Heraldo-Diario de Soria

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Se las prometían muy felices en la casa genovesa de Feijóo y entonces apareció el fantasma de las navidades pasadas para decirles Sé lo que hicisteis el último verano (del gobierno de Rajoy). Se frotaban las manos con el caso de ese señor gordo del PSOE que se sentaba en la segunda fila del hemiciclo. Y de repente asomó por la puerta del juzgado ese señor calvo con voz de pito y la faltriquera llena. Ni se sabe ya los ministros de Aznar que han acabado en el calabozo o a orillas de los barrotes. Un Montoro no borra un Cerdán, y menos un Koldo y un Ábalos, que han sembrado de miguitas sonoras el trayecto de sus fechorías. Y en estas, Castilla y León se prepara para dar el salto en septiembre a la precampaña que anunciará las más que anunciadas elecciones de marzo de 2026, concluyendo la legislatura. Aunque esos días ha surgido, otra vez, qué pesadez, el soniquete de un adelanto electoral para octubre. Hasta el extremo de especular con la posibilidad de que Mañueco regrese de vacaciones y plante un adelanto el 18 de agosto, como el que planta unos geranios. Y todos a las urnas de octubre, con el otoño recién estrenado. El del adelanto es el comodín del público que Mañueco ya usó una vez. Y casi le cuesta un disgusto por dejarse guiar, en vez de por su instinto político, que es intenso, por los consejos demoscópicos de adivinos que echan las cartas desde un despacho. Si salen bastos, adelanto. Si salen oros, adelanto. Si salen copas, adelanto. Si salen espadas, adelanto. Y luego ya te las compongas con el electorado, que ellos sólo están para adivinar, pero no les pidas que acierten. Montoro era un tipo engreído, que siempre andaba embroncado con los suyos, pero que sabía sacarle jugo al negocio de la política, porque él no vino a esto a perder dinero. Él vino a amañar normas y leyes, en lo peor de la crisis, para enriquecer a los más ricos, que nunca tienen suficiente.

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