Heraldo-Diario de Soria

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CUALQUIER tipo de pasión, incluida la política, disminuye la capacidad de la razón a la hora de, tanto de crear como de solucionar los problemas. La pasión, pues, no deja ver más allá de las propias narices, como si las napias entorpecieran la visión de la realidad evitando posibles vías de solución para elegir la mejor que, nunca será la perfecta. Mientras la gente del campo soriano espera hacer la labranza, ya tardía, y posterior sementera, otros llevan tiempo sembrando cizaña y odio. Buscan el enfrentamiento irracional, quieren dar satisfacción al rencor y se esconden, como los estudiantes de la Autónoma, tras las máscaras de la vergüenza para que no se les conozca, o sea, son tan cobardes como insanos para la inteligencia que presuponemos existe en las aulas que pisan y que pagamos todos. Decía F. Nietzsche: «Subiendo a las alturas los adelantas; pero cuanto más subas, más pequeño te verán los envidiosos. El que vuela más alto es el más odiado».En España están poniendo huevos las serpientes que engendran el odio social. Insultan con claro afán de ofender – perdonen la obviedad - : «El insulto es la razón del que razón no tiene» escribió el autor de ‘El Buscón’. Es como si estos engreídos manipulados injuriaran como placer al ser pobres diablos que sienten el poder de violentar la normalidad social, pero Vd., no se lo haga a ellos que le llamarán ¡fascista!, aunque no deben olvidar que el burlador acaba siempre burlado.

Así, a veces, es mejor ante tanta injuria, estar callado, pero el silencio solo envalentona al cobarde caso de esos que se ponen el antifaz del odio para violentar conferencias en las que la única arma que se usa es la herramienta de la palabra. Como no ganan su revolución en las urnas pretenden ganar la calle con la deleznable violencia de lo que llaman escraches que ya practicaron a Rosa Díez, José María Aznar, Albert Rivera… dan pena estos personajillos incapaces de condenar los atentados contra la libertad humana, filoetarras son quienes no condenan las palizas de Alsasua. Y es que como reconoce el director de cine Iñaki Arteta en su película ‘Contra la impunidad’ :«… El odio sigue intacto, es todo muy raro. Tengo «la impresión de que la sociedad vasca ha acabado por premiar a los que defendían a los que mataban y ha castigado, de nuevo, a los que se jugaban de verdad la vida». Las víctimas deben perdonar y los verdugos recibir los homenajes y las loas.

Esto no es libertad de expresión, o, ¿hay que ofender, insultar, dar palizas… a quienes no piensan igual?, los fascistas lo hacían, los nazis también, Stalin los mataba, Maduro los encierra, Castro los persigue… El artº 20 de la Constitución habla de los límites jurídicos de la libertad de expresión cuando prohíbe la incitación a la violencia, el ataque a la intimidad, al honor… pero no habla de los límites éticos y menos aún de la cortesía, de la educación social. Ese es el mantra de esos ‘demócratas’ , el autoritarismo deleznable, tribal, que no podemos ni permitir ni tolerar.

Basta ya de su logorrea, lo que los psiquiatras definen como trastorno de impulsividad expresiva, de la falta de control que no es el caso pues se hace con premeditación el uso de tal violencia., pretendiendo que se generalice hasta alcanzar lo que podría ser una patología social.. Y sabemos quien quiere esto porque lo pregona para que llegue a ser pandemia en España.

Tratan de herir al contrario con el ingenio de frases merecedoras de estar en los urinarios públicos, pretendiendo meter miedo, el caos, el odio… ¿Solución?, no votar a éstos mesías redentores de la nada. Su desesperación no es la mía aunque abastarden la convivencia. Otras revoluciones de tal calaña ya sabemos cómo acabaron.

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