Heraldo-Diario de Soria

Blanca, especialista en Traumatología y cirugía ortopédica: «Me duele tener que tomar decisiones vitales tras 20 horas trabajando y que mis hijos no me vean el pelo»

Hablamos de Adamuz, de todo lo que al ciudadano se le rompe ante una tragedia así, de la vocación que siente ante su trabajo («sin pasión no estaríamos en esto», dice), de la sanidad pública y -menos- de la privada. Y hablamos también de todo lo que le duele a esta médica especialista en Traumatología y cirugía ortopédica, a la madre de familia de tres hijos con marido en excedencia y a la ciudadana de a pie. Escuchamos.

Blanca Álvarez Moratinos

Blanca Álvarez MoratinosMONTESEGUROFOTO

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P. A la médica, especialista en Traumatología y cirugía ortopédica en el Hospital de Santa Bárbara, en Soria. Déjeme que le pregunte por Adamuz. ¿Qué se nos rompe ante una tragedia así, social e individualmente?

R. Entre paciente y paciente, comentamos la tragedia. Se me parte el alma de pensar en todas esas personas con todos sus proyectos de vida. Y... con algo de culpa o un sentimiento extraño que no sabría explicar, también sentí alivio de no estar en ese tren.  Se rompe la vida, se rompe la calma, se replantea uno la vida de principio a fin con tragedias así, y de pronto viajar en tren se convierte en un nuevo miedo desbloqueado.

P. ¿Qué duele en el duelo y cómo se cura?

R. No sé cómo duele el duelo, aunque lo puedo imaginar, y no miento si digo que me gustaría estar preparada para cuando me toque. Creo que el dolor no se va, no se “cura”. Pienso que solo el tiempo ayuda. Nos ayuda a aceptar tu nueva vida sin ese ser querido. Pero el dolor es para siempre.

P. Sé que lo suyo son los huesos. Cuénteme qué la sostiene, laboralmente hablando. Y no me diga que la columna.

R. Mi columna es fuerte y sana -por ahora- y, además de sostenerme, me permite operar con firmeza y aguantar largas jornadas de quirófano. Pero sin vocación y pasión por lo que hacemos, muchos no estaríamos en esto. En el fondo, hemos dedicado tanto tiempo y esfuerzo para llegar, que a veces pienso que no sabría hacer otra cosa. También, y nadie lo puede negar, nos mueve el dinero. Tengo tres hijos muy pequeños, un marido de excedencia que cuida de ellos, y necesitan de mí para comer. (Ríe). Pero ni la pasión, ni la vocación, ni el dinero es suficiente razón como para aguantar tantp.

P. Hablemos de otros dolores. ¿Qué le duele con más frecuencia, dentro y fuera del hospital?  

R. Me duelen tener que tomar decisiones vitales tras 20 horas seguidas trabajando. Me duele tener que entrar a quirófano a operar una fractura de tobillo grave, con hambre y sueño, eso pasó en una de mis últimas guardias. Y, tras ello, seguir viendo pacientes y cenar a las 2 de la madrugada un filete frio. Me duele que mis hijos no me vean el pelo, me duele que mi jornada laboral, en ocasiones, sea de 90 horas de trabajo semanales cuando se lucha por la jornada semanal de 35 horas; me duele que mis horas de guardia no cuenten como tiempo trabajado para la jubilación, me duele estar expuestas a radiaciones ionizantes de forma habitual, a pacientes con enfermedades contagiosas, a manejar sierras, martillos, la obligación de trabajar 24 horas seguidas unas 3, 4 ó 7 veces al mes, entre otras muchas cosas, y que no se nos considere en la categoría de profesiones de riesgo.

Me duele ver que se haga creer a la población que somos ricos y privilegiados, cuando somos la mano de obra barata del sistema. Ganamos bien, sí, pero por la simple razón de que trabajamos el doble de horas o, a veces, el triple. Así que es como si tuviéramos tres trabajos a jornada completa. Solo es cuestión de sumar.

