enganches la esquina de un mueble o el marco de una puerta, el quinto dedo igual te grita. No te hablará, pero lo pensarás tú. (Ríe).
P. El mayor reto o complejidad a la que se haya enfrentado durante la práctica de su trabajo.
R. A nivel profesional fue montar una empresa. Si sale mal, pues sale mal. Pero claro, buscas que vaya bien, ser un referente en tu pueblo, que la gente confíe en ti, hacerte un nombre... Pero siempre tienes esa incertidumbre por si va mal. Llevo ya unos años, pero la vida laboral es muy larga y nunca se sabe. De momento, bien. A nivel de tratar los pies, no es fácil hacer entender a gente mayor por qué le sale cierta patología; cuesta explicarse a veces.
P. Recomiéndeme un ejercicio de pies.
R. El andar de puntillas fortalece la parte del arco, de la planta, tema de musculatura posterior, hacer fuerza con los dedos sobre el suelo... abrir bien el pie sobre el suelo.
P. ¿Qué es lo que menos entiende la sociedad de una profesión como la suya?
R. Quizá que por algo que, aparentemente, podrías curar tú en casa, tengas que acudir a un profesional y pagarle. Quiero decir, que a veces cuesta entender que haya que ir a un podólogo para algunas cuestiones que sí requieren la atención de un profesional.