Heraldo-Diario de Soria

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Y CUANDO uno pensaba que ya lo había visto y oído todo en esto de la política y los políticos, de repente aparece uno, en este caso dos, que cobran del dispendio público del mausoleo ese de las Cortes de Castilla y León, y te hacen levantar el asiento. No es que no propongan nada bueno para mejorar la vida de los castellanos y de los leoneses, no. Es que cuando se deciden a hacer que hacen, lo que presentan no es que sean ocurrencias, son estupideces. Que es justo lo que este martes hacían esos dos procuradores ahora repudiados por VOX.

A estos dos sujetos, el salmantino Javier Teira y la burgalesa Ana Rosa Hernando, no se les ocurre mayor estupidez que pedir que en ese mausoleo de las Cortes se habilite un espacio para el culto católico. Vamos, lo que viene siendo una capilla. Y, para ahondar en su estupidez, estos dos sujetos se plantan delante de los periodistas a explicar semejante despropósito de una petición, que van a trasladar a la Mesa de las Cortes, que preside su hasta no hace tanto compañero de partido.

Pues ya puestos a pedir estupideces, les doy unas cuantas ideas. Por pedir, pueden pedir que les habiliten una pista de pádel, una sauna y un jacuzzi, para desestresarse por lo mucho que trabajan.

¿A que dicho así suena a estupidez? Pues la misma que querer que se monte una capilla para que sus señorías vayan a rezar. Es lo que tienen estos de la derecha extrema, que como no tienen ni idea de gestionar, y que cuando lo hacen salen trasquilados -léase el varapalo de la sentencia del TSJCyL por las ayudas a CCOO-, sueltan lo primero que se les viene a la cabeza, para mayor gloria y gracia de su querencias de derecha extrema.

Pero, además, ¿ellos que son católicos, apostólicos y romanos no son de los que dicen que dios está en todas partes? Pues para qué quieren una capilla. Les basta con cerrar los ojos, juntar las manos y ponerse a rezar desde su escaño. Así, al menos, estarían haciendo algo. Pónganse a trabajar, si es que saben y quieren, y déjense de estupideces. Y si quieren una capilla para rendir honores a su dios, se la montan en su casita, o en la del vecino si les deja, y se la pagan de su bolsillo.

Después se extrañan de que a nadie de los ciudadanos de Castilla y León les interese lo más mínimo lo que se dice y se hace en ese mausoleo, que se asienta en la avenida Salamanca de Valladolid. Claro que mejor para sus señorías, porque si de verdad se interesaran un poquito descubrirían lo que realmente son las Cortes de Castilla y León, la casa de tócame Roque.

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