Eugenio Alonso, rescatista en la nieve y también en verano: «Aquí en Covaleda actuamos como si fuéramos los guardas del monte»

Este soriano natural de Covaleda es miembro de la Asociación Motonieve Urbión y acaba de recibir la Medalla de Oro al Mérito de la Protección Ciudadana

Eugenio Alonso.HDS

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Soria

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Dice que lleva tan interiorizado el olor a madera, que ni lo nota. Le ocurre hasta en el monte y en pleno pinar, donde es capaz de seguir el rastro de alguien perdido en un temporal de nieve. Ligado al sector maderero por profesión, camionero, Eugenio Alonso Rioja (Covaleda, Soria, 1959) es -además- rescatista en invierno y en verano, miembro de la Asociación Motonieve Urbión y acaba de recibir la Medalla de Oro al Mérito de la Protección Ciudadana. Más de uno está en deuda con esté aguerrido grupo de voluntarios.

P. Oiga Eugenio, el silencio del monte ¿qué le dice?

R. Lo que más me llama es la tranquilidad. Es lo que me transmite el silencio. Es una tranquilidad mental, que te quita de la rutina diaria. Me gusta estar en el monte, pienso que como a la mayoría de la gente de aquí. Por eso tenemos cuidado al máximo que podemos. Aquí en Covaleda somos como si fuéramos guardas del monte, porque cualquier cosa que vemos mal, enseguida estamos contra ello: cogiendo una bolsa, una lata tirada… Nos gusta tenerlo en condiciones. Es nuestro orgullo.

P. Que digo yo que no le cabrá este orgullo en el pecho: la medalla es para usted más que para la asociación de la que forma parte.

R. Pienso que es para toda la asociación, por la colaboración que hacemos. No tiene nada que ver que esté yo pendiente… Es para todos.

P. ¿Qué sería de los Pinares de Soria sin este colectivo, muy veterano, por cierto, y sobre

R. Sería un caos. En caso de búsquedas no hay preparación como la que tenemos nosotros en toda España, para en caso de nieves, ventiscas… Un caos en caso de pérdidas, nieve o accidentes por el tema de la montaña.

P. Hay gente un poco… descerebrada, a la hora de salir al monte, si me permite decirlo. ¿Me lo explica?

R. Creo que no son conscientes de lo que hacen. Nos hemos tropezado de todo, gente con zapatos con tacones en la montaña, gente en zapatillas en invierno y con nieve, con chicos pequeños… Es increíble lo que se ve en el monte. Sin ropa, ha salido el sol y no piensan que arriba (del monte) el clima cambia por completo

P. ¿Qué cara se le queda a uno cuando, siendo voluntario, ha arriesgado su piel por salvar a un imprudente?

R. Es un alivio para nosotros cuando sacamos a alguien de un apuro. Tienes anécdotas de gente. Igual te has encontrado con gente cuando estás haciendo prácticas y dicen ‘qué olor a gasolina’…, como nos dijo uno de Madrid. ‘Perdone, pero estamos haciendo prácticas, procuramos no molestar, pero usted seguro que ha venido desde Madrid a la Laguna Negra en coche’. Y luego resulta que a ese mismo señor tuvimos que ir a rescatarle. ‘¿Qué me dice ahora usted?’. Ahí estamos, con la Junta. Ellos contentos y nosotros también.

Le podía contar la primera anécdota que tuvimos con la Junta, que por ello se hizo un convenio. Estuvieron buscando a un chico de nueve años que estaba esquiando en el puerto de Santa Inés y se había perdido. Nos llamaron a las nueve de la noche y cuando llegamos al puerto hacía 14 grados bajo cero. Nos dijeron que no sacáramos las motos porque era imposible por los ventisqueros que había, que lo habían intentado y la máquina se había quedado helada. Vamos a intentarlo, pensamos. Si el chaval estaba esquiando, o estaba contra algún pino o tendríamos mala suerte de no encontrarlo. Nos dijeron que esquiaba muy bien y se metía siempre fuera de pista. Yo esa zona me la conozco mucho, porque me he dedicado al transporte de madera en los montes y cuando estábamos en la primera batida pensé que podía estar en la pista que baja a Montenegro. Me tiré por ahí y ya vi huellas. 