Me duele tener que sostener el hartazgo y la rabia de la población (y con toda la razón) por las demoras terribles que tenemos para que puedan acudir a una consulta con el médico especialista, o por las listas de espera eternas, siendo nosotros, los médicos, la cara visible de un sistema de salud gravemente herido, pero en absoluto, los culpables. Es más, somos doblemente víctimas de la pésima gestión política: como empleados y como usuarios, porque, no olviden, los médicos también enfermamos. A colación de esto, debido a esa demora inasumible, el asunto de salud familiar, está siendo tratado en un hospital privado, muy, muy, muy a mi pesar porque defiendo la sanidad pública, universal y de calidad por encima de todo, pero así no.

P. Entiendo que son algunas de las razones por las que el sector médico ha convocado huelga y movilizaciones a nivel nacional.

R. Hay más. Me duele ver cómo con voluntad y con dinero, sería muy fácil arreglar este sistema retrógrado y anacrónico de trabajo al que estamos sometidos los médicos de este país, pero, al parecer, no les viene bien invertir en la sanidad pública.

Fuera del hospital lo que me duele es llegar a casa agotada después de una guardia de 24 horas -todas lo son, porque a las que dicen ser de 17 horas, hay que añadirle la jornada de 8 a 15 horas-, y tener que disimular con mis hijos. O directamente, tener que irme a dormir. Me duele no verlos. Me duele que siendo tan pequeños odien mis guardias.

Me duele mi descanso: tras una guardia que empieza un lunes a las 8 horas de la mañana, y acaba un martes a las 8 horas, pero entre que das el relevo y acabas asuntos varios, llegas a casa a las 10 horas y el miércoles a las 8 de la mañana te toca estar operando. Eso de que tras 24 horas nos tocan tres días de descanso es una mentira. Los médicos no tenemos nada de eso.

Me duele que personas que no saben nada de lo que hago, ni conocen la responsabilidad ni el agotamiento al que estamos sometidos, negocien mis condiciones de trabajo.

P. Oiga, que se me acaba la entrevista con las quejas... Algo bueno encontrará en el ejercicio de su profesión.

R. Encuentro muchas cosas buenas y un grado de satisfacción enorme en lo que hago. Cuando una persona está necesitada y eres capaz de darle solución a un problema grave, la satisfacción que queda es brutal, para el paciente no cabe duda, pero para el profesional es indescriptible. Dentro de lo que es el panorama laboral nacional es cierto que no estamos mal de sueldo, lo cual te permite tener una vida amable en comparación con otros sectores. También es verdad que si lo ponderamos con el esfuerzo y la responsabilidad que tenemos no es que sea... No considero que estemos bien pagamos, pero en comparación con mucha gente somos unos privilegiados.

P. Hablaba antes del trabajo. ¿De cuál?, ¿del profesional que trabaja en la pública? ¿o del que está en la pública y por la tarde en la privada? No solo en Medicina.

R. Es un tema que crea como mucha crispación. Yo solo me dedico a la sanidad pública, acabo extenuada y te puedo decir que la quemazón que siente un profesional en la pública es real. Ahora bien, lo que hace un profesional en su tiempo libre, si quiere seguir haciendo dinero en vez de echar la tarde en el parque o en una clase de crossfit, e ir a hacer privada, no sé por qué molesta tanto. Es algo que no logro comprender. Parece que el enfoque es el médico de la sanidad pública que se queja y quiere mejorar las condiciones o trabajar menos para luego ir a hacer más dinero en la privada. Eso es perverso. De hecho hay gente que hace ambas y está a un pasito de dejar la pública para irse completamente a la privada, por las condiciones. Qué pasa, que la sanidad pública tiene otras ventajas: no se es autónomo, te ampara la institución.

