Sanidad
Castilla y León eleva el consumo de antibióticos un 40% en cinco años
Las farmacias dispensan 1,3 millones de envases hasta octubre del año pasado, lo que sitúa a la Comunidad a un paso de duplicar los datos de 2021. Los médicos justifican el repunte por el "envejecimiento poblacional y la polifarmacia"

Área de farmacia en una imagen de archivo.
No importa el tamaño del hogar ni la edad de quienes lo habitan: en casi todos existe un botiquín doméstico donde los antibióticos han ido ganando presencia con los años. Un uso cotidiano que no está exento de riesgos, especialmente cuando se conservan sin indicación médica o durante más tiempo del recomendado, lo que compromete su eficacia y favorece prácticas inadecuadas. Y si los cajones están a rebosar, otro mal indicativo, siendo lo conveniente conservar únicamente aquellos que están bajo indicación médica. No hace falta asomarse a cada casa de Castilla y León para constatar que el consumo de antibacterianos mantiene una tendencia al alza desde hace cinco años, con un incremento del 40,6 %.
Virus, parásitos, hongos y hasta las ‘afamadas’ bacterias. Sea cual sea el microorganismo, las infecciones están a la orden del día en cualquier hospital o centro de salud. Es un hecho que no cambia año tras año, desde la aparición resfriados comunes que perfectamente pueden superarse sin atención médica, hasta gripes que, en épocas de gran incidencia, pueden llegar a colapsar los servicios de Urgencias. Y aunque las infecciones pueden ser de tipo respiratorio, cutáneo o urinario, los antibióticos siguen ocupando un lugar central en su tratamiento cuando el origen es bacteriano, exista vacuna o no.
Las cifras que maneja la Consejería de Sanidad así lo demuestran, con una línea ascendente imparable desde, al menos, el 2021, cuando los envases suministrados en farmacias a pacientes de la Gerencia Regional de Salud de Castilla y León llegaron a los 963.039 en los primeros diez meses de aquel año. En sólo cuatro años se dispensó medio millar más en el mismo periodo de tiempo, mientras que en 2025 la variación es del 40,6% respecto a cinco años atrás, con más de 1,3 millones de antibióticos consumidos por los usuarios, lo que se traduce a su vez en un gasto de más de 10 millones de euros por parte de a Consejería de Sanidad.
«Ese aumento en la prescripción de envases en Castilla y León se debe a una combinación de factores como el envejecimiento de la población, la cronicidad de enfermedades, un mayor acceso y conocimiento de tratamientos, la polifarmacia (uso de múltiples medicamentos), y el diagnóstico precoz de afecciones crónicas, impulsado por una sanidad más proactiva y un mayor control desde Atención Primaria», explica José Luis Almudí, presidente del Colegio de Médicos de Valladolid.

Consumo y gasto de antibacterianos entre enero y octubre de 2021 y 2025.
Cuestiones que menciona Almudí que son comunes en cada territorio de Castilla y León, con mayor o menor impacto, mientras ninguna es ajena a la escalada, con la de Valladolid Oeste a la cabeza, con un crecimiento del 49,8% en la dispensación de envases de antibactariamos entre enero y octubre de 2021 y 2025. Por detrás se sitúan la de Salamanca y Segovia, con un 45,5% cada área; Ávila, con un 40,8%; Palencia, con un 40,5%; León, con un 40,4%; Zamora, con un39,6%; Valladolid Este, con un 39,2%; Soria, con un 37,8%; Burgos, con un 36,2%; y El Bierzo, con un 29,1%.
«Más que un un repunte accidental, lo que existe es un volumen de prescripción muy elevado derivado de un uso culturalmente excesivo», aclara Almudí. De la causa a la consecuencia, con la utilización desmesurada alimenta «el ciclo de resistencia bacteriana», de forma que cuando las bacterias se exponen a un antibiótico de forma incorrecta pueden desarrollar «mecanismos de defensa».
La automedicación –según apunta Almudí– es uno de los factores principales que aceleran el desarrollo de la resistencia bacteriana, aspecto en el que España es uno de los países europeos con las tasas más altas. Sin el potencial efecto del medicamento, las bacterias logran sobrevivir y, posteriormente, multiplicarse de forma acelerada. «El impacto clínico de estas ‘superbacterias’ se traduce en hospitalizaciones más largas, recuperaciones prolongadas y la necesidad de tratamientos más costosos y con mayores efectos secundarios», afirma el facultativo.
Con un avance imparable, la resistencia bacteriana ha convertido infecciones que antes eran comunes en enfermedades difíciles de manejar, como ejemplo ocurre con la neumonía e infecciones urinarias, o bacterias como el Staphylococcus aureus, Enterococos, o Escherichia coli.
«El aumento de las infecciones resistentes no solo representa una crisis de salud pública, sino también una carga financiera masiva para los sistemas de sanidad, el coste se manifiesta de diversas formas», menciona Almudí, siendo una consecuencia directa los más de 1.100 millones de euros anuales desembolsados a nivel europeo para gestionar infecciones causadas por microbios con resistencia. Contra ese tipo de microorganismos, el del Colegio de Médicos de Valladolid recuerda que la «prevención» es el método más eficaz.
Con o sin resistencia, en Castilla y León se observa cómo el gasto realizado por Sacyl para conseguir antibióticos se dispara con casi tres millones de euros más que hace cinco años, lo que supone un 42,1% de incremento.
Para Almudí, el objetivo es que las unidades contenidas en caja de antibióticos sean las exactas para completar el tratamiento prescrito, evitando que sobre medicación que pueda ser utilizada posteriormente en procesos de automedicación. «El uso correcto y bajo supervisión profesional es el procedimiento más eficaz para preservar la utilidad de estos medicamentos en el futuro», concluye, con la vacunación como «aliado excepcional» para reducir el consumo, sin olvidar «mantener buenos hábitos de higiene».