Antes de bajar a la pista me pidió un guardia ir conmigo, se montó, aunque luego se bajó. Se conoce que cogió miedo. Nosotros seguimos, un compañero y yo; ya veíamos huellas. Y a los seis kilómetros del puerto de Santa Inés nos apareció debajo de una acequia que cruza la pista. Ahí metido. Eso fue lo que le salvó, ahí metido. La Junta tomó nota y debió de pensar ‘estos tienen que estar con nosotros’. Es que les ahorramos dinero. Un vuelo de helicóptero, solo el arranque, ya vale dinero. Nosotros estamos haciendo en torno a 30 rescates entre verano e invierno. Antes en verano no nos llamaban, pero ahora lo hacen para todo.

P. ¿Y qué le dicen los suyos?

R. A la mujer la tengo en vilo, pero las chicas me defienden porque les gusta y están conmigo. Ahí tengo la defensa.

P. ¿Cómo se lleva con el monte?

R. Me llevo bien con el monte. Tengo mucha precaución en ello.

P. Recuerde aquella mala pasada, a usted solo en el pinar.

R. Si le digo la verdad no he tenido malos ratos en el monte. No recuerdo ninguna mala pasada. Solo en una ocasión, cuando andaba por el monte con el camión, se rompió una cadena, me vino a la cabeza y me la abrió un poco. El único accidente que he tenido. Soy gracias a Dios que no he tenido nada más.

P. ¿Cuál es la memoria del monte?

R. El pinar sí recuerda. Lo que sí he visto y veo es que cuando lloran las aguas, y a lo mejor las han intentado cambiar, vuelven otra vez a su ser. Se acuerda por donde iba y vuelve a su sitio por los mismos atajos. Tiene vida de alguna manera.

P. ¿Y cuál es la suya?

R. La experiencia mía, de acordarme, es de gente que ha venido conmigo al monte en verano, luego la he llevado en invierno y el paraje es totalmente distinto. La gente se va contentísima. Es lo que más me viene a la mente, lo que cambia en verano e invierno.

P. ¿Y con el camión? Porque usted ha estado ligado al sector del transporte, camionero ‘de monte’.

R. Sí, sí. He estado siempre en ruta y luego sacando madera de las pistas a las fábricas, a los aserraderos. Puedo decir que hay gente que cuida el monte y otra que le da igual. Yo he visto una acequia atrampada y he parado con mi camión, y ni me han pagado ni he dicho nada, y he estado abriendo la acequia. No sé, es algo que llevas dentro. Sabía que si no la abro, la carretera podía romperse por ahí. Tenía medios para hacerlo también. Eso depende de cada uno.

P. Dígame en qué ha cambiado, a su juicio, el pinar, Urbión, en general la zona arbolada de Soria, en los últimos 30 años.

R. En Urbión, por ejemplo, antes no había pinar y ahora mismo está subiendo el pino. Antes no había, era todo un pelado, y ahora sube. En el sentido de cuidado, se quema menos, hay más broza en el monte de la que cría el mismo monte, de lo que cortan la madera y van dejando las ramas, no sé si por los costos o lo que sea está más sucio que antes. En su día se hacían limpias, se limpiaba el monte; llegaba la temporada y quemaban todo lo malo. Ahora sin embargo hay sitios que son polvorines; demos gracias a Dios que no tengamos ninguna desgracia. Es lo que más veo yo que se deja un poco abandonado ahora.

P. Hablemos de la marca diferencial de Covaleda.

R. ¿En qué sentido? (Algo tendrá Eugenio que no el vecino de Golmayo). Creo que más que nada es el cuidado de lo que tenemos. Imagino que los de Golmayo cuidarán lo suyo. Por eso le digo que una persona de Covaleda es como si fuera un guarda del monte. Estoy seguro de que ven algo que esté prohibido y cualquiera del pueblo echa el alto a quien sea. Seguro.