P. ¿Por qué se hizo usted médica traumatóloga?

R. No puedo darte una respuesta importante en cuanto a tradición familiar o vocación desde pequeña. La realidad es que siempre fui buena estudiante, llegó el momento de Selectividad. Tenía claro que quería hacer algo de la rama sanitaria, Biología, Medicina, Fisioterapia... Siempre fui muy deportista y tuve una época de competir, así que pensé que la Traumatología podía complementar actividad física, deporte, salud osteomuscular y el reto de hacer una carrera interesante.

P. ¿Cómo y por qué está en el sindicato CESM, uno de los sindicatos médicos que han convocado huelga en febrero?

R. Formalmente no represento al sindicato, en el sentido de que no realizo labor sindical ni soy delegada. Mi actividad es cien por cien asistencial, pero el sindicato sí me representa a mí. Y son ellos la única vía real para poder lograr cambios. La lucha individual no sirve para nada. Así que pueden contar conmigo para lo que haga falta en esta lucha. Soy muy proactiva en la lucha médica y participo de la reivindicación desde la independencia total.

P. Sea autocrítica y confiéseme una duda no resuelta.

R. ¿A dónde van nuestros impuestos? Parece una pregunta simple, pero conforme voy cumpliendo años me paro a pensar en esto. En por qué tengo la sensación tan mala de que cada ciudadano español colabora de una manera brutal a nivel de impuestos, a veces casi la mitad de lo que ingresamos, y me pregunto dónde está todo ese dinero. Dónde está el bienestar social, dónde la conciliación familiar, la mejoría de la sanidad pública. Y ya con el accidente de Renfe ni te cuento... Las infraestructuras mal, la educación mal, los profesores y sanitarios desbordados... No sé. Ésa sería mi pregunta.

P. ¿Dónde cuelga su bata?

R. Te diré, aunque no sé... Mira, la bata se deja en el hospital, pero voy siempre tan de culo -y perdona- y salgo a unas horas tan malas y la lavandería me pilla mal, que lavo y cuelgo la bata en mi casa. Y eso podría ser un reflejo metafórico de mi vida. Mi vida no acaba en el hospital, la traigo para casa. Y en mi casa tengo a un santo marido, una persona maravillosa y súper inteligente, con un puesto de trabajo magnífico, que ha decidido interrumpir su carrera profesional para cuidar de mis hijos y también permitir que yo siga desarrollándome, porque el parón de la maternidad ya me ha supuesto un esfuerzo descomunal para no descolgarme de todo. Pero claro, la crianza no para en los nueve meses del embarazo ni en los seis primeros meses del postparto.

Él hace el esfuerzo para que yo pueda seguir trabajando, porque la realidad es que el médico no cuelga la bata a las tres. Tenemos que estudiar a diario, es un aprendizaje continuo y con eso contamos: con que el esfuerzo no acaba en el hospital. La suerte es un marido que comprende que yo necesito revisar casos, estudiar, asistir a cursos.

P. No es una situación al uso.

R. Para nada. Soy una rompedora. Hemos invertido los papeles de lo que se entiende como tradicional. Mi marido -y parece exhibicionismo, pero es así- hace el papel de cuidador y de cabeza de familia en casa y yo me parto el lomo en el hospital. Veo perfectamente a una familia de hace 50 años, en la que donde estoy yo estaban los hombres y donde está mi marido estaba la mujer.

Y logrando una cosa poco típica: mis niños no han ido a la guardería, que no estoy en desacuerdo, ojo. Hemos querido criarlos y cuidarlos nosotros, no recurrir a lo que la gente necesita ahora.

P. Oiga, creo que tengo médico el día 16 de febrero.

R. Es una mala fecha para acudir al médico, pero también una semana muy importante para nosotros. Ese día es muy probable que el médico que tenga que atenderte haga huelga, y, salvo que sea un asunto urgente, no te atienda. La atención urgente o no demorable estará garantizada. Os pedimos paciencia, y algo de comprensión: si mejoran las condiciones laborales de los médicos, sin duda, mejorará la sanidad pública, frenaremos la estampida de talento y curaremos esa herida que hoy parece irreparable. 

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