Entrevista
Javier Ramírez, dulzainero: «Siendo soriano y sanjuanero no concibo unas fiestas de San Juan sin la dulzaina»
Este joven es miembro del grupo de Dulzaineros de Cañada Honda, que acaba de publicar un libro-cd con canciones de las fiestas de Soria

El dulzainero Javier Ramírez posa ante el Árbol de la Música de Soria.
En fiestas de San Juan, de Soria, y algunos otros días de verano, la dulzaina en la funda amarrada a la cintura es una extensión de su cuerpo. La relación de Javier Ramírez Gonzalo con la dulzaina o la gaita -según se toque- viene de lejos, de cuando la extraescolar a los 6 años no se llamaba así y, en su caso, se convirtió en un compromiso de por vida. Dice, alarmista, que el instrumento está en peligro de extinción. Va a ser que no. Ya se encargará él, miembro del grupo de Dulzaineros de Cañada Honda, de que no sea así. De momento, acaban de sacar un cd con canciones de las fiestas.
P. Hablemos de gaitas. ¿O de dulzaina?
R. Depende de cómo lo quieras mirar. Si hablamos de gaitas es porque viene de San Juan, por todas sus canciones. Y se hablamos de dulzaina es porque el instrumento se llama dulzaina. (¿Qué lleva más dentro usted?) La gaita, siempre le he llamado gaita.
P. ¿Por qué sí o por qué no estamos hablando de una música seria?
R. Hablamos de una música seria dependiendo del ámbito en el que nos movamos. Si es una procesión vamos a considerarla seria; y si nos movemos en una gallofa o en cualquier momento de fiestas es música menos seria.
P. ¿Qué es una dulzaina más allá de las fiestas de San Juan?
R. Una dulzaina para mí es un instrumento que llevo toda la vida tocando y creo que debo defender. Ahora mismo pienso que casi está en peligro de extinción y lo llevo sintiendo hace muchos años, desde los seis años.
P. Si lo está el instrumento ¿también los gaiteros?
R. Estamos luchando por ello. La dulzaina cuesta entre la gente joven, aunque parezca que no. Cuesta que coja carrerilla. Lo estamos intentando en dos escuelas y esperemos que se animen a ello los jóvenes.
P. ¿Por qué la siente y qué le transmite?
R. Pues... Es una pregunta complicada. A mí me transmite felicidad cuando la toco. Me siento bien, tranquilo, lleno al tocarla y ver que quien me está escuchando disfruta igual que lo hago yo. No sé explicarte esto. No he probado más instrumentos. El bajo, pero no me llenaba tanto como éste. Llevo toda la vida tocándola y tengo más control con ella. Está en mi zona de confort. También toqué el saxofón, pero la satisfacción y el control al tocarlos no eran los mismos que con la dulzaina. Creo que es por el control por lo que me siento tan realizado.
P. ¿Por qué los Dulzaineros de Cañada Honda y no de Valonsadero, por ejemplo?
R. Cañada Honda es muy representativo de Soria, todo el mundo sabe qué es qué representa Cañada Honda y el día que nos pusimos a pensar el nombre había varias opciones y ésta era la primera y la que más peso tenía. Pusimos ese nombre por todo lo que representa.
P. Si el instrumento tuviera conciencia ¿qué le diría?
R. Sigue tocando, no pares nunca. Creo que me diría eso. Disfruto yo tanto como disfruta el instrumento, la resonancia que tiene... Tengo una unión con la dulzaina muy amistosa, siempre ha sonado bien cualquier instrumento. (¿Porque le traslada a fiestas de San Juan o no solo por ello?). No solo a San Juan, las fiestas son cinco días y no tocamos solamente en San Juan. Tú empiezas el año en enero, tenemos la cabalgata, alguna celebración antes de verano, el Catapán, las fiestas y luego toda la temporada de verano, cuando estamos en los pueblos. Y en ellos haces diferentes cosas. Hemos tocado en Espejón su procesión, la Levadura de Espejón, y es emocionante tocarla, porque te metes con ellos en la procesión y en ese baile que van haciendo.
Luego, nosotros preparamos el Catapán. Si lo preparas bien y ensayas bien para el Catapán, que son cuatro horas seguidas, coges embocadura y mucho repertorio y ya lo tienes para el resto del verano. En muchos de los pueblos hacemos rosquillas o gallofas, que son de tres o cuatro horas, hasta siete hemos tocado en algún pueblo. Y la gente te sigue, con el repertorio que has trabajado en el invierno, durante ese tiempo que nadie ve, en verano sale en las actuaciones.
