Heraldo-Diario de Soria

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La transparencia es ese asunto mitológico que tanto les da por predicar a los partidos pero que con tan escasa asiduidad practican. Sólo se comprometen a ella cuando les brota un Cerdán, un Koldo o un Ábalos. Sánchez prometió un nuevo despliegue de transparencia en el PSOE cuando asomó el morro el informe de la UCO y salió el presidente taciturno y abatido en sede vacante de secretario de Organización. Cómo va a cumplir las nuevas esperanzas si, por ejemplo, en el PSOE de Castilla y León, el que heredó Carlos Martínez de Tudanca, no han cumplido las pretéritas. Las que ellos mismos se imponen. Resulta que en su propio apartado de transparencia han desaparecido las cuentas de cuatro años de la era del tudanquismo, muy remiso a tales asuntos desde que este periódico desvelara que cobraba 15.000 al año en dietas bajo cuerda del partido, los cien mil de Cortes aparte. Y que aquello estaba muy bien camuflado. Hasta el punto, que desentonaba la contabilidad que proporcionaban a los secretarios provinciales con la que se publicaba en la web, donde se camuflaba el apartado de los billetes para Tudanca. Ni que decir tiene que después de aquella pillada, que diría Sánchez, no volvieron a dar más cuentas a los barones provinciales para que nadie metiera el cuezo en la caja. Este es un asunto que ruge desde los tiempos del finiquitado Villarrubia y el ascendido Óscar López. Los sobresueldos encubiertos. Existir existen, pero nadie quiere hablar de ellos. Porque la pregunta es obvia, ¿en concepto de qué cobraba dietas Tudanca, y otros, si lo llevaban y lo traían, además de que el partido corría con todos los gastos de hoteles y manutención? Está visto que las promesas de regeneración de Sánchez son de aplicación ajena. Este es el cuarto misterio de Fátima, junto con el de un préstamo dudoso a un antiguo gerente del partido. El quinto es el de los BMWs de las Cortes de Castilla y Pollán, que no para de llevarse el gato al agua.

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