Ismael Ballesteros, el soriano que cree en las personas: «La individualidad es un invento que nos han vendido para poder controlarnos»
Impulsor junto con otros ciudadanos y colectivos de la primera fundación comunitaria de Castilla y León, cree que "algo habrá que hacer para que el talento se quede en Soria"

Ismael Ballesteros
Confiesa que se siente de esa generación límite que no sabe si empujar o jubilarse, pero queda claro en la primera respuesta en qué lado de la barca está. Lo dice pocos días después de presentarse en sociedad Renacere, la primera fundación comunitaria de Castilla y León, de la que forma parte con otros ciudadanos y colectivos. Hablamos con Ismael Ballesteros Geriz del arraigo al territorio, de la familia, del talento... Pensamientos de calado sin ropaje. Necesario.
P. ¿En qué hay que creer para seguir intentando cambiar las cosas?
R. Para cambiar las cosas hay que creer en la gente, en las personas, en el mundo que te rodea. Aunque parezca un poco iluso, según está el mundo hoy, siempre se ha creído en quienes te acompañaban.
P. ¿Posible hoy creer en el otro?
R. Sí, sí. Nosotros vivimos en una provincia que ha sido testigo de varias repoblaciones durante su historia. Y más duros que esos momentos no son estos. Siempre ha habido momentos duros y estos son como otros que hemos vivido. Pregúntales a tus abuelos como era el mundo entonces y cómo fue a finales del XIX, a mediados del XX. Creo que es un mundo como siempre.
P. ¿Qué es Renacere más allá de un reto de mejora con un nombre sugerente?
R. Creo que la fundación es una forma de ver el progreso de esta provincia. Una forma de verlo diferente, a lo mejor de forma diferente a cómo se ha estado viendo hasta ahora, por una serie de personas que creen en el futuro, en la provincia y en la gente que vive en la provincia.
P. Creer está muy bien. Bajemos al ejemplo.
R. Mira, un ejemplo concreto es cuando alguien viene aquí y decide, en vez de salir de fiesta y recurrir a la verbena o a los recursos usados, hacer cosas en positivo: apoyar proyectos que generan valor añadido, trabajo, que generan una riqueza hasta cultural, porque no todo es economía. Para que una sociedad sea dinámica tiene que ser culturalmente dinámica. Se crea para apoyar proyectos, no se trata de repartir subvenciones, ni de buscar dinero. Se trata de buscar capital humano y apoyar a ese capital humano para que ponga en marcha proyectos. Proyectos que todo el mundo tiene y que no se atreve a lanzar porque no se siente apoyado y piensa que está solo. Mira, es una forma de acompañamiento. Somos muchos, más de los que creemos y nos apoyamos unos a otros.
P. Demasiados colectivos ya buscando subvenciones.
R. Las subvenciones son como cualquier otra herramienta. Un martillo sirve para clavar o para golpear. Si utilizas una subvención para trabajar con ella es buena; si la utilizas con otros fines, simplemente como recurso, se acaba la subvención y se acaba el recurso. Si la usas para potenciar otro recurso, se mantendrá cuando desaparezca la ayuda. Pero tienen que ser subvenciones para proyectos viables, pero no para mantener status quo o lo que se ha demostrado que no funciona. A lo mejor Renacer es eso, crear algo nuevo.
P. ¿Qué le cansa en este momento de su vida?
R. La política. Me cansa la desinformación. Soy de esa generación límite que no sabe si empujar o jubilarse. Estamos en ese punto en que muchos sorianos piensan jubilarse para irse, otros para venirse porque han idealizado la provincia y los hay que no saben qué hacer, si empezar a crear cosas nuevas, porque hay que aprovechar la experiencia y el conocimiento que tenemos, o decir ‘mira, que empuje otro’. Quizá en este momento estoy en ese punto en el que estoy cansado de que me digan mentiras.
P. Cuénteme que hará esta fundación comunitaria que no se haya emprendido antes.
R. Creo que lo que hará esta agrupación, fundación comunitaria, es aglutinar un potencial humano que en momento se fue, o que ha venido pero de forma no constante, aglutinar este capital humano para intentar que una parte de la provincia, el suroeste empiece a funcionar. Es una de las partes de la provincia que ha estado menos apoyada en todos los sentidos. La más despoblada seguramente, y menos apoyada. Parecemos menos sorianos que el resto. Cuando llegué a Soria hace 30 años me decían si era de Soria. “Sí, de Caltojar, de la zona de Berlanga”, decía. “Pero no de Soria capital”, escuchaba. Existen más sorianos que los capitalinos.
