Heraldo-Diario de Soria

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UN PARTIDO La arrogancia de los políticos les hace pertenecer al club de los que piensan que lo importante es que hablen de uno aunque sea para ponerle de chupa de dómine o ‘cual no digan dueñas’ que diría D. Quijote.

Y en ese caso, el Partido Popular está de enhorabuena. Para muestra un botón. Portada de ayer de ‘El Mundo’: ‘Rajoy ignora las propuestas para regenerar su partido’. Portada de ayer de DIARIO DE SORIA: ‘Los críticos acusan a Angulo de distanciarse de la provincia’. En definitiva, tanto si miramos al ámbito nacional, como si nos quedamos en el local y provincial, el partido hecho unos zorros.

En realidad, los políticos sufren un problema de audición denominado sordera selectiva, que es inherente a todos los políticos de cualquier signo y que consiste, básicamente, en escuchar lo que les parece y en oír aquello que les conviene. O, dicho de otro modo, su órgano auditivo tan solo recoge lo que les halaga los oídos, eleva su egocentrismo y, en general, endulza su ajetreada existencia. No es un problema sino una característica del ‘animal políticus’. Y quien a ellos se dirige, es evidente, se cansa no de que sus palabras entren por un oído para salir directamente por el otro, sino de que no atraviesen el primero de ellos.

El Partido Popular de Soria está haciendo su particular travesía del desierto. Son ya muchas las legislaturas sin tocar poder en el ayuntamiento de la capital y a ello se viene a unir la Diputación Provincial. Y es que hay que saber gobernar y hacer oposición. Para ambas empresas se necesita estar preparado, porque resulta que la matemática electoral es muy caprichosa y no siempre da el resultado apetecido.

Bueno, pues los populares están que se tiran los trastos a la cabeza por lo de siempre. Los puestos a repartir disminuyen proporcionalmente al poder perdido y ¡claro! hay más que palabras cuando la tarta es pequeña y todos son golosos. Entre todos la mataron y ella sola se murió, reza el refrán. No una, sino muchas son las causas que llevan a un partido a perder poder. Más vale que se lo hagan mirar; o mejor, que se lo miren y analicen ellos solitos.

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