P. ¿Por qué acaban por exigirle a uno algo que da de forma voluntaria y altruista? Es lo malo de ser voluntario.

R. Siempre me he preguntado hasta dónde podemos llegar nosotros. Porque prácticamente hacemos el servicio de un guardia civil, de un guarda, de auxiliar a gente mayor llevándole algo a casa cuando no puede salir, como en pandemia. No sé hasta dónde podremos llegar. Porque los voluntarios no vivimos de ellos. En la asociación somos cien personas.

P. Pregunta impertinente. ¿Y cuando no pueda subir al monte?

R. Muy fastidiado tengo que estar para no poder subir al monte. La edad para hacia arriba. No sé. El orgullo que tengo es que quien venga detrás siga mis pasos. Otra cosa no se puede hacer.

P. ¿A qué le huele la madera?

R. Llevo el olor a madera tan metido, tan metido, que si le soy sincero ya no me huele a nada. Lo llevo dentro.

P. ¿Hay relevo en Motonieve Urbión?

R. Sí… Los jóvenes están siempre ahí al pie del cañón. Cuando tengo una llamada, enseguida me aparece gente; no tengo problema en ese sentido. El problema es que los pille trabajando, pero si es un caso urgente, ahí los tengo. Si hay que hacer noche, se hace noche. Sí es verdad que hay siete u ocho personas que tiramos más del carro, pero es porque podemos y tenemos más tiempo que ellos.

P. Si estuviéramos en verano, le preguntaría por la prudencia ante el fuego, pero estamos en este 30 de octubre y resultaría infame no tener un recuerdo para lo sucedido en Toledo.

R. Lo he vivido penosamente, como el resto. Pienso que no podemos llegar a ese extremo al que se está llegando. Las autoridades, y para eso pagamos unos impuestos, tienen que poner manos a la obra; si la infraestructura es vieja tienen que hacer algo. Pero no se puede seguir así, perdiendo gente como se está perdiendo. Y no es ya un accidente. Es otro y otro y otro. Ha de tener más seguridad y que no dependa solo de una persona. Porque si la hay y no funciona es como no tener nada. Es doloroso.

P. Difícil ahora elegir ser maquinista o ministro, sin media broma.

R. Un ministro, según estamos viendo, tiene menos responsabilidades que el maquinista. A mí me ha gustado mucho conducir, y tengo todos los carnés. La responsabilidad no es la misma si llevas un autobús o un camión.

P. ¿Qué le deja callado?

R. En los años que vivimos no veo que esto funcione. Y me da igual un color de política que otro o que otro. No soy político ni vivo de ello. Lo que me gusta es estar en paz, llevarme bien con todos.

P. Oiga, qué suerte es tener suertes en Covaleda.

R. No. Eso es desgracia. (Veo que lo pilla al vuelo). Covaleda tuvo el privilegio de tener suertes en su día; hoy no, hoy no se cobra nada por tener una suerte. No sé si son 300 euros la suerte. No se cobra nada. A lo mejor ese dinero, bien empleado entre todos, tendría más éxito que cobrándolo 300 euros una persona. ¿Qué te hace eso? Son cuatro cafés… Lo que veo es que antes con una suerte te hacías una casa. Y ahora sin embargo la gente está perdiéndola porque se marcha a Soria a vivir, porque aquí no hay trabajo. La suerte de pinos hoy es desgracia en Covaleda.

P. Lo que echa de menos en los pinares sorianos.

R. Lo que más echo de menos es la limpieza en general. Eso me preocupa porque es un polvorín.

P. ¿A quién dedica el premio que le concedieron?

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R. Lo dedico a la asociación, porque se lo ha dedicado ya está gente. Es para toda la asociación, por todos los años que lleva. Tiene más de 60 años ya esta asociación.

Eugenio Alonso.HDS