Entrevista
Chus Alonso: «Llevo 38 años en la ferretería y me da lo mismo vender una olla o una tuerca de métrica tres»
El universo de la ferretería no encierra secretos para esta mujer, dependienta de las que resuelve en un cosmos ligado a lo masculino. Chus tiene un cuaderno en el que anota sucedidos imposibles pero ciertos (como la devolución de un reloj sin abrir la caja) y 38 años de experiencias en el mostrador de un comercio en el centro de Soria. La conocen por su nombre, y trata de igual forma. No es lo usual. Posiblemente ella tampoco lo sea.

'Chus' Alonso.
P. Oiga, ¿qué hace mejor, atender o vender?
R. Son cosas diferentes. Creo que hago las dos cosas bien. Porque hay que atender a la gente bien y luego hay que venderles el producto que te están pidiendo. Hay que escucharles y ver lo que quieren. A veces vienen con otra idea, les voy enseñando y al final se llevan lo que les aconsejo.
P. ¿Qué es lo más raro que encontraré aquí, donde hay de todo?
R. Pues lo más raro, colonias, por ejemplo. (¿Y qué es lo más extraño que le han reclamado?). Brillantina para el pelo y crema de zapatos. Y ahora no se me ocurre así ninguna cosa más.
P. ¿Y qué no hallaré?
R. En Ferretería 2000 hay muchísimas cosas. Creo que todo lo que encontrarías sería positivo. Aquí la gente que viene lo hace en plan muy familiar, son gente conocida y nos llaman por nuestro nombre y nosotros a ellos también. (En el 'nos' incluye a su compañera, Rosa Lerma Ojuel). Hay mucha confianza con la gente.
P. ¿Por el nombre en la era del contestador automático?
R. Hay más confianza también. Tenemos gente que es mayor y les llamas de usted, que es lo que normalmente hacemos, y nos corrigen. Luego nos tenemos que acordar para la siguiente vez que vienen a comprar que no hay que decirle de usted a ese señor o señora, sino de tú, porque no les gusta.
P. ¿Qué abraza 'Chus' cuando no puede más, el sentido del humor o la indicación de 'ahí tiene la puerta'?
R. No, el sentido del humor. Yo, de hecho, tengo un cuaderno que se llama El acabóse y me voy apuntando todas las cosas que me van pasando desde hace años en esta tienda.
P. Valioso cuaderno.
R. Hay muchas cosas que se me olvidan luego de apuntarlas, pero tengo muchas y son muy curiosas. (Diga una). Pues la de un señor, por ejemplo, de cuando estaba en la otra ferretería, en la Plaza Mayor. Fue a comprar cuerda de tender y cuando le pregunto cuántos metros quiere me contesta así con un poco de genio: 'Pues yo que sé, de árbol a árbol'. Entonces, claro, le dije que a lo mejor un árbol estaba en la dehesa y el otro en la Plaza Mayor. De ese caso me acuerdo mucho.
Luego tengo otro apuntado de otro señor que le vendí un reloj despertador. Y al día siguiente fue a la tienda a devolvérmelo porque no funcionaba: no lo había sacado de la caja. Estaba el dibujo en la cajita, pero no lo había sacado. Vendes una freidora y a lo mejor te llaman diciendo que no funciona y es que no le han dado a la palanquita de encendido y apagado. Con las planchas, hay personas que no se leen las instrucciones. De hecho, ya salen aquí con la plancha preparada para que planche graduada.
P. ¿Por qué es más difícil o no vender ahora que hacerlo hace 20 años?
R. Pues bueno, porque a lo mejor ahora hay más competencia también. Hay más centros comerciales, lo que pasa que en un centro comercial no te aconsejan, ni te dicen nada más. Vas a por una plancha y te dicen 'ahí están'. Creo que lo mejor que tienen aquí es que los problemas se resuelven.
P. ¿Cuál es el secreto para que dos trabajen de forma armoniosa 30 años uno detrás de otro?
R. El respeto, sobre todo. La verdad es que nos llevamos bastante bien. Rosa lleva más el tema de la iluminación y las cosas más de ferretería. Y yo me dedico más al menaje de cocina y a los electrodomésticos. Aunque luego vendemos las dos las mismas cosas.
P. Cuénteme un disgusto.
R. Pues un disgusto hace muchos años, cuando estaba en la otra ferretería. Una señora se puso a abrir la olla a presión, con presión. Y le explotó. Ese fue para mí un disgusto. Luego a través del servicio técnico se solucionó y y se pudo comprobar que la señora la forzó.
P. Lo mejor que le ha dicho un cliente.
R. Hay muchas cosas, sobre todo, la gente que viene de fuera, que como esta ferretería no hay ninguna, porque encuentran de todo. Vienen de otras ciudades y dicen que no encuentran determinadas cosas y son de Madrid, Barcelona... Y hay muchas cosas que no saben ni que existen.
P. ¿Qué echa de menos en aquella otra tienda del Collado, con los techos altos?
R. ¡Buah! Muchas cosas. Sobre todo el espacio, los escaparates que eran mucho más grandes que estos. Me gusta poner los escaparates, pero que fueran más grandes, porque claro, a mí me gusta mucho comprar estas cosas, novedades y que se vean bien. Aquí lo tengo que tener todo como muy amontonado.
P. ¿De qué no puede hablarse en un lugar como éste?
R. De política nunca hablo aquí y de mi vida privada, tampoco.
P. Sé que viene a trabajar con media hora de antelación.
R. O una hora, sí. (Pues tiene que saber que con eso te miran mal y se convierte en obligación). No, no, no. Eso lo saben los jefes que tengo. Si yo tengo que poner estos escaparates, entonces tengo que sacarlos, que llevan unas ruedas. Con gente no lo puedo hacer. O pongo escaparates o no atiendo a la gente y pierdo ventas. Prefiero quedarme y hacerlo bien. Hay que hacerlo con la puerta cerrada. Si no, sería imposible.
P. Pregunta machista. ¿Por qué entró a trabajar en un comercio de un sector de hombres?
R. Cuando empecé en la otra ferretería, en la Plaza Mayor, había en esa época seis chicos y dos chicas. Ellos se dedicaban más a a las cosas de ferretería y la otra chica y yo al menaje, electrodomésticos y estas cosas. Para mí no ha sido nunca un trabajo de chicos. Llevo 38 años en esta empresa y me da lo mismo vender una olla, una plancha, una tuerca de métrica 3 o lo que me pidan.
P. Otra. Tuercas, remaches, enchufes, brocas del 3. Este universo mal llamado masculino no tiene secretos para usted.
R. No. Es lo más fácil del mundo. Tú me pides una broca del 3, yo vengo aquí (va al lugar donde están), veo las brocas y ya te lo pone que es una broca del 3. También si son para madera, para hierro... Son muchos años los que llevo. Procuro que no se me vayan los clientes sin comprar. Si no hay, pues les tengo que decir que no hay. Y si no tengo, intento pedirlo a la otra tienda o a algún comercial.
P. Cuénteme el día en que se enfadaron (con su compañera).
R. Normalmente no nos enfadamos y nunca hemos estado sin hablarnos. Aparte que no nos da tiempo de enfadarnos, porque tenemos siempre tanto trabajo.
P. ¿En qué se ha reciclado en estos 38 años de trabajo en el mismo sector?
R. Cuando vienen los comerciales ya me van informando. Cuando vendo algo, sé lo que tengo que vender y lo que tengo que explicar a los clientes. Si no, yo soy de leerme las instrucciones de las cosas también.
P. Lo último que ha aprendido.
R. No se me ocurre ahora ninguna cosa. (¿A ejercer la paciencia, quizá?). Soy paciente. Tengo bastante paciencia. Eso sí, mi compañera tiene un poquito más de impulso. En cuanto a la gente hay de todo, pero la mayoría de las personas que vienen a comprar son gente agradable. No puedo quejarme tampoco. De vez en cuando, es verdad que te viene algún cliente o clienta y son un poco raritos y te tienes que aguantar. Así es el trabajo.
P. Prisas, mal genio, indecisos, mal pagadores, ¿qué le saca de quicio?
R. Malos pagadores también hemos tenido aunque hace años. Ya sabemos a quién le tenemos que dejar algo o a quién no. De quicio, bueno, vamos a llamarlo así por hacerlo de alguna manera: que me hable a la vez mucha gente. Y que vengan con prisas. No acabas de atender a una clienta y de repente entra otra y te pregunta algo. Y entonces como otra que está esperando ha visto que te está preguntando, pues ella también te pregunta y acabas atendiendo a cuatro a la vez. Esta mañana me han venido todas con prisas. Y son gente que está jubilada y no tiene nada que hacer.