P. ¿Qué le mueve para embarcarse en esta idea?
R. En una de las primeras reuniones fundacionales se hablaba de que ningún trabajo es suficiente, de que al final nada supone nada, nada funciona… y yo no hacía más que pensar en el futuro de mis hijas. Viven y han estudiado aquí. Si los que estamos asentados no hacemos nada, lógicamente nuestros hijos se van a ir. Históricamente la gente se va, exportamos talento. Algo tendremos que hacer para que ese talento se quede con nosotros. Si realmente tenemos algún talento, tendremos que hacer que repercuta aquí. Estamos pagando carreras, estudios, creando una generación muy competente, pues intentemos que se queden aquí. Lo que mueve es intentar poder aportar un futuro si no a la provincia, sí a mis hijos.
P. ¿Hasta qué punto nos define el territorio?
R. El clima define la forma de trabajar y vivir. Incluso económicamente el nivel económico de una zona. Sí, somos muy diferentes, aunque la división provincial no se corresponde con el entorno económico o social.
P. ¿En qué se parece Ismael al suroeste soriano?
R. Seguramente soy exactamente como eran mis abuelos. Y cuanto más mayor me hago, me doy cuenta cómo me parezco a mi padre y me doy cuenta de cómo se parecía mi padre a mi abuelo. Porque he tenido la suerte de convivir hasta con cuatro generaciones de mis ancestros. Creo que más que la geografía, lo que más nos define es la familia. Los pueblos de la provincia eran como pequeños clanes. En el mío, y no era muy pequeño, había realmente cinco o seis familias, entrelazadas, pero eran casi los mismos apellidos. En los cementerios encuentras los mismos apellidos en cuatro o cinco pueblos a la redonda. Del Duero para abajo tengo familia en una veintena de pueblos.
P. El victimismo que se le ha achacado a Soria dicen que ya curó. No lo creo ¿y usted?
R. Yo no creo que sea victimismo. Nunca hemos pensado que nos pegaban o que nos maltrataban. El comentario que he oído siempre es que hemos estado solos, no porque hayamos sido maltratados, en el sentido de ignorado. Nunca hemos tenido una potencia numérica o económica. Más que victimismo creo que ha sido resignación.
P. Creer versus recelar.
R. No. Desconfiando no llegas a ninguna parte. La desconfianza es una atadura. Muchas veces quien desconfía tiene un complejo de inferioridad. Al final la confianza lo que te esta diciendo es que tú eres plenamente consciente de que da igual lo que los demás te hagan: tú tienes que tirar para delante. Si no confías en el mundo, no confías en ti mismo y si no confías en ti mismo no hay progreso. Creo que es una de las cosas que la fundación quiere promocionar, que confiemos en nosotros.
P. Si lo social es cada vez más individual, ¿cómo creamos comunidad?
R. Seguramente a través de fundaciones. Una fundación social, comunitaria, precisamente es eso lo que promueve, no estar solo. Se trabaja siempre mejor acompañado. Hasta hace 50, 60 años tú nunca estabas solo porque tenías el apoyo de la familia, que era la que te salvaba, la que te buscaba empleo en Barcelona, la que te llevaba a trabajar fuera. Se despobló la provincia, pero era el apoyo que teníamos todos. De donde primero tirabas era de un familiar, de un pariente. Llegabas a cualquier sitio y lo primero que buscabas era alguien que te apoyaba. Yo lo he conocido. Salir a la plaza del pueblo o ir al bar, ver a alguien de fuera, ver a alguien que conocías, familiar o no, y te lo llevabas a cenar a casa. Eso hacía que nuestra sociedad avanzara, progresara y fuese vivible. La individualidad es un invento que nos han vendido para poder controlarnos.
P. Hablábamos antes de la resignación. ¿Cuál es a su juicio el mayor pecado de Soria?
R. El mayor pecado de Soria es que pensamos que fuera atan los perros con longaniza. Todos pensábamos que fuera era todo mejor y tuvimos que salir para ver que realmente no era así. Aquí es igual que fuera. No hay mejor o peor. Todo requiere esfuerzo y lo que tú le pongas. Si tú no le pones, ni aquí ni fuera. El mayor defecto que hemos tenido ha sido pensar que lo demás era mejor que lo nuestro.
P. Parece que lleva dentro dar soporte a la mejora de la vida de las personas: dirige con su esposa un establecimiento de ortopedia y audiología, Auteo.
R. Cuando te han enseñado que no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti y cuando estás en un sitio y te gustaría que te hicieran algo, hazlo tú cuando estés en ese lugar es una filosofía de vida. Si tienes un problema y te gustaría que te ayudaran, cuando veas un problema, ayuda. Lo primero que yo aprendí cuando empecé a trabajar es que tú tenías que ser parte de la solución. Todo el que viene aquí viene con un problema. Creo que es vocacional. No hubiera podido tener un oficio que no hubiera sido atender a alguien, ayudar a alguien. No puedo trabajar solo.