Heraldo-Diario de Soria

Agricultura

El campo se queda sin manos

La actividad agraria en Castilla y León presenta problemas para completar plantillas en periodos de campaña, con un incremento de la contratación de trabajadores extranjeros

Un grupo de jornaleros recogen patatas en una explotación de la localidad vallisoletana de Villamarciel.

Un grupo de jornaleros recogen patatas en una explotación de la localidad vallisoletana de Villamarciel.ICAL

Publicado por
Fernando Malanda
Valladolid

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La falta de mano de obra se ha consolidado como el principal problema del sector agrario en Castilla y León, donde agricultores y ganaderos advierten de que cada campaña resulta más difícil de sacar adelante. La escasez de trabajadores afecta a la mayoría de cultivos y explotaciones ganaderas. La actividad agraria en Castilla y León presenta problemas para completar plantillas en periodos de campaña, con un incremento de la contratación de trabajadores extranjeros y una disponibilidad limitada de mano de obra local. No se trata ya de una situación puntual o coyuntural, el problema se ha convertido en estructural y condiciona el presente y el futuro del campo.

El déficit laboral se extiende a todo el territorio autonómico, con especial incidencia en las zonas más despobladas. En estas áreas, la falta de población activa agrava aún más la dificultad para encontrar trabajadores. Las explotaciones familiares, predominantes en la comunidad, tienen cada vez más problemas para mantenerse. La ausencia de relevo generacional se suma a esta situación y genera un escenario de incertidumbre creciente.

La actividad agraria requiere mano de obra en distintos momentos del año, pero es durante las campañas cuando la demanda se dispara. Cultivos como la patata, la vendimia o las hortícolas necesitan un gran volumen de trabajadores en periodos concretos. Esta estacionalidad complica la contratación y obliga a buscar soluciones rápidas. No siempre llegan a tiempo. Por ello, el sector enfrenta dificultades constantes.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y del Ministerio de Agricultura, Castilla y León cuenta con unas 60.000 personas vinculadas al sector agrario. De ellas, aproximadamente 37.000 trabajan por cuenta propia y unas 23.000 por cuenta ajena. Esta estructura evidencia el peso del modelo familiar y la necesidad de asalariados durante las campañas. Los picos de actividad incrementan la demanda hasta 27.000 o 28.000 trabajadores en el campo de Castila y León.

La mano de obra extranjera se ha convertido en un elemento esencial para el funcionamiento del sector. Más del 50% de los trabajadores asalariados son inmigrantes y, en determinadas campañas, este porcentaje supera el 70%. Esto demuestra que su papel es estructural y no meramente coyuntural. La dependencia de trabajadores extranjeros es preocupante para el campo. Sin ellos, muchas campañas no podrían completarse.

Dependencia

La falta de trabajadores nacionales responde a múltiples factores, entre ellos la dureza de las condiciones laborales. El trabajo en el campo exige esfuerzo físico, horarios variables y exposición a condiciones climáticas adversas. Esto hace que muchos jóvenes opten por otros sectores. La agricultura se percibe como un empleo poco atractivo. La escasez de relevo agrava el problema y la continuidad del sector.

A esto se suma la falta de servicios en el medio rural, que dificulta la fijación de población. La ausencia de infraestructuras, transporte, sanidad y educación reduce el atractivo de vivir en los pueblos. Esto limita la disponibilidad de trabajadores locales y agrava la despoblación. Se genera un círculo difícil de romper. La falta de población activa condiciona la sostenibilidad de las explotaciones familiares.

Las organizaciones agrarias coinciden en señalar que la solución pasa por facilitar la contratación de trabajadores extranjeros, especialmente en campañas agrícolas. Reclaman la simplificación de trámites administrativos y mayor agilidad en la concesión de permisos de trabajo. Esto permitiría responder a las necesidades del sector con rapidez. La burocracia actual ralentiza el desarrollo de las campañas. La flexibilidad es vital para mantener la productividad.

El presidente de Asaja, Donaciano Dujo, afirma que «la verdad es que necesitamos más gente para trabajar, que no la encontramos en nuestro entorno». Esta declaración refleja el problema de base y la dificultad creciente para cubrir puestos. La escasez laboral pone en riesgo la continuidad de las explotaciones y afecta a todo el campo regional. La intervención urgente es necesaria.

Dujo insiste en la importancia de la mano de obra extranjera al señalar que «hoy ya más del 50% son inmigrantes que desarrollan las tareas agrícolas». Esto evidencia la dependencia del sector y la necesidad de adaptar la normativa. Sin estos cambios, las campañas podrían retrasarse o perder eficiencia. La planificación de la producción depende de la disponibilidad de trabajadores internacionales. La formación y adaptación son esenciales.

El dirigente agrario también apunta a las dificultades de cualificación: «Tenemos que acogernos a gente que viene de terceros países, que no conoce el terreno ni el trabajo». Esto obliga a formar a los trabajadores y ralentiza el ritmo de las campañas. Además, genera costes adicionales que afectan a la rentabilidad. La temporalidad y la rotación laboral complican la continuidad del sector. La planificación requiere capacitación constante.

Dujo también destaca la burocracia como un problema grave: «Los trámites de legalización son muy farragosos y se tarda mucho tiempo». Esta lentitud impide cubrir las necesidades en el momento adecuado y perjudica el desarrollo de las campañas. Reclama procesos administrativos más ágiles. La legislación debe adaptarse a la realidad del campo para garantizar eficiencia y continuidad. La agilidad legal es vital para la viabilidad del sector.

En este sentido, Dujo propone que «si están en España y tienen derecho a servicios sociales, también tienen que tener derecho a trabajar». La medida busca facilitar la integración de los trabajadores extranjeros y mejorar la disponibilidad de mano de obra. Esto permitiría que las campañas se ejecuten con normalidad y mayor eficiencia. La reforma legal es un paso clave y reduciría la rotación laboral en el sector.

Desde UPA, el representante Aurelio González advierte que «es un problema importante, la falta de mano de obra». La escasez laboral es generalizada y afecta a todo el sector agrícola y ganadero. La falta de mano de obra pone en riesgo la producción y el crecimiento del sector. La dependencia de trabajadores extranjeros aumenta cada año. La planificación de campañas requiere soluciones inmediatas y coordinadas.

González distingue entre empleo estable y temporal: «hay trabajo estable en explotaciones ganaderas y trabajo de campaña en agricultura». Ambos presentan dificultades, aunque el empleo temporal es más complicado de cubrir. La estacionalidad limita la disponibilidad de mano de obra. Esto exige estrategias de contratación y eficientes. La estabilidad laboral es limitada y condiciona la productividad.

Sobre las causas, González apunta que «la gente nativa no tiene muchas ganas de trabajar en la agricultura porque son trabajos duros». La percepción de dureza desanima a los trabajadores locales y jóvenes. Esto obliga al sector a depender de trabajadores extranjeros. La escasez nacional de mano de obra aumenta la presión sobre la contratación internacional. La situación es estructural y creciente.

Desafíos

También destaca el impacto del entorno rural: «Si no hay servicios en los pueblos, es muy difícil que la gente se quede». La falta de infraestructuras limita la atracción de población y agrava la escasez laboral. Sin soluciones, la despoblación continuará, afectando directamente la disponibilidad de mano de obra. La inversión en servicios rurales es prioritaria para asegurar la continuidad de las explotaciones familiares y del sector.

En defensa del sector, subraya que «no se debe demonizar la contratación en el campo». La mayoría de las explotaciones cumplen la normativa y respetan los convenios laborales. Sin embargo, la percepción pública puede ser negativa. Esto genera tensiones entre trabajadores locales, medios de comunicación y asociaciones agrarias. El sector pide comprensión y apoyo a sus necesidades, enfatizando la legalidad de la contratación.

Desde COAG, el representante Alberto Duque confirma que «no encontramos gente que quiera trabajar en el campo». La escasez de trabajadores es evidente, especialmente en campañas agrícolas intensivas. Esto obliga al sector a buscar alternativas externas. La falta de mano de obra limita la producción y planificación de las explotaciones. La presión laboral se mantiene constante durante los picos de actividad, aumentando visiblemente los costes.

Duque añade que «se necesita mucha mano de obra y no hay manera de conseguir más gente». Esta situación obliga a adoptar soluciones alternativas y aumenta los costes operativos. También afecta la rentabilidad de las campañas y limita la capacidad de producción. La escasez laboral obliga a los empleadores a buscar soluciones rápidas y adaptables. La planificación de las campañas se vuelve crítica.

El representante señala que «los precios de mano de obra están en torno a los 15 euros por hora». Este nivel resulta elevado para muchas explotaciones, repercutiendo en la rentabilidad del sector. La escasez laboral obliga a ajustar los costes de producción y mantener salarios competitivos. Esto evidencia la tensión existente en el mercado laboral agrario. La sostenibilidad económica se ve afectada y condiciona la planificación.

Duque también destaca la temporalidad: «la mayoría son temporeros». Esto dificulta la estabilidad laboral y la continuidad de los trabajadores. La rotación constante genera costes adicionales y retrasos en las campañas. Mantener personal capacitado se vuelve un desafío estructural. La eficiencia de las explotaciones depende de la disponibilidad y estabilidad de la mano de obra.

El coordinador de UCCL, Jesús Manuel González Palacín, afirma que «es un problemón gordo». La falta de mano de obra limita el desarrollo del sector y su capacidad de crecimiento. Muchas explotaciones no pueden expandirse, lo que frena la inversión y reduce la competitividad regional. La situación requiere soluciones urgentes y coordinadas para mantener la producción y mejorar la eficiencia del sector.

González Palacín explica que «muchas explotaciones no pueden crecer porque no encuentran gente». Esto limita la modernización y la incorporación de nuevas tecnologías. La productividad se mantiene estancada y las oportunidades de desarrollo rural se reducen considerablemente. La escasez laboral afecta directamente la competitividad y la eficiencia del sector agrario. La inversión se ve condicionada por la disponibilidad de trabajadores.

Limitaciones

Sobre la estructura laboral, señala que «quizás uno o dos de cada diez son fijos y el 80% son temporales». Esto evidencia un modelo basado en campañas que requiere flexibilidad y adaptación constante. La mayoría de los trabajadores no permanecen de manera continua, lo que complica la planificación de largo plazo. La estabilidad laboral es limitada, afectando la productividad y la continuidad de las campañas.

En cuanto a la inmigración, indica que «más del 70% de la mano de obra es extranjera». Esto confirma su papel esencial en el sector. La dependencia de trabajadores de otros países es evidente. Sin ellos, muchas campañas no podrían completarse. La inmigración se ha convertido en un elemento estructural, no solo coyuntural. La planificación de campañas depende de su disponibilidad.

En materia de soluciones, González Palacín propone que «facilitar permisos temporales o regularizar a quienes ya están sería muy positivo». Esto permitiría cubrir necesidades de forma inmediata y reduciría la incertidumbre. Agilizaría el desarrollo de campañas y mejoraría la estabilidad de las explotaciones. La flexibilidad administrativa se considera clave para mantener la productividad y continuidad del sector.

El coordinador también apunta al problema del medio rural: «el problema es vivir en los pueblos, donde no hay servicios ni infraestructuras». Esto dificulta atraer trabajadores locales. La falta de vivienda, transporte y sanidad es un obstáculo. Sin mejoras, la despoblación continuará y afectará la disponibilidad de mano de obra. La inversión en servicios rurales es prioritaria.

La falta de mano de obra se ha convertido en uno de los desafíos del campo en Castilla y León. Es un problema estructural que afecta a cultivos y ganadería. Requiere cambios urgentes en inmigración, legislación y servicios rurales. La continuidad de las explotaciones depende de estas medidas.

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