P. Hablaba antes de control, ¿cómo de perfecta en una gaita, una dulzaina, perdone?
R. La dulzaina es complicada. Es así. Al principio no hay nada de control. Para hacerla sonar, soplas y suena. Pero lleva mucho control de embocadura, de digitación y control también de articulación. Tienes que aunar todo eso, concentrarte en una cosa y en las otras, concentrarte en todo y una vez que empiezas a controlar las tres y las tres se hacen una, pues ya empiezas a controlar un poco el instrumento. Luego es a base de ir cogiendo todo. Lo que más cuesta es la afinación. Es un trabajo muy duro, la verdad. Más que los otros. Conseguir controlar mínimamente el instrumento cuesta tres o cuatro años para que pueda sonar muy bien.
P. Es como si sus manos tuvieran miles de puntos de soldadura con la dulzaina.
R. Bueno… se podría decir. Metafóricamente hablando podría ser.
P. Políticamente incorrecta. Si le pido que toque algo que no sea una sanjuanera ¿qué?
R. Tendría diferentes estilos donde coger. Si tuviera que ser algo resultón y elegante, cogería un pasodoble taurino; si fuera algo tradicional cogería una jota y otra también tradicional, que dijeras ‘joer cómo suena esto’, sería una entradilla, porque es complicada. Tenemos mucho donde elegir. Y cosas modernas también, de las que la gente dice ‘cómo podéis tocar esto’.
P. ¿Antes dulzainero o sanjuanero?
R. Van de la mano. No concibo unas fiestas de San Juan sin dulzaina y siendo soriano y sanjuanero no concibo unas fiestas de San Juan sin la dulzaina.
P. Veamos, ¿cómo de radical puede ser una dulzaina?
R. La dulzaina despierta a los más dormidos y si se toca bien es muy agradable. Si no está bien tocada igual alguno protesta. Pero bueno, a la gente le gusta la dulzaina y cuando cualquier dulzainero saca la dulzaina es porque va a haber fiesta. Y la gente responde.
P. Siete horas seguidas tocando la dulzaina. ¿Me lo explica?
R. La actuación más larga que tenemos es en Narros. Empezamos a la una de la tarde y solemos acabar a las siete, siete y media y algún año hemos acabado a las nueve. ¿Cómo lo hacemos? Como te he dicho, con entrenamiento durante todo el año. Y ese día igual alguna cervecilla nos ayuda a relajar la musculatura de la boca. (¿Cómo es eso de la relajación de la musculatura de la boca?). Al final la embocadura son músculos y si tú estás forzando todo el rato se calientan mucho. Cuando bebes calimocho, cerveza, algo fresco, la embocadura se relaja y todo va más fluido. Pero no nos emborrachamos, claro. Esa relación te ayuda, al final no tocas seguidas las siete horas.
P. Son ustedes muchos... ¿Hay música para todos?
R. Creo que sí hay música para todos. Bueno, unos tocaremos más, otros tocaremos menos. Pero al final, aunque los grupos sean nuevos van saliendo a los pueblos, aunque hagan pocas actuaciones. Creo que sí, que hay música para todos.
P. ¿Qué resaca la deja la dulzaina?
R. ¡Mmmmmm! Te puedo decir que resaca me queda el Lunes de Bailas después de tocar toda la tarde la misma canción con toda la gente que bajamos a las Bailas y subimos a Soria. Es el único día que me deja resaca. No sé si me duele la cabeza, los oídos… Pero me deja satisfacción. El resto de días procuro disfrutarla.
P. ¿Sale siempre de casa en fiestas con la dulzaina?
R. Sí, desde antes del pregón, el miércoles, hasta el Lunes de Bailas ya entrado el Martes a Escuela, la dulzaina todos los días en el cinturón.
P. Y ahora un libro-cd para internacionalizar la dulzaina de Cañada Honda y lanzarles al estrellato.
R. No lo creo. La gente ya nos conoce mucho. Es un trabajo más personal que para lanzarnos al estrellato. No queremos fama. Queremos que la gente nos escuche, que lo disfrute y ya está. El trabajo es el resultado de 25 años tocando en el mismo grupo Agustín Sanz y yo. Ha ido pasando gente y nosotros seguimos al pie del cañón y teníamos esa espinita clavada. Sé que hay uno que lanzaron hace años, José Ángel de Miguel y compañía y no tenía conocimiento hasta que hable con él. Me animó también a que lo hiciéramos. Llevábamos dos años queriendo empezar a hacerlo. Nos ha costado mucho, pero estamos contentos.