El ocio y la abulia
ADIÓS
a las vacaciones, bien hallado me he encontrado de nuevo en el trabajo. Lo importante es estar en paz consigo mismo pues solo, dicen, que el descanso es bueno para los muertos, «descanse en paz» dice tanto el abate como los que damos las condolencias.
Aún así, no dudo que las vacaciones potencian aspectos positivos como el de la contemplación con detenimiento de lo que, en otras épocas, pasa desapercibido. Sí, la contemplación no es un lujo al alcance de pocos, es una necesidad, como lo es el ocio, por eso sería bueno juzgar a las personas no por su trabajo sino por saber en qué gastan su tiempo de relax, en qué se desocupan: «Soy rey de mi voluntad, / no me la ocupan negocios,/ y ser muy rico de ocios / es suma felicidad» escribió el poeta y dramaturgo Félix Lope de Vega y Carpio, autor de ‘El perro del hortelano’ entre persecuciones y destierros, acusado de hacer libelos difamatorios… pero un genio.
Ahora hemos oído a los Cánovas de las Cortes acusar a sus compas de poltrona de ser protagonistas de esta comedia palatina, de que ni comen ni dejan comer, ni gobiernan ni dejan gobernar. ¡ País!, que diría Forges.Creo, sinceramente, que el trabajo es el mejor estado anímico de la persona, miedo me da pensar en la jubilación que, otros, ansían cuando deberían saber que si no trabajan es imposible descansar y, que el trabajo hecho a gusto no cansa jamás. El gran Voltaire decía que «el trabajo aleja de nosotros tres grandes males: el aburrimiento, el vicio y la necesidad» aunque, necios los hay, que creen que el estado de ocio es la felicidad. Recuerdo la leyenda del sello de la Real Sociedad Económica Numantina que tanto hizo por embellecer la ciudad de Soria a finales del XVIII, decía «El ocioso para nadie es provechoso», claro, que el descanso pertenece al trabajo como los parpados a los ojos.
Aunque siga la calor, lo cierto es que hemos de decir adiós al verano, adiós a agosto, el mes del estiaje donde la abulia te obliga a organizar la vida de otro modo, un incordio y más con el otro incordio verborréico de los políticos que acechan el descanso llevándonos al extravío del cabreo.
No hay nostalgia en el fin vacacional aunque reconozco que la frugalidad del tiempo nos hace ser efímeros en el proceso de la vida. A medida que cumples años, todo trascurre con imparable rapidez, sí, y la perogrullada de que el tiempo pasa para todos por igual, no es cierta. Cuando eres joven el tiempo es subjetivo, las horas se aprovechan de otra forma, se hacen planes, se piensa en el futuro…, pero cuando peinas canas ves la provisionalidad de la vida, la fugacidad de la existencia: vive cada día, cada momento como si fuera el último aconsejaba San Ignacio de Loyola, militar que fundó la Compañía de Jesús, los jesuitas. Y así debería ser pues el camino de ida tiene el mismo recorrido que el de vuelta.
Lo malo es la ansiedad, la insatisfacción de poseer más y más…y, ¿para qué? si observamos cómo se pasa el tiempo, cuando el presente ya es pasado.
Pero no nos torturemos con filosofías y miremos el color azul de nuestro cielo soriano, nítido, imposible de ser pintado en su cromatismo como reconoció Sorolla cuando estuvo por estas tierras. Y, una recomendación, paseen con calma, no con footing, joging, en marchas programadas, en excursiones con guías…, no, andará Ud. mucho pero no paseará.
Pasear en soledad es caminar con nuestras ensoñaciones, emociones y pensamientos y, sin prisa, observar el entorno más cercano; huelan aromas y sientan como los olores se mezclan con los colores para embriagarnos de cuanto Soria y sus entornos tiene, con calma, al paso, despacio…, cualquier fruslería es un mundo, un hormiguero, una flor, el remanso de las aguas del Duero frente a la cueva saturiana. Ya lo decía Rousseau en su "’Ensoñaciones del paseante solitario’ que, la compañía del yo mismo, es la mejor.