Heraldo-Diario de Soria

Cesefor desaconseja recoger setas en los montes afectados por el incendio de Burgohondo

Alerta del riesgo de caída de árboles y de la fragilidad del suelo en las zonas quemadas

El incendio forestal de Burgohondo (Ávila).

El incendio forestal de Burgohondo (Ávila).ICAL

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La Fundación Cesefor, que gestiona el programa Micocyl, desaconseja acudir a recolectar setas a los montes afectados por el incendio de Burgohondo, en Ávila, ante el riesgo de caída de árboles, la inestabilidad del terreno y la necesidad de proteger su recuperación. La advertencia incluye superficies del acotado micológico AV-50.003 ‘Gredos’, donde el fuego alcanzó los montes de utilidad pública Valle de Iruelas y Monte del Concejo.

Al respecto, explicó que los árboles quemados pueden permanecer en pie durante meses y caer sin aviso, especialmente con viento o después de lluvias que ablanden el terreno. El daño en las raíces, precisó, puede pasar inadvertido aunque el tronco conserve su apariencia.

“La pérdida de vegetación y hojarasca también dejó el suelo expuesto a la erosión. Las lluvias otoñales provocaron la apertura de cárcavas y el arrastre de cenizas, barro y sedimentos hacia cauces, embalses y captaciones”, explicó para relacionar estos materiales con problemas recientes de abastecimiento de agua potable en algunas localidades de la zona.

A estos riesgos se sumaron los trabajos de retirada de arbolado quemado, en ejecución o previstos en parte de la superficie afectada. Al respecto, la Fundación recordó que la normativa autonómica sobre el recurso micológico no permite recolectar setas en lugares donde se desarrollen aprovechamientos maderables o leñosos u otras operaciones forestales con maquinaria.

El incendio se declaró el 22 de julio y permaneció activo durante 15 días antes de su estabilización, de acuerdo con la información difundida por el programa. Las estimaciones obtenidas a partir de imágenes de Sentinel situaron la superficie afectada en Ávila en unas 37.800 hectáreas, de las que 33.900 corresponderían a terreno forestal y 27.600 a superficie arbolada, informa Ical.

El fuego recorrió el valle del Alberche, Tierra de Pinares, el entorno de la Sierra de Gredos y el valle del Tiétar, y afectó a buena parte del Valle de Iruelas. Dentro del acotado ‘Gredos’, desde Cesefor se identificó dos grandes montes afectados: el número 60, Valle de Iruelas, situado en El Barraco y propiedad del Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila, con 5.575 hectáreas catalogadas; y el número 77, Monte del Concejo, de Navaluenga, con 3.144 hectáreas.

Asimismo, aclaró que estas superficies corresponden a la extensión de los montes y no a las hectáreas quemadas en cada uno. Dentro del perímetro del incendio quedaron áreas calcinadas, otras parcialmente afectadas y manchas que se salvaron. “La delimitación exacta corresponde al Servicio Territorial de Medio Ambiente”, puntualizó.

Recuperación del recurso micológico

Micocyl advirtió de que la recuperación de las especies más buscadas por los recolectores no dependerá únicamente de las lluvias, y agregó que boletus, níscalos, llanegas y rebozuelos son hongos micorrícicos, asociados a las raíces de árboles vivos, de los que reciben azúcares a cambio de facilitarles agua y nutrientes.

En este sentido, explicó que la muerte del arbolado interrumpe esa relación y, con ella, la producción de estas especies en las superficies calcinadas, y situó su recuperación en un proceso ligado al establecimiento de nuevo arbolado, con plazos que pueden medirse en décadas.

En cambio, señaló que los terrenos quemados pueden albergar hongos pirófilos o carboneros, como pyronema, geopyxis carbonaria o diversas pholiota, y destacó su función ecológica en la fijación del suelo y el inicio de la recuperación. “Pueden aparecer colmenillas en las primaveras posteriores a un incendio”, resaltó.

También desaconsejó consumir setas procedentes de superficies recién quemadas por la presencia de cenizas y residuos de la combustión, con independencia de que la recolección esté permitida, y pidió evitar el pisoteo de estas zonas, ya que compacta el suelo, daña las plantas que comienzan a brotar y acelera la erosión. "El mejor favor que se le puede hacer a un monte quemado es no pisarlo", resumió.

Como alternativa, remitió a los recolectores a los montes situados fuera de la superficie afectada, y recomendó consultar los avisos actualizados en la web de Micocyl, además de respetar la señalización y las indicaciones del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Ávila.

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