Restaurante
Mesón Los Caballos, un clásico de Soria galopa de nuevo con asados suculentos y mucha variedad
Jorge Vasilov recupera desde hace un lustro el brillo del restaurante en Las Casas con carnes selectas, platos de cuchara, postres caseros y una barra de almuerzos contundente y con decenas de opciones

Jorge Vasilov, impulsor de la nueva y aplaudida etapa del Mesón Los Caballos de Las Casas (Soria).
Cada establecimiento tiene su historia y la del Mesón Los Caballos (Las Casas, Soria), es de valentía y trabajo. Jorge Vasilov asumió en la pandemia todo un clásico de la restauración soriana que «estaba de bajada». Fue «reformando, agrandando, construyendo al lado el Hotel Campos de Castilla, creando el comedor de abajo...». Por el día se trabajaba de cara a la clientela; cuando se podía, lavando la cara a un restaurante de larga trayectoria a muy escasa distancia de la capital soriana.
«Lo subimos muy rápido y ahora trabajamos para mantenerlo», algo que apuntala poco a poco con buenas críticas, menús contundentes de cocina casera, almuerzos tradicionales o una plata en un concurso midiéndose a otros 56 parrilleros de España. «Los asados también salen por suerte muy bien, tanto el de lechal como el de cochinilla», asevera Jorge sin necesitarlo: el olor que fluye desde el horno es exquisito.
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A primera hora el camino comienza a poblarse de todoterrenos, furgonetas y paseantes del pueblo. Es la hora del almuerzo y cazadores, trabajadores o simplemente aficionados a la cocina tradicional. «Callos, oreja guisada, morro rebozado, ensaladilla rusa... A la gente les gusta bastante y vienen. Procuramos tener en barra más de 40 alternativas. Somos un clásico de los que había antes en Soria y ahora muchos se han perdido». Cuesta «mucho trabajo» el mantener vivas todas estas elaboraciones. Unos huevos con jamón por aquí, otros con oreja por allá, y a seguir con la jornada y energías renovadas.
A la hora de la comida el Mesón Los Caballos ha configurado «un menú como si fuese una carta, con ocho o diez primeros y diez segundos» siempre caseros. Jorge reconoce que quizás no sea el más barato de Soria pero «se da mucha calidad y es todo hecho aquí, no se compra nada precocinado». De hecho presume de que «tenemos huerto propio» y lo que va dando se incorpora a las propuestas culinarias. Más trazabilidad y tranquilidad, imposible.
Incluso «todos los postres los hacemos aquí» y son cerca de una decena de propuestas. Destaca la tarta típica, la costrada, «que es lo que más gusta a los sorianos» para terminar una buena comida o cena.
En la oferta gastronómica hay mucho de Jorge, por ejemplo en su gusto por los arroces «o por los platos de cuchara, incluso en verano». Siempre hay arroces caldosos o melosos, no faltan pochas o fabada y la sopa de marisco conforta además de ser sabrosa. Como la de cocido, cuyo caldo «hacemos desde cero aquí, casero-casero» y es una de las más aplaudidas por los clientes. Algunos dicen que nunca la habían probado tan sabrosa. También hay ensaladas u opciones ligeras y el menú se varía todos los días para que repetir restaurante nunca canse al paladar.
De segundo también hay mucho donde elegir, pero la ‘chicha’ es toda una seña de identidad del Mesón Los Caballos y merece la pena animarse. «El chuletón o el asado son especiales, hay que probarlos», apunta Jorge. Se le nota la ilusión cuando habla de «un horno y una parrilla que son especiales y en las que nos ‘defendemos’», aunque quienes lo prueban van más allá y lo ponen como ‘de lo mejorcito’ de la zona. Cuando la materia prima es buena también se da gusto a quien gusta de mojar pan con en guiso de rabo de toro o ese «pollo de corral». «Y también algo de marisco».
Como cada cual tiene sus preferencias, Jorge se confiesa. Las legumbres le gustan pero no le cansa esa sopa de cocido casera; o el hojaldre de setas, foie y trufa, que la cocina tradicional de Castilla y León no tiene que estar reñida con propuestas selectas. Una tentación por capas con mucho sabor a la provincia de Soria. La localidad de Las Casas se encuadra en el Ayuntamiento la capital, está al otro lado de la variante y sin gran desplazamiento desde la ciudad, pero mantiene su aire de pequeño pueblo para dar un paseo y bajar la comida. Conectada con el icónico monte Valonsadero y con el hotel anexo, puede ser un buen punto de partida para cenar a gusto, disfrutar de la bodega y su selección de vinos, descansar sin coger el coche y planteándose visitas turísticas para la siguiente jornada.
Con dos comedores amplios que permiten realizar celebraciones de todo tipo, una amplia terraza cuando el sol se deja ver el espacio abunda. Tranquilidad, mucha variedad «con la que no cansamos», cocina tradicional, un boca a boca que funciona, «muchos clientes fijos»... Aquel trabajo para que el Mesón Los Caballos volviese a galopar con brío ha dado sus